Doble parálisis, gran amenaza

Ni el independentismo sabe formar Gobierno ni Rajoy tiene mayoría para los presupuestos

Foto: Rajoy, este sábado en Elche. Foto: EFE.
Rajoy, este sábado en Elche. Foto: EFE.

El miércoles se cumplirán dos meses de las elecciones catalanas -convocadas por Rajoy al amparo del 155- y la realidad actual es de parálisis total. Parálisis en Cataluña, donde no hay perspectiva a corto de la elección de un nuevo presidente y ni siquiera ha empezado a correr el plazo de dos meses para la repetición de elecciones.

Parálisis también en Madrid, donde el PP parece haber quedado noqueado por el resultado catalán y donde la alianza heteróclita PP-C´s-PNV-dos partidos canarios, laboriosamente tejida para aprobar los presupuestos del 2017, parece no poder reeditarse para los del 2018.

En Cataluña el 155 derrotó material y moralmente al independentismo. Quedó claro que había mucho de fábula, hábilmente contada, que había encandilado a la mitad de la población. A la hora de la verdad el gobierno insurrecto se entregó sin oponer resistencia o huyó al extranjero. Las masas rebeldes volvieron a casa tras alguna algarada. Y la Unión Europea -y todos los países del mundo- cerraron filas con el gobierno español. La independencia unilateral no tiene amigos en ningún sitio y el secesionismo catalán no tardó en interiorizarlo.

Pese a este desastre, el independentismo logró conservar su mayoría absoluta al perder solo un 0,5% de los votos y quedar por encima del 47%. Lo que está sucediendo ahora es que se está demostrando incapaz de gestionar su victoria electoral. ERC -con Oriol Junqueras en la prisión- se dio cuenta casi de inmediato de que el 'unilateralismo' había fracasado, pero que se podían salvar los muebles si se elegía un presidente que formara un nuevo gobierno de la Generalitat. Pero Junts per Catalunya (JuntsxCAT), una extraña coalición amparada por el PDeCAT pero en la que predominan los nacionalistas que creen -como un dogma- que Puigdemont es el presidente legítimo y el líder a seguir, no quiere admitir el fracaso del 28-0, e insisten en que Puigdemont debe ser investido de nuevo. Aunque siga exiliado y tenga que delegar funciones en el interior. Y el entendimiento entre ERC y JuntsxCAT se está demostrando imposible.

Marta Pascal da un paso relevante al afirmar que la solución al conflicto está en el marco de la Constitución y el Estatut

Esta semana ha habido un hecho relevante. Y es que el PDeCAT, la antigua CDC que tiene una docena de diputados de los 34 de JuntsxCAT pero que es un partido con una sólida implantación territorial y muchos alcaldes, ha marcado posición política propia. Su coordinadora general, Marta Pascal, ha declarado a 'La Vanguardia' que “Cataluña necesita un gobierno estable dentro de la legalidad...el país no puede permitirse 155 días de 155…la prioridad es tener gobierno…el bien superior a preservar es el país y sus instituciones…tenemos que encontrar una manera que se ajuste a la ley para desatacar la investidura…"

Y preguntada sobre si es posible ser presidente de la Generalitat desde Bruselas, contesta: “En el sigo XXI se pueden hacer muchas cosas desde cualquier lugar del mundo, pero nosotros necesitamos un gobierno que desde el Palau de la Generalitat ejerza el trabajo diario de recuperación de las instituciones”.

Pascal coincide así con la estrategia de ERC y aumenta la presión sobre Puigdemont pero -como inteligentemente ha señalado Ignacio Varela- va más allá que ERC porque abre el camino al revisionismo en el secesionismo: “No estamos en la fase de la unilateralidad ni de romper con ninguna legalidad. Al presentarnos al 21-D asumimos que la legalidad vigente en Cataluña emana del Estatut y de la Constitución, y es ahí donde están los márgenes para encontrar una solución al conflicto político que vive Cataluña”. Es relevante porque Pascal lo dice a un diario catalán de gran audiencia que es leído por muchos votantes convergentes. Abre así lo que podríamos bautizar como el camino hacia el 'postindependentismo'.

La coordinadora general del PDeCAT Marta Pascal. (EFE)
La coordinadora general del PDeCAT Marta Pascal. (EFE)

Pasada esta semana, en la que el 'secesionismo' va a estar pendiente de las declaraciones en el Supremo de la propia Marta Pascal, Artur Mas, Marta Rovira, secretaria general de ERC, y Anna Gabriel, antigua diputada de las CUP, se reemprenderán las negociaciones entre JuntsxCAT y ERC para pactar una investidura. Y la toma de posición del PDeCAT tendrá consecuencias. Pero no nos hagamos ilusiones, a corto la parálisis catalana no terminará. La propia Pascal lo admite cuando preguntada por la posibilidad de un candidato alternativo a Puigdemont responde rotunda: “Este escenario solo lo puede plantear Carles Puigdemont. No hay planes B ni C hasta que el 'president' no diga lo contrario”. Pascal sabe que Puigdemont -con sus 20 incondicionales, o sus 10 superincondicionales- tiene poder de veto. Y que Puigdemont no va a ceder a corto. No tiene ningún incentivo para dejar de ser el único 'president' (para los secesionistas) y de animar a los suyos amargando la vida todo lo posible -con declaraciones o visitas a Dinamarca- al Gobierno del PP. E intuye que cuanto más tiempo esté vigente el 155 más charcos, como el de la inmersión lingüística en la escuela, tendrá que sortear Rajoy.

La parálisis catalana va a continuar porque los partidos separatistas están atrapados en el chantaje de Puigdemont. Ayer Elsa Artadi, una de las personas de su confianza, declaraba a la ANC que Puigdemont negociaba con ERC una figura “con rango superior en la Generalitat para suplir su ausencia cuando estuviera investido”. Ojo, cuando estuviera investido. Y ni Marta Pascal ni ERC se plantean -en este momento- abjurar de Puigdemont y explorar la posibilidad de un gobierno transversal con el PSC y ECP.

Conclusión: Cataluña continuará paralizada porque el independentismo está prisionero en el interior de sus fronteras. Y sin atravesarlas, Puigdemont tiene capacidad de chantaje.

Elsa Artadi y uno de sus colaboradores, Jordi Cabrafiga. (EFE)
Elsa Artadi y uno de sus colaboradores, Jordi Cabrafiga. (EFE)

Vamos ahora a Madrid. Rajoy, que derrotó a los independentistas con el 155, no salió bien librado de las elecciones del 21-D. Primero porque los secesionistas, aunque perdieron el 0,5% de los votos, mantuvieron el apoyo de más del 47% y salvaron su mayoría absoluta. Esto fue posible -es mi opinión- porque, derrotado el proyecto, el voto independentista se convirtió en parte en el refugio de la protesta contra la prisión de unos líderes políticos que la mayoría de la población catalana considera -ahí están las encuestas de GAD3- presos políticos. Pero las causas son ya irrelevantes, el hecho es que el independentismo conservó su mayoría.

El otro problema de Rajoy el 21 D fue el desastre de su partido que solo obtuvo el 4,2% de los votos y perdió 7 escaños al bajar de 11 a 4 mientras que Cs, su competidor en el campo del centro derecha, sacó el 25,3% y saltó de 25 a 36 escaños convirtiéndose en el primer partido de la cámara catalana.

La fuerte derrota del PP en Cataluña ha debilitado la autoridad política de Rajoy ante Albert Rivera

Estos dos hechos han debilitado su autoridad política. En especial ante Cs, que ha visto en su éxito catalán y en el desastre del PP, un argumento de peso para presentarse en toda España como el partido más eficaz contra el independentismo e ir sumando así electores en el centro-derecha a costa del PP. Y al reflejar las encuestas esta tendencia -alguna como la de El País con mucha mas intensidad que la del CIS- el PP, que arrastra el calvario de los juicios de la Gurtel de Valencia y de Madrid, ha contraatacado a Cs con poca sutileza y no demasiada inteligencia. Además Rajoy también ha perdido empuje porque la prolongación de la crisis catalana parece que va a imposibilitar (Montoro ha fijado la fecha límite en mediados de abril) la aprobación de los presupuestos del 2018.

El horizonte es pues el de un gobierno sin presupuestos -el PNV no los votará mientras el 155 esté en vigor y menos si surgen conflictos lingüísticos en las escuelas-, en guerra cada día más abierta con sus exsocios de Cs, y sin mayoría. Estamos pues ante un gobierno disminuido que puede aguantar el 2018 (presupuestos prorrogados) pero con muy poca autoridad y capacidad de sacar leyes relevantes. Una situación de parálisis que se pueda agudizar si Rajoy -con la falta de apoyos actual- pretende gobernar, como explicaba el otro día Fernando Garea, hasta finales del 2019.

Parálisis y conflicto pues en Cataluña y como consecuencia parálisis en Madrid. Parálisis más parálisis arrojan una suma inquietante que indica que el PP se equivocó -hace ya muchos años, en el 2006- cuando creyó que el conflicto catalán era un artefacto excelente -y sin costes en España- para arrancar votos a Zapatero y al PSOE. Y el peligro es que ahora Cs -más joven e impaciente- puede caer en parecida tentación, acusar “sin complejos” a Rajoy de incompetente en el conflicto catalán. Por cierto, ¿a quién les recuerda lo de “sin complejos”?

Confidencias Catalanas

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