Grietas ¿o algo más?

Tres grupos (y la CUP) se pelean, cada día más descaradamente, por marcar la hoja de ruta del independentismo

Foto: El presidente del Parlament, Roger Torrent (c), durante la reunión semanal de la Mesa. (EFE)
El presidente del Parlament, Roger Torrent (c), durante la reunión semanal de la Mesa. (EFE)

La lectura que todo el mundo hizo del 21-D fue que el independentismo había salvado su mayoría absoluta. El 155 de Rajoy había funcionado a medias: la independencia estaba fulminada, pero el independentismo recuperaría la Generalitat. Recuperar sus honras y sus pompas —sus cargos y sus presupuestos— era un objetivo tan elemental que ninguna diferencia lo podría impedir.

Hoy las cosas son algo diferentes. Rajoy sufre porque —con mayoría independentista y al haber sido vapuleado por Cs— el partido de Albert Rivera aparece ante los españoles no solo más joven, y con un pasado menos criticable, sino también como más eficaz ante el separatismo. El conflicto catalán, que hasta hace poco en el resto de España beneficiaba al PP y castigaba al PSOE, ahora alienta un posible salto hacia delante de Cs a costa del PP. Y alguien dice que la culpa es del propio Rajoy que no hizo como John Kennedy, que nombró fiscal general a Robert, su hermano. Los hermanos escuchan más.

El discutido recurso de Soraya al Constitucional agudizó la reflexión de ERC y condicionó a Torrent

En Cataluña, la mayoría independentista sigue ahí y lo más probable es que acabe formando Gobierno. Pero desde el pasado martes 30 de enero, cuando el presidente del Parlamento, Roger Torrent, suspendió de repente el anunciado pleno de investidura de Carles Puigdemont, las grietas en el interior de independentismo se van haciendo cada vez mayores y más visibles.

El discutible recurso de la vicepresidenta al Tribunal Constitucional, consiguiendo de penalti que en términos inequívocos se prohibiera la investidura no presencial de Puigdemont, tuvo efectos. ERC y Torrent decidieron que no podían empezar la legislatura como habían acabado la anterior: partiendo el Parlamento en dos mitades enfrentadas a muerte y desafiando al Constitucional y al Estado. Para ERC, el independentismo ha sobrevivido, pero está malherido y no puede apostar —sin precauciones— a investir a un fugado de la Justicia. La cabeza de Junqueras duerme en Estremera mientras que la de Puigdemont se agita por Bruselas, y no se trata de que la de Torrent o la de Marta Rovira acaben como la de Junqueras.

El viernes pasado —sin acuerdo con ERC—, Junts per Catalunya (JxCAT) presentó un proyecto de ley para aprobar por la vía de urgencia una nueva Ley de Presidencia que facultaría la elección no presencial de Puigdemont. Aquella misma noche —y a la mañana siguiente Marta Rovira—, los negociadores de ERC ya decían que no suscribirían un acuerdo parcial para la investidura. O había pacto total —reconocimiento en Bruselas de la figura de Puigdemont, investidura legal y efectiva de otro 'president' en Cataluña, plan del nuevo Gobierno para la legislatura y reparto concreto (más allá del 'fifty-fifty' de principio) de las 'consellerías'— o no habría pacto.

El divorcio dio un salto el domingo, cuando la ANC exigió movilizaciones si la investidura de Puigdemont se retrasaba. ¿Contra ERC?

El domingo, la ANC (próxima a JxCAT, ya que el número dos de su lista es Jordi Sànchez, presidente de la ANC hasta hace poco) lanzó un potente obús contra ERC al exigir la rápida investidura de Puigdemont y llamando a movilizarse si no se producía.

Pero ERC no se movió. Su portavoz parlamentario, Sergi Sabriá, insistió en que el único candidato era Puigdemont pero que la investidura debía ser efectiva —usando las dobleces del lenguaje cardenalicio—, pero Oriol Junqueras, desde Estremera y en unas declaraciones escritas a Telecinco, fue más rotundo: Puigdemont no podía ser un presidente efectivo.

Y ayer pasó lo que se veía venir. Torrent no admitió a trámite la Ley de Presidencia de JxCAT, aduciendo que se pedía al mismo tiempo la aprobación por lectura única y por urgencia extraordinaria, y la retrasó hasta la junta de portavoces de la semana próxima. Pero, al mismo tiempo (otra vez la habilidad cardenalicia), anunció recursos ante el propio Constitucional y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos contra la decisión del TC de prohibir la investidura de Puigdemont. Lo que pasa es que Torrent y ERC —razonablemente— no quieren desafiar a las bravas al TC.

Grietas ¿o algo más?

Pero la novedad es que —más fuera de la reunión de la Mesa que dentro— portavoces de JxCAT no tuvieron ningún reparo en criticar ácidamente la conducta de Torrent, aduciendo que lo del Tribunal Europeo de Derechos Humanos era una simple cortina de humo. Y desde medios cercanos a ERC se recordó que la proposición de ley de JxCAT no había sido firmada por ningún diputado con causa abierta en el Supremo. Alguien cree que la lentitud de las negociaciones entre ERC y JxCAT está relacionada con las comparecencias ante el Supremo, la semana próxima, de Artur Mas, Marta Pascal, secretaria general del PDeCAT, y Marta Rovira, secretaria general de ERC.

El PDeCAT no está lejos de la estrategia de ERC, pero hoy por hoy opta por no chocar abiertamente con Puigdemont


Pero el problema de fondo es que en el independentismo hay un divorcio de aparatos y una divergencia estratégica que podría (en condicional) acabar en un cisma.

Vamos a los aparatos. Está en primer lugar ERC con sus 32 diputados, hasta el momento disciplinados, que admite que el objetivo inmediato es recuperar la Generalitat y gobernar. Y que ello exige elegir en el Parlamento un presidente efectivo y, al mismo tiempo, pactar un reconocimiento y un rol para Puigdemont. Son ahora los pragmáticos y consecuentes.

En segundo lugar, la veintena de diputados 'puigdemontistas' —elegidos en la lista de JxCAT apoyada por el PDeCAT— que solo son fieles a Puigdemont. Su objetivo es la investidura de Puigdemont o, como mínimo, que su autoridad sobre el nuevo Gobierno sea indiscutible. Es una posición difícil de compaginar con recuperar la Generalitat, pero los 'puigdemontistas' no tienen prisa. Creen que si ERC y el PDeCAT no ceden, no habrá 'president' y se tendrá que ir a nuevas elecciones. ¿Apuestan por una campaña polarizada entre Puigdemont e Inés Arrimadas, en la que ERC y el PSC quedarían marginados? Sería un desiderátum convergente, pero los 'puigdemontistas' no son convergentes (en todo caso, ex) sino otra cosa. Menos definida, de un independentismo más radical-sentimental. Y en muchos casos vienen más del activismo mediático-cultural que de la política.

Luego, en el tercer lugar numérico, está el PDeCAT, con unos 12-14 diputados, que alimentó y dejó que Puigdemont montara JxCAT para amortiguar lo que temían que fuera una derrota a manos de ERC. Están satisfechos de que ERC no sea el primer partido secesionista, pero algo desconcertados porque ni dominan JXCAT ni comparten la estrategia 'puigdemontista'. Estarían cercanos a la estrategia de ERC pero son más reacios que los republicanos a abandonar a Puigdemont, que creen que no cederá a corto. Además, entre Artur Mas y Marta Pascal, que no son diputados, y Jordi Turull y Josep Rull, que lo son y están encausados en el Supremo, la armonía no siempre es perfecta. Y parecen reticentes a una posible investidura de Elsa Artadi.

Finalmente, el cuarto grupo es la CUP con sus cuatro diputados (en la anterior legislatura eran 10). Quieren romper con España, con Europa y con el capitalismo, pero en el día a día son negociadores y —a veces— pragmáticos. Algunos los ninguneaban diciendo que eran los hijos mal educados de los convergentes… Ahora apoyan a Puigdemont, pero solo si es para enfrentarse al Estado y “hacer república”.

¿Puede el popurrí independentista acabar en un cisma que les haga perder la Generalitat?

En el independentismo hay facciones, ambiciones personalistas, ideas descabelladas, romanticismo nacionalista, estrategias realistas, resistencia a reconocer —en gran parte, ante sus fieles— que el unilateralismo ha sido un fracaso, temor de Dios (más al Supremo que al Constitucional), ganas de recuperar la Generalitat, ausencia de líder indiscutible, desmoralización por la familia Pujol y porque no llegan al 50%…Un popurrí muy variado.

¿Puede el popurrí dividirlos hasta el punto de desaprovechar —el tesoro según Mas— los 70 diputados que les permiten recuperar la Generalitat? No se puede descartar del todo, porque ya se sabe que los libros de caballerías reblandecen el cerebro.

Confidencias Catalanas

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