El primer paso de Roger Torrent

El tránsito del independentismo hacia el realismo exigirá que ERC y el PDeCAT planten cara al 'puigdemontismo'

Foto: El presidente del Parlament, Roger Torrent (4d), preside la reunión de la Mesa. (EFE)
El presidente del Parlament, Roger Torrent (4d), preside la reunión de la Mesa. (EFE)

El nuevo presidente del Parlamento de Cataluña afirmó hace pocos días, en sus primeras declaraciones, que quería coser Cataluña. ¿Qué decía y qué insinuaba? A mi entender, dos cosas. Una, que el independentismo ha conseguido en tres elecciones catalanas consecutivas (anticipadas de 2012, plebiscitarias de 2015 y las de 2017) el apoyo de entre el 47% y el 48% de la población. Un respaldo muy amplio, pero que al no crecer obliga a tener más en cuenta las sensibilidades —diversas— del resto de catalanes. Dos, que el camino de la unilateralidad no es válido porque el choque de trenes con el Estado fractura Cataluña, como se vio en las sesiones parlamentarias del 6 y 7 de septiembre.

Además, los resultados de la unilateralidad están a la vista. La Generalitat intervenida, el presidente Puigdemont en el exilio y el vicepresidente, Oriol Junqueras, el líder de ERC, en la cárcel de Estremera. ¿Cómo no tener en cuenta estas realidades?

Pero, así como el 155 consiguió parar la independencia y fue por tanto una victoria del Gobierno y del Estado, el 21-D el secesionismo logró mantener su mayoría absoluta bajando solo de 72 a 70 diputados, pese a que Cs, recogiendo el voto útil antiseparatista, se convirtió en el primer partido de Cataluña. ¿Cómo administrará el secesionismo este triunfo electoral del 21-D? ¿Volviendo a plantar cara al Estado, arriesgando incrementar la división interna y dañando la recuperación de la economía, o aceptando 'por imperativo legal' el marco estatutario y constitucional y trabajando, al menos a corto, por un mayor autogobierno, lo que inevitablemente implicaría fijarse objetivos realistas en la negociación con el Estado?

ERC sabe que otro choque de trenes con el Estado no es el camino y debilitaría más al independentismo

El independentismo todavía no está preparado —digerir su derrota le costará tiempo— para esta discusión, pero sí sabe que no tiene fuerzas suficientes para otro enfrentamiento y ha comprobado que la actitud europea ha sido muy distinta a la que presuponía. El propio Artur Mas —amortizado y en retirada— ha admitido que con 70 diputados no hay fuerza suficiente y que son “un tesoro que no se puede arriesgar”. Interesante, para Mas los 72 diputados de 2015 daban para la independencia en 18 meses y los 70 de 2017 le hacen pensar en aquello de “Virgencita, que me quede como estoy”.

Pero volvamos a lo esencial. El independentismo sabe que no puede rebelarse otra vez ante el Constitucional. Por eso, Roger Torrent hizo lo único sensato que estaba a su alcance cuando ayer por la mañana —sin consultarlo con sus aliados, que sabía que no estarían de acuerdo— decidió “suspender pero no desconvocar” la prevista investidura de Puigdemont. El Constitucional había dejado claro que la investidura no presencial estaba al margen de la ley y que violar su mandato tendría consecuencias. Y Torrent —hábilmente— pudo esgrimir que la investidura no hubiera sido ni válida ni efectiva y que por lo tanto cumplía así la petición del propio Puigdemont que le había pedido amparo. Y al suspender la sesión —a la espera de la decisión del Constitucional respecto al recurso del Gobierno— no solo evitaba el choque de trenes sino que ganaba tiempo.

La decisión de Torrent refleja lo que piensa la cúpula de ERC (significativo el tuit de apoyo de Junqueras). Pero ERC no quiere hoy retirar el apoyo a Puigdemont, que ha encabezado la lista independentista más votada, ni romper la unidad del secesionismo.

El presidente del Parlamento, sin consultarlo con sus socios, decidió no enfrentarse al Constitucional y aplazar la investidura

Pero la decisión de ayer tiene una vida limitada en el tiempo, hasta la decisión del TC sobre la admisión a trámite del recurso del Gobierno. ¿Qué hará luego el independentismo? ERC querría pactar con Puigdemont su retirada y elegir un nuevo presidente que pueda “gobernar desde el primer día”, como dijo el propio Torrent en unas declaraciones al 'Ara'. El veterano diputado Joan Tardà, muy popular en las bases republicanas, lo dijo claramente el domingo en 'La Vanguardia': quizás habrá que sacrificar a Puigdemont.

¿'Inflexionará' así el secesionismo su posición de partida de apoyo a la investidura de Puigdemont? ¿Se dividirá? A corto plazo, dos grupos plantarán cara a Torrent y a ERC, a la que pueden incluso acusar de traición. El primero la CUP, que pese a que ha tenido una severa derrota al pasar de 10 a cuatro diputados, es necesaria para la mayoría y que ha ido acercándose a Puigdemont. Alguien ha dicho que Puigdemont es un presidente de CDC, nombrado por Artur Mas, que habla como si fuera de ERC y que actúa como si fuera de la CUP.

El otro grupo, que ayer ya criticó a Torrent, es el de los 'puigdemontistas incondicionales'. Son entre 15 y 19 diputados impuestos en la lista de Junts per Catalunya por Puigdemont y que se sienten más cerca del exiliado de Bruselas que del PDeCAT. Son separatistas radicales a los que lo único que interesa es la independencia y para los que cualquier otra definición ideológica es secundaria. Los más influyentes son la economista Elsa Artadi y Eduard Pujol, exdirector de RAC 1, radio privada que consiguió destronar del liderazgo radiofónico a la publica Cataluya Ràdio. Su posición es “Puigdemont o Puigdemont”, y destacan su fidelidad a la república —que le ha llevado al exilio— y su osadía e imaginación al enfrentarse al Estado español.

La fuerza de este grupo es la popularidad de Puigdemont entre el electorado independentista (consiguió contra pronóstico ganar, aunque por muy poco, a ERC) y el carácter mesiánico y la determinación del líder que ayer noche, tras la suspensión de la investidura, no vaciló en subrayar su capacidad de chantaje​. “No hay ningún otro candidato ni ninguna otra combinación aritmética posible”. Traducido: “O yo, o nuevas elecciones”. Pero que vistió el 'diktat' con mística unitaria: “Debemos seguir juntos”.

Los portavoces de Junts per Catalunya, Elsa Artadi y Eduard Pujol. (EFE)
Los portavoces de Junts per Catalunya, Elsa Artadi y Eduard Pujol. (EFE)

A corto, 'puigdemontistas' y cuperos intentarán forzar a ERC a plegarse, y en el pasado muchas veces —por ejemplo, cuando la lista unitaria de 2015— ERC acabó sucumbiendo ante la potencia propagandística de CDC (con buenas terminales en la ANC). Pero esta vez puede ser diferente. El PDeCAT, dirigido por Marta Rovira y con un diputado tan negociador en Madrid como Jodi Xuclá, quiere estar presente en la política catalana como un partido de centro liberal y apuesta por complicidades con los partidos europeos del mismo signo. En las elecciones de diciembre pactó la lista con Puigdemont (un convergente atípico) por el plus de legitimidad del presidente frente a ERC, ante la que el PDeCAT tenía poca fuerza. Pero unirse a 'puigdemontistas' y cuperos sería el final del PDeCAT. Aunque en una repetición electoral, o se inserta en la lista Puigdemont (en una posición muy subordinada) o va directamente al desastre.

Si el PDeCAT quiere sobrevivir, no puede convertirse en compañero de viaje del 'puigdemontismo' y la CUP

Por eso, aunque solo sea para sobrevivir, parece obligado que el PDeCAT plante cara a Puigdemont. Y ayer la diputada Maria Senserrich ya dijo que la actitud de Roger Torrent había sido la correcta “dadas las circunstancias”.

Para evitar la repetición de elecciones, al PDeCAT puede no quedarle otro remedio que enfrentarse a los 'puigdemontistas', una 'startup' surgida en su seno y a muchos de cuyos miembros ha alimentado.

El problema es que para que la batalla independentista la ganen los realistas —los que creen que su primer objetivo es recuperar ya la Generalitat y gobernar— se tendría que establecer una complicidad entre las cúpulas de ERC y del PDeCAT. Históricamente, las relaciones entre las dos cúpulas han sido muy difíciles, en este momento ambas están descabezadas (Mas en el retiro forzado, Puigdemont en lo suyo y Oriol Junqueras en la cárcel) y además Marta Pascal no tiene buena sintonía con ERC.

Agentes antidisturbios de los Mossos d'Esquadra se despliegan frente al Parlament. (EFE)
Agentes antidisturbios de los Mossos d'Esquadra se despliegan frente al Parlament. (EFE)

¿Qué pasará? Puede que ERC acabe sucumbiendo ante Puigdemont y se repita el choque con el Estado (no se puede descartar, pero no es lo más probable). Puede que Puigdemont se imponga a ERC, neutralice al PDeCAT y vayamos a nuevas elecciones. Sería la lógica consecuencia de la capacidad autodestructiva del independentismo que solo se salva (teorema Forcadell) por los fallos del Gobierno de Madrid.

Finalmente, puede que el independentismo regrese progresivamente al posibilismo que practicó durante tantos años. Una cierta vuelta a lo mejor de Pujol y de Miquel Roca en el PDeCAT y al intento, de Carod-Rovira y Puigcercós en ERC, de entenderse con el PSC y el PSOE de Zapatero. Pero eso exigiría que antes el PDeCAT y ERC ganaran la batalla entre los 66 diputados de JxCAT y ERC y luego encontraran alguna ayuda exterior para elegir un presidente.

Ayer Torrent dio un primer paso. ¿Podrá continuar?

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