El independentismo frente a Pedro Sánchez

El independentismo duda en la actitud a adoptar ante la investidura del candidato socialista

Foto: El presidente del grupo parlamentario de ERC, Oriol Junqueras (c), y el portavoz de Democràcia i Llibertat, Francesc Homs. (EFE)
El presidente del grupo parlamentario de ERC, Oriol Junqueras (c), y el portavoz de Democràcia i Llibertat, Francesc Homs. (EFE)

Bueno, Pedro Sánchez está algo más vivo de lo que pregonaba gran parte de la prensa española, ha sido encargado por el Rey (tras la negativa de Mariano Rajoy) de intentar formar Gobierno, ha nombrado un solvente equipo negociador y ha empezado su ronda de contactos. Incluso Mariano Rajoy se ha visto forzado a entrar en el juego.

Pero Sánchez sabe -lo ha dicho- que con solo 90 diputados será muy difícil. Como si tuviera los 123 que hoy exhibe el PP. Son los peajes de haber pasado de un régimen de facto bipartidista y presidencialista (el candidato que llegaba primero era presidente) a otro parlamentario con nada menos que cuatro partidos significativos a nivel estatal y tres partidos nacionalistas más (PNV, ERC y CDC) con fuerte implantación en sus comunidades.

De un bipartidismo imperfecto en el que el nacionalismo catalán era a menudo una muleta constructiva hemos saltado a un parlamentarismo de siete partidos. El panorama se ha complicado mucho y no hay soluciones fáciles. Los dos partidos nacionalistas catalanes (ERC y CDC, en orden de importancia inverso al tradicional) ya no cuentan de la misma manera que en el largo periodo 1977-2011. En parte se han autoexcluido. Al exigir la independencia expres, no pueden apostar por la estabilidad y la gobernabilidad de España como en 1996, cuando los diputados de CiU (más el PNV y los canarios) apoyaron la investidura de Aznar, que solo había obtenido 156 escaños. O cuando en 2004 la independentista ERC colaboró con sus ocho escaños a la investidura de Zapatero. Pero ERC y CDC también son ahora marginadas de cualquier negociación por los partidos españoles, que tienen lógicas prevenciones a cualquier apoyo por parte de quienes han convertido la independencia en el programa mínimo y la exigen en 18 meses, en base a la excéntrica teoría de que el 48,7% de los votos es “un claro mandato democrático”.

España ha pasado de un bipartidismo imperfecto en el que quien ganaba formaba Gobierno, a un complicado sistema con 4 partidos estatales y 3 nacionalistas

Pero las cosas son como son. Y guste o no, ni el más fiero anticatalanista puede sacar del hemiciclo a los nueve diputados de ERC y a los ocho de CDC. Pedro Sánchez es candidato y no lo tiene fácil. Y hoy por hoy, la única alternativa a Sánchez -salvo que se mueva el tablero por una improbable pero no descartable retirada de Rajoy- son unas nuevas elecciones generales. Preguntar pues qué harán en las votaciones de investidura de Sánchez los dos partidos nacionalistas catalanes tiene mucho sentido. En la primera, en la que se precisa la mayoría absoluta, parece absolutamente imposible que Sánchez pueda ser elegido. Entre otras cosas porque ni ERC ni CDC se plantean votar a favor. Pero en la segunda, en la que basta que los votos afirmativos superen a los negativos, las cosas están menos claras. Y podría ser que en esta segunda votación el resultado variara en función de si ERC y CDC se abstienen, lo que quizá facilitaría la investidura, o si votan en contra junto al PP, en cuyo caso el aspirante lo tendría más complicado (que el PP se abstenga en la investidura del candidato socialista, me parece un imposible).

¿Qué harán pues? Lo primero a considerar es que son dos partidos nacionalistas que aunque concurrieron juntos a las elecciones catalanas del 27-S, lo hicieron por separado a las españolas del 20-D. Aunque sería lo lógico, no está pues garantizado que su voto sea coincidente. Más cuando la sintonía de Francesc Homs, líder del grupo parlamentario de CDC, con ERC es especialmente difícil.

¿Qué piensa realmente el independentismo que le conviene hacer en la investidura de Sánchez? Marsal Sintas, un periodista y profesor independentista, realista y próximo a CDC, lo ha resumido en 'El Periodico de Cataluña'. Dudan, no lo tienen nada claro. Seriamente tocados por la retirada de Artur Mas y por la dependencia permanente de la CUP, debaten en privado sobre la posición más rentable.

Los más radicales preconizan votar 'no' a la investidura, pero hay quien preferiría que Sánchez fuera investido

La mayoría de radicales defiende el 'no' a Sánchez. Los motivos son variados. Por una parte, argumentan que lo que les pide el cuerpo (lo sano) es votar 'no' a cualquier partido español que no reconozca el derecho a la autodeterminación. Del PP -dicen- no se puede esperar nada y del PSOE, que se acobardó cuando la sentencia del Estatut, tampoco. Por otra parte, consideran que para ellos la cuenta de resultados de Rajoy ha sido positiva. De un 15-19% de catalanes que querían un Estado propio se pasó al 25% tras la sentencia del Estatut y a un 47,8% tras los cuatro años de la legislatura popular. ¿Por qué favorecer un Gobierno socialista alternativo que con gestos y palabras diferentes pero con la misma negativa de fondo a la independencia podría hacer dudar a la parte más moderada de su electorado? Además, concluyen, prorrogar la interinidad y la crisis del Estado español perjudicaría su imagen en Bruselas. Y piensan que la repetición de las elecciones -y más si dieran un resultado similar- contribuiría a la pérdida de confianza en España.

Pero los moderados y los realistas (algunos son independentistas advenedizos o accidentales) tienen objeciones. La primera, que la Generalitat debe pagar nóminas y proveedores y el único banco disponible -lo repetía Mas-Colell- es el Estado español. Más vale tener en Madrid un Gobierno dispuesto a dialogar que otro que ha demostrado que solo sabe recurrir a la ley y que incluso ha llevado a Artur Mas ante los tribunales. El segundo es que la interinidad española y la duración de la crisis política podría hacer renacer en toda España -e incluso en Cataluña- un deseo de ley y orden -en especial si el panorama económico internacional se ennegrece- que acabaría siendo negativo para el soberanismo.

El tercero es que consideran absurdo descartar un principio de acuerdo -con un Gobierno progresista- con el que se pudiera pactar más autogobierno en una España más federal. Este objetivo ya no les satisface, pero cuando hacen las cuentas resulta que, tras casi 10 años de desencuentro con los gobiernos españoles, solo han logrado el apoyo del 47,8%. Quizá -piensan- haya que hacer una 'pausa', como la que Mitterrand hizo en 1983 en la marcha al socialismo (y que por cierto llevó a que Francia asumiera las reglas del entonces sistema monetario europeo). Por último, señalan que en la hipótesis de unas nuevas elecciones, una parte de su electorado no perdonaría que se hubiera votado junto al PP.

Pero también hay radicales que con un argumento más sibilino apuestan con fuerza por apoyar a Pedro Sánchez. Aducen que un Gobierno progresista (incluso con Podemos, y todavía menos si depende de Ciudadanos) tampoco podría avanzar seriamente por dar más autogobierno en Cataluña. La tercera vía habría fracasado en la realidad y entonces se podría incrementar la base independentista con electores que ahora todavía tienen confianza en la influencia de Miquel Iceta y el PSC sobre el PSOE o en el tándem Ada Colau-Pablo Iglesias.

El problema principal del independentismo sigue siendo la dependencia de la CUP, que no se plantea no votar el presupuesto que prepara Oriol Junqueras

El independentismo tendrá que decidir si prefiere que gobiernen en España halcones o palomas (aunque piense que en realidad todos son halcones). No será fácil y tampoco ayudará que se enfrenta a serios problemas para ser un gobierno operativo. Artur Mas ya se ha inmolado y pese a ello la cohesión de la mayoría independentista es cada día más complicada. No solo por la lucha por el liderazgo entre CDC y ERC sino porque la CUP juega a imponer sus condiciones, o hace saltar por los aires el pacto con Junts Pel Sí.

Hoy, el nuevo presidente, Carles Puigdemont, recibe a la CUP en su ronda de contactos con los partidos. Habrá que estar atentos, pero destacados dirigentes de CDC y ERC piensan que la CUP ha decidido no aprobar los presupuestos que prepara Oriol Junqueras, el líder de ERC, en sus nuevas funciones de 'conseller' de Economía y sustituto de Mas-Colell. Y sin presupuesto aprobado y con el Gobierno de Madrid pisándole legalmente todas las iniciativas, el independentismo que tiene mucha inercia a favor (en parte por la falta de inteligencia del Gobierno español), tiene difícil salvar el bache o la pérdida de empuje que se percibe desde los resultados del 27-S, que un dirigente de CDC juzgaba hace poco de “endemoniados”. Para él, la retirada de Mas ha sido solo la primera estación de un calvario que quizá no pueda dudar ni 18 meses. Suerte -añadía- que los de Madrid no saben usar la zanahoria y se quedan solo con el palo. ¿Argumento para las palomas?

Confidencias Catalanas
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