Soraya sobre el barril de pólvora

Encuestas de 'El Periódico' y 'La Vanguardia' indican que la única salida está en la renuncia al dogmatismo independentista en Cataluña y al unitarismo intransigente en Madrid

Foto: Reunión entre Oriol Junqueras y Soraya Sáenz de Santamaria. (EFE)
Reunión entre Oriol Junqueras y Soraya Sáenz de Santamaria. (EFE)

La vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, viajó ayer a Barcelona para entrevistarse con el vicepresidente catalán y líder de ERC, Oriol Junqueras —al que todos los sondeos dan como ganador en unas hipotéticas elecciones catalanas adelantadas—, para intentar evitar un choque de trenes en el presente año. La explosión del polvorín en el que se ha ido convirtiendo Cataluña desde la sentencia del Constitucional de 2010 se produciría ineluctablemente si el Gobierno catalán de Carles Puigdemont llevara a cabo su designio de convocar unilateralmente (o sea, ilegalmente) un referéndum de autodeterminación que sería prohibido e impedido por el Estado con consecuencias imprevisibles, pero poco recomendables para la estabilidad política.

Tal como están las cosas, la explosión del polvorín parece inevitable salvo que la CUP no vote los Presupuestos de 2017 y se tenga que ir a elecciones adelantadas, con un resultado muy incierto para el independentismo. O si la operación Diálogo, lanzada por Rajoy con el encargo a la vicepresidenta de salvar el problema, y el nombramiento de Enric Millo, un político dialogante del PPC que estuvo antes en CiU, consiguen algún resultado tangible.

La vicepresidenta hizo bien en coger el toro por los cuernos y entrevistarse ayer ya con Junqueras, aunque de momento sirva para poco, porque hasta el momento la operación Diálogo no ha pasado de ser un simple enunciado. El Gobierno catalán la considera una operación de maquillaje sin ninguna voluntad real de negociación —y aduce los procedimientos judiciales contra Artur Mas y Carme Forcadell—, pero más grave para el Gobierno de Madrid es que la opinión pública catalana tampoco se la cree.

Los catalanes creen que se debe negociar, pero no se fían de la voluntad de diálogo de Madrid

'El Periódico' publicó una amplia encuesta a mediados de diciembre y 'La Vanguardia' lo ha hecho el pasado fin de semana, y las encuestas de los dos grandes diarios catalanes coinciden en muchas cosas. La primera es que la operación Diálogo no tiene credibilidad en la opinión pública catalana. Según 'El Periódico', el 73,2% de los catalanes cree que la Generalitat debería aceptar una oferta de diálogo de Rajoy, pero el 65% (contra el 32%) no cree posible un acuerdo entre el actual Gobierno de Madrid y el de Barcelona.

Parecidas conclusiones se extraen del sondeo de 'La Vanguardia' de este domingo. El 72% (contra el 18%) no cree que el Gobierno Rajoy tenga un plan de medidas reales para negociar, y el 53% está de acuerdo con la Generalitat en que los procedimientos judiciales contra cargos electos catalanes dificultan el diálogo.

La operación Diálogo ha empezado, pues, mal y no cabe esperar un cambio brusco tras el encuentro Soraya-Junqueras. Y sobre el fondo del asunto, la opinión catalana, aunque está más cerca de las tesis de la Generalitat que del Gobierno de Madrid, está muy lejos de sustentar la hoja de ruta del independentismo. Hoy por hoy, el choque de trenes no beneficiaría a nadie y podría perjudicar a todos.

La mayoría de catalanes apoya un referéndum, pero lo querría legal y pactado con el Estado

El deseo de referéndum se ha impuesto en la opinión pública catalana, quizá por aquello que un día dijo Rubalcaba de que el derecho a decidir es invencible desde el punto de vista del 'marketing'. Solo los indolentes no quieren decidir sobre su futuro. Pero la mayoría de catalanes desearía que ese referéndum fuera legal y pactado con el Estado. Y lo más grave y paradójico es que es casi evidente que ese referéndum, de realizarse, tampoco serviría para resolver la situación.

Según 'La Vanguardia', el 77% de los catalanes vería bien un referéndum sobre la independencia, pero solo el 37% lo desea unilateral —como está dispuesto a intentar el independentismo—, contra el 59% que lo quiere acordado con el Estado, como en su tiempo propuso el PSC y ahora abogan los comunes, la coalición en formación de Ada Colau. Para 'El Periódico', el 84% desea un referéndum, pero solo el 49,6% (contra el 48,8%) lo vería bien si fuera convocado de forma unilateral.

No obstante, lo más grave y peligroso es que el referéndum —en el caso de que se pudiera celebrar— tampoco resolvería el problema. El resultado es muy incierto y difícil de calcular. Vencería el sí por un 48,9% frente a un 40,3% (pero sin llegar al 51%) según la encuesta de 'El Periódico', y por un 42,3% frente a un 41,9% según 'La Vanguardia'. Pero la encuesta de 'El Periódico' revela que el 51,6% (creciendo moderadamente) no se siente independentista, frente al 46% (bajando) que sí tiene ese sentimiento. Y una reciente encuesta del CEO (Centro de Estudios de Opinión de la propia Generalitat) dice que los no independentistas se impondrían por los pelos.

¿Puede creer alguien que con el apoyo de un 48,9% que dice 'La Vanguardia', porcentaje muy próximo al 47,8% que votó a formaciones independentistas en las elecciones catalanas de 2015, y contra la otra mitad de la población catalana, la negativa del Gobierno de España y la fuerte reticencia de los grandes estados europeos (que suficientemente problemas tienen), Cataluña podría alcanzar una independencia satisfactoria?

El independentismo funcional está convencido de que Madrid no se tomará el asunto en serio si Cataluña no enseña los dientes

Nadie puede contemplar hoy la independencia como una opción factible y sensata a corto plazo, pero sí hay en Cataluña un potente y a veces incluso inconsciente independentismo funcional cuyo razonamiento es el siguiente: hay que reclamar la independencia para que España se tome en serio el asunto, porque en caso contrario (como pasó con la sentencia del Constitucional de 2010 sobre el Estatuto de 2006), Madrid no abandonará el inmovilismo. Sería algo así como cuando los sindicatos, al inicio de la negociación de un convenio y para coger fuerza, sacaban pecho y pedían la Luna para luego ir rebajando sus aspiraciones progresivamente cuando intuían un acuerdo razonable.

Y las encuestas de los dos diarios permiten llegar a esta conclusión. En ambas, hay más de un 40% de confesos y declarados independentistas, pero cuando se pregunta cómo acabará el 'procés', muy pocos dicen que con la independencia. Solo cree realmente en ella el 16% (y bajando) de los encuestados por 'La Vanguardia' y el 18% (y bajando) de los de 'El Periódico'. Por el contrario, el 16% de 'La Vanguardia' y el 27,6% de 'El Periódico' dicen que el 'procés' acabará muriendo por falta de apoyo. La opción mas mayoritaria (el 44% de 'El Periódico') es la de que algún día se llegará a un pacto que permita un mayor autogobierno dentro de España. Algo parecido dice el 27,8% de los encuestados por 'La Vanguardia', o el 16,4% (en total, también el 44%) que confía en una reforma de la Constitución o en una interpretación más flexible de la Carta Magna.

El punto positivo es que el PP está en minoría y que el independentismo tiene difícil renovar su agrietada mayoría si hay nuevas elecciones

Está claro que tanto al dogmatismo separatista (referéndum o referéndum, y creencia de que la independencia se impondrá pese a lo que dicen las encuestas), como al dogmatismo unitarista (lo único posible es una interpretación rigurosa de la Constitución que impida a Cataluña lo que se admite para Euskadi o incluso para Andalucía en su Estatuto), han llevado a una situación no solo insostenible sino peligrosa.

El Gobierno de la Generalitat no quiere rectificar y teme que si lo hiciera sería abandonado por una parte de sus electores, y el Gobierno español no respetaría lo pactado. Y el 'establishment' de Madrid no quiere reconocer que hizo un mal cálculo cuando en 2010 (sentencia del Constitucional) echó dinamita sobre el pacto aprobado en las Cámaras legislativas española (todo lo discutible e imperfecto que se quiera) de 2006 entre PSOE, CiU, PSC e ICV contra ERC y PP. Al igual que en 2012, al negarse la mayoría absoluta de Rajoy a una negociación sobre el pacto fiscal con Artur Mas (tal como Mas deseaba).

Ahora toca rectificar y no es nada fácil. Ayer se volvió a ver en el encuentro Soraya-Junqueras. Pero hay dos datos positivos. En España, el PP se ha quedado sin mayoría absoluta, tiene que pactar todo y Rajoy, más conservador biológico que ideológico a lo Aznar, está palpando la nueva realidad. En Cataluña, unas nuevas elecciones probablemente no permitirían repetir la mayoría independentista actual. Oriol Junqueras sería presidente, pero necesitaría los votos de los comunes, o de PSC, o de ambos. Y Junqueras es tan nacionalista catalán como Rajoy nacionalista español, pero ha leído y sabe historia, como pasaba con Jordi Pujol, pero no con Artur Mas. Quizá la debilidad del PP y del independentismo pueda abrir paso, paradójicamente, a una nueva oportunidad.

Confidencias Catalanas
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