¿Aire fresco para el PSC?

El ascenso de Meritxell Batet y la complicidad Sánchez-Iceta son un factor nuevo en la política catalana y en la relación con Madrid

Foto: Sánchez presenta en Barcelona al equipo de su Gobierno del cambio. (EFE)
Sánchez presenta en Barcelona al equipo de su "Gobierno del cambio". (EFE)

El pasado sábado Pedro Sánchez estuvo en Barcelona presentando con Meritxell Batet a su futuro equipo de gobierno (sin optimismo, la política se queda sin aire) y en los últimos días han tenido lugar una serie de hechos que pueden estar insuflando nuevo empuje al PSC, un partido del que no hace demasiados meses muchos aseguraban que estaba en decadencia terminal. Quizá sea así, pero ahora Pedro Sánchez y Miquel Iceta intentar evitarlo.

Lo más destacado ha sido la entronización de Meritxell Batet para abrir la lista de Barcelona. Un poco por carambola (la decisión del exsenador Carles Martí, que decidió concurrir a unas primarias), aconsejó a Carme Chacón una prudente retirada. Chacón dio al PSC su mejor momento de gloria en unas legislativas (25 diputados en 2008), pero luego el fracaso del zapaterismo, la sentencia del Constitucional sobre el Estatut y su ambición de ser la nueva líder del PSOE, que la llevó a distanciarse públicamente de la dirección del PSC, contribuyeron (no fueron ni mucho menos la única causa) a que la representación de los socialistas catalanes en Madrid bajara a ocho diputados el pasado 20-D. Y la configuración de aquella lista no incrementó su prestigio. En la Cataluña en que los independentistas sacaron el 47,8% de los votos en las 'plebiscitarias' de septiembre, en que la ANC (la independentista Asamblea Nacional Catalana) convoca manifestaciones de un millón de personas y en que la alianza Ada Colau-Pablo Iglesias ganó las elecciones del 20-D, Carme Chacón era “más de lo mismo” de un PSOE que en 2010 defraudó en toda España, pero mas en Cataluña. Por la crisis y también por la sentencia del Constitucional.

El PSOE pasó página (o lo está intentando) con la dimisión de Rubalcaba y la elección en primarias de Pedro Sánchez, pero en Cataluña la lista al Congreso de Diputados había continuado (incluso contra el criterio de Miquel Iceta, elegido primer secretario en julio de 2014) anclada en el continuismo.

No es que Batet sea el reverso de Chacón. Es solo dos años mas joven que su antecesora, ambas son profesoras de Derecho Constitucional y ambas han sido diputadas del PSC desde hace años (Chacón desde 2000, Batet desde 2004). La diferencia es que Chacón fue uno de los principales astros del zapaterismo, mientras que Batet se ha distinguido por ser una diputada (“una hormiguita”, dice un antiguo compañero de escaño) dedicada más al trabajo parlamentario que al protagonismo político. Y en las primarias de 2014 apoyó a Eduardo Madina, lo que no le impidió trabar luego una relación de confianza con Pedro Sánchez, que decidió llevarla de dos en las listas de Madrid el pasado 20-D. Hay en Batet una notable ductilidad, no exenta de firmeza, que sí difiere de los choques de Chacón con Rubalcaba, por creerse con derecho a la sucesión de Zapatero, y luego con Pere Navarro, entonces primer secretario del PSC, por priorizar sus aspiraciones en el PSOE a la disciplina del PSC.

El nombramiento del filósofo independiente Manuel Cruz como 'dos' del PSC por Barcelona es un signo de apertura a la sociedad civil no independentista

Sea como sea Meritxell Batet -Pedro Sánchez la vende como “la fuerza serena”-, representa a la vez la continuidad y el aire fresco en un PSC que busca sobrevivir desde la terrible etapa iniciada en 2010, cuando la pérdida de rumbo del PSOE y la pujanza del independentismo provocaron el éxodo de muchos dirigentes de la sensibilidad más catalanista, con la notable excepción del alcalde de Lleida, Ángel Ros, ahora presidente del partido.

Y este aire tonificante de Batet se refuerza con las repetidas informaciones –-confirmadas ni desmentidas- de que Batet podría ser la María Teresa Fernandez de la Vega (o la Soraya Sáenz de Santamaria) de un futuro Gobierno socialista. Es vender la piel del oso antes de cazarlo, pero la posibilidad reanima a una militancia socialista cansada de oír al independentismo proclamar que Cataluña no podía tener ningún papel en España y que el PSOE es tan anticatalanista como el PP. El posible tándem Sánchez-Batet esperanza a una militancia que ha soportado las descalificaciones coincidentes -aunque por motivos totalmente opuestos- del PP, del independentismo y de la izquierda surgida con la protesta que se ha aliado (Ada Colau) o que milita directamente en Podemos.

La operación Batet es fruto de alguna casualidad, pero también de la complicidad entre Pedro Sánchez y Miquel Iceta. Sánchez, al contrario que otros dirigentes socialistas españoles, ha asumido que sin unos buenos resultados del PSC, el PSOE nunca gobernaría en España. Y como consecuencia, que el PSOE no tenía nada que ganar -sino mucho que perder- dejándose arrastrar por la torpeza e incomprensión hacia Cataluña de los dirigentes del PP desde la mayoría absoluta de Aznar en 2000, cuya primera víctima (el asesino fue Acebes pero el consentidor, Rajoy) fue Josep Piqué, el elegido por Aznar para romper las barreras tradicionales del PP catalán e intentar atraer a las capas mas moderadas de las clases medias catalanas. Y por su parte, Miquel Iceta (uno de los 'desobedientes' a Zapatero que en 2006 apoyó a José Montilla para continuar el pacto con ERC e ICV en la Generalitat y no hacer coalición con CiU) sabe que el PSC es mucho mas influyente en Catalunya si al PSOE le va bien en España. Y que las inevitables diferencias con el PSOE (son dos partidos diferentes) más vale arreglarlas en casa que ventilarlas en la plaza pública.

Además, Batet ya ha dado muestras de querer superar el ámbito estricto del aparato del partido. Como Pedro Sánchez cuando forzó la sustitución de Tomás Gómez por Ángel Gabilondo antes de las autonómicas de 2015. Un partido sin aparato sirve de poco, pero un partido reducido solo al aparato huele a naftalina. Así, en un gesto de apertura a la sociedad civil no independentista, ha elegido como dos de la lista a Manuel Cruz, un brillante profesor de Filosofía de la UB con 28 libros publicados que hasta ahora era presidente de Federalistas d´Esquerras, un grupo plural que reunía a gentes provenientes del PSC, ICV, IU y a muchos intelectuales sin militancia definida que se oponen al independentismo y defienden la solución federal.

Cruz cree que la política española no funcionará bien si no se logra un pacto de tres partidos, aunque uno se abstenga. Cree también que ese pacto será inevitable

Cruz, que dice, como su amigo Gabilondo, que es “independiente pero no indiferente”, no está encajonado en ninguna ortodoxia y sus opiniones son mucho más libres que las de los 'aparatistas'. Preguntado sobre si apoya un referéndum, contesta: “El conflicto territorial [de Cataluña] se tendrá que resolver en algún momento votando. La cuestión es qué se vota, cómo y cuándo. Lo que no veo es que el referéndum tenga que ser el punto de partida”. Y sobre el momento político, es claro: “El resultado de las elecciones pasadas y el que parece que va a producirse hacen irremediable que tres fuerzas políticas lleguen a un acuerdo aunque una se abstenga… no estoy en condiciones de decir el orden de negociación que debió seguir Pedro Sánchez, pero sí creo que los acuerdos deben ser transversales para dar pasos a reformas y evitar otra legislatura efímera”. Y sobre el PP, va mucho mas lejos del universo de descalificaciones absolutas y permanentes en que se ha convertido la política española. Preguntado por posibles acuerdos, responde: “Si la pregunta es con este PP, tiendo a responder que no. Pero no descarto que el PP llegue al convencimiento de que no tiene mas remedio que emprender reformas constitucionales”.

Cruz cree que la política catalana está cambiando porque el independentismo ya tocó su techo, y que la pérdida de la mayoría absoluta del PP abre nuevas posibilidades: “El PSC tengo la sensación de que ya ha pasado lo peor. Algunas de las fuerzas políticas que en el pasado celebraban su crisis ahora se encuentran en una crisis idéntica o peor… el PSC ha puesto un poco de orden entre los suyos y ha reagrupado fuerzas”.

Claro que el aire fresco de Batet, el pacto Sánchez-Iceta y la posible recuperación del PSC y su reforma constitucional como alternativa al independentismo se tendrán que ver en las urnas el próximo 26-J. El pasado 20-D salvó los muebles, ya que fue la tercera fuerza catalana, detrás de En Comú Podem, bastante cerca de ERC y algo por delante de CDC. Y en la última encuesta conocida sobre unas eventuales elecciones catalanas -la de 'El Periódico' del viernes 6 de mayo-, CDC, el partido que ha dirigido el proceso independentista, sacaba 21 diputados cuando antes del proceso (en 2010) sacó 62, y el PSC se quedaba en 19 cuando aquel año sacó 28.

El pragmatismo de Iceta ha permitido que el PSC esté en el Gobierno de las cuatro capitales catalanas con pactos muy diferentes: CDC, PP, C's y En Comú Podem

El auge del independentismo no ha beneficiado pues al partido de Mas, que lo propició, ni al PSC, que fue el que mas lo sufrió, en parte merecidamente, porque ni Zapatero ni Chacón en Madrid ni José Montilla en Barcelona gestionaron bien el trámite del Estatut en el Constitucional.

Por otra parte, el PSC también puede beneficiarse (si el pacto se acaba llevando a buen puerto) del acuerdo de Jaume Collboni (el portavoz del PSC en el Ayuntamiento de Barcelona) con Ada Colau para un Gobierno municipal de coalición, ya que el PSC recuperaría así una posición central en la vida municipal catalana. Estaría en el Gobierno de las cuatro capitales: en Girona (como segunda fuerza) con alcaldesa de CDC; en Tarragona, con el alcalde Ballesteros y en pacto con el PP; en Lleida, con el pacto de Ángel Ros (presidente del PSC) con Ciudadanos, y en Barcelona, con En Comú Podem.

Iceta dice que estos pactos indican que el PSC pone la gobernabilidad y la gestión de las ciudades por encima de las diferencias ideológicas y que “no pactas con quien quieres sino con quien puedes y se deja… no puede haber líneas rojas a la hora de pactar (en los ayuntamientos) porque sería como poner puertas al campo…la ejecutiva del PSC nunca ha tenido que vetar ningún pacto municipal, pero tampoco los ha aprobado expresamente, lo que no quiere decir que no estuviera informada”.

Quizá sí que sería bueno que una dosis del pragmatismo y pactismo de Miquel Iceta -que en privado se define como “nacido para pactar”- se extendiera más. Lo dice Manuel Cruz, sin pacto a tres la política española no funcionará bien. 

Confidencias Catalanas
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