Cataluña sigue siendo asignatura pendiente

El domingo las opciones independentistas no superarán el 30% de los votos catalanes, pero un 79% de los diputados electos el 20-D exigen como mínimo más autogobierno

Foto: Pablo Iglesias (2d), junto a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau (i); el cabeza de lista por Barcelona Xavier Domenech (2i), y Gerardo Pisarello (d), teniente alcalde. (EFE)
Pablo Iglesias (2d), junto a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau (i); el cabeza de lista por Barcelona Xavier Domenech (2i), y Gerardo Pisarello (d), teniente alcalde. (EFE)

El Gobierno independentista de Carles Puigdemont, incapaz de aprobar el presupuesto de este año por el veto de la CUP, ha decidido someterse a una moción de confianza…el próximo septiembre. En la práctica un cierre por vacaciones porque un gobierno sin presupuestos y sin mayoría tiene muy poca autoridad moral. Sobre todo tras haber trazado una hoja de ruta en la que proclamaba con suficiencia que Cataluña sería una república próspera e independiente en junio de 2017.

Mientras tanto el secretariado nacional de la CUP, la formación independentista, asamblearia y anticapitalista que ha impedido la discusión presupuestaria, ha decidido dimitir y proceder durante el mes de julio a una renovación por consenso de sus muy poco avenidas tendencias internas.

La política catalana está pues, en la práctica, –grandilocuentes declaraciones aparte- congelada hasta septiembre. Pendiente de las legislativas del próximo domingo en Cataluña, del resultado en España y del gobierno que –no sin dificultades- se debería formar antes de septiembre.

De momento, el interés está en los resultados catalanes del domingo, que pueden ser otra bofetadacomo ya pasó el 20-D- para el independentismo. En efecto, entonces el separatismo, que en las elecciones “plebiscitarias” del 27-S, había llegado al 47,8%, descendió hasta el 31%. Una caída de más de 16 puntos que no puede ser atribuida sólo a que la CUP (8% en las elecciones catalanas de setiembre) no concurre a las elecciones legislativas españolas. ERC y CDC, que se presentaron por separado porque ERC cree que la alianza con el partido de Artur Mas derechiza su imagen, obtuvieron sólo 17 diputados (9 y 8 respectivamente) sobre un total de 47 escaños. Unos resultados que hacen casi cómico proclamar –como hace el independentismo- que la mayoría de los catalanes desea marcharse de España.

Por otra parte, la fuerza política ganadora fue la coalición En Comú Podem (ECP), formada por Podemos, el partido de Ada Colau y la veterana ICV. ERC tuvo pues la satisfacción de superar a CDC (que como muestra de la crisis que vive se presentaba con el nombre de Democràcia i Llibertat), pero quedó con tres diputados menos que ECP. Balance pues más agrio que dulce.

La coalición En Comú Podem de Iglesias y Ada Colau volverá a ganar a los independentistas pero exige nada menos que un referéndum de autodeterminación

Y peor le fue a CDC, que quedó con ocho diputados (la mitad que en las elecciones anteriores) y por detrás del PSC, tan criticado por el 'agit-prop' independentista y acusado de haber “traicionado” al catalanismo.

Lo más preocupante para el independentismo es que todas las encuestas le vaticinan para el próximo domingo un resultado todavía peor que el del 20-D con un porcentaje de votos (conjunto entre ERC y CDC) que podría bajar hasta el 26%. Además ECP está orientada al alza mientras que ERC podría mantenerse o perder un escaño y CDC podría perder hasta dos.

Tras la desaparición, al menos provisional, de la mayoría independentista en el parlamento catalán, y estos pobres resultados en las legislativas españolas (por debajo del 30% de los votos), el separatismo lo va a tener muy crudo para seguir proclamando que representa la nueva centralidad catalana. Y es posible que sólo un papel decisivo en la formación del próximo gobierno español le pueda devolver algo de empaque.

Pero esa participación no se presenta fácil porque el independentismo se ha encerrado con un solo juguete en una opción que no alcanza la mayoría en Cataluña y que es totalmente impopular en España.

En este sentido es ilustrativo que en el debate entre los cabezas de lista catalanes en TV3 el pasado domingo, que tuvo la mitad de audiencia que en las elecciones anteriores, el candidato de ERC, Gabriel Rufián, y el de CDC, Francesc Homs, dedicaran gran parte de su tiempo a atacar a Xavier Domenech, el primero de la lista Iglesias-Colau, recriminándole que su propuesta de referéndum es una falacia –y que Pablo Iglesias no lo consideraba una línea roja- porque los partidos españoles (PP y PSOE) nunca lo aceptarán. A ERC y a CDC les preocupa más que Podemos sea la primera fuerza en Cataluña que la necesidad de tejer alianzas en Madrid.

España no puede tener un gobierno estable si no atiende las demandas unánimes de una comunidad que representa el 16% de la población y el 19% del PIB. ¿Qué presidente tendrá el valor de afrontarlo?

Es cierto que el referéndum de autodeterminación que propone Podemos, en el que contrariamente a la opinión de Iglesias, ECP no ha dicho si votaría a favor o en contra de la independencia, es muy difícil que se pueda celebrar. Su legitimidad constitucional es dudosa y un simple recurso del PP ante el Constitucional (en el supuesto de que el PP perdiera el poder, que ya es bastante suponer) lo podría paralizar. Pero en ERC prima el corto plazo: la lucha con ECP por ser la primera fuerza catalana el próximo domingo.

En CDC las cosas son más complejas. El partido está en crisis desde el impensado e inesperado “paso al lado” de Artur Mas, va a tener malos resultados (una encuesta incluso ha dicho que podría ser superado por C´s) y su candidato Francesc Homs ha propuesto la apertura de una comisión sobre Cataluña en el Congreso de los Diputados. Puede ser una iniciativa puramente instrumental para intentar mantener voto moderado el domingo, pero también puede indicar que CDC se está replanteando algo el maximalismo que asumió tras las elecciones de 2012, cuando para mantener el gobierno tuvo que pactar con ERC. En efecto, de una comisión del Congreso de los Diputados no puede salir –en el mejor de los casos- nada que no sea un aumento de la autonomía y una reforma de la Constitución que debería –eso si- ser sometida a referéndum tanto en Cataluña como en España.

El independentismo no lo tiene bien porque el maximalismo es una receta que no lleva a ninguna parte. Lo comprobaremos el domingo. Pero el inmovilismo de Rajoy tampoco puede continuar. Las fuerzas políticas que claman por más autogobierno para Cataluña (las independentistas ERC y CDC pero también ECP y el PSC) sumaron 37 diputados sobre 47 el pasado 20-D. Y su resultado global no va a ser muy diferente el próximo domingo. ¿Puede España tener un gobierno estable cuando el 79% de la representación parlamentaria de una comunidad histórica con lengua propia, que representa el 16% de la población española y el 19% del Pib, reclama con insistencia creciente como mínimo un mayor autogobierno, y cuando la primera fuerza –la coalición Iglesias-Colau- exige nada menos que un referéndum de autodeterminación?

El próximo presidente de Gobierno –que seguramente no será Rajoy aunque el domingo sea la fuerza más votada- tiene aquí una asignatura pendiente y endiablada. Rajoy se equivocó al no negociar y no intentar poner el contador a cero tras su mayoría absoluta de 2011. Lo va a pagar caro personalmente y, todavía peor, toda España lo ha sufrido y lo va a seguir sufriendo. La solución no es fácil pero lo que es seguro es que pasa a la vez por el respeto de la ley pero también por el rechazo del inmovilismo. ¿Qué presidente del Gobierno podría, sin saltarse la ley, escuchar la demanda de más autogobierno del 79% de los diputados catalanes y encontrar una vía de salida al que ya es el primer problema de España porque afecta a su continuidad histórica?

Confidencias Catalanas
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
13 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios