Rajoy, pendiente de Jordi Turull

El PNV votó el viernes una resolución del paralmento vasco que pide acabar con el artículo 155, no en Cataluña sino en la Constitución

Foto: Turull en el Parlament. (EFE)
Turull en el Parlament. (EFE)

Parece que JxCAT y ERC han llegado a un acuerdo aceptado por Puigdemont. Una vez que sea claro que Jordi Sánchez no puede ser elegido por el veto del Supremo (oposición de la CUP aparte), los independentistas —como se ve sin mucha prisa por acabar con el "horroroso" 155— propondrán como 'president' a Jordi Turull, el convergente que fue portavoz del Gobierno Puigdemont hasta la destitución.

Todo el mundo dice estar de acuerdo en que la prioridad de Cataluña es elegir un 'president'. Pero Turull no encabezará —ni de lejos— el mejor gobierno posible. Es el político que, junto a Marta Rovira, de ERC, hizo de presentador oficial del referéndum del 1 de octubre prometiendo, repetida y machaconamente, que se votaría "com sempre" (como siempre). Después no ha dado la mínima explicación de por qué todo fue al revés de lo pretendido ni ha trazado ninguna perspectiva de futuro, salvo repetir las jaculatorias de "hacer República". Es difícil pues esperar de Turull algún gesto efectivo para superar la partición interna de Cataluña, no digamos ya para algún hábil tanteo con Madrid. Y la dinámica de su gobierno será compaginar las exigencias de Puigdemont con el programa pactado que por el momento parece reducirse al reparto del poder de las 'Conselleries' entre JxCAT y ERC.

El portavoz de ERC, Joan Tardá. (EFE)
El portavoz de ERC, Joan Tardá. (EFE)

Es la lógica en la que está atrapada Cataluña desde hace años. Los separatistas —con algunas tímidas salvedades como la reciente de Joan Tardá— creen que sería una traición pactar con algún grupo constitucionalista. Y dos de estos grupos no quieren saber nada de dialogar o tender puentes con los independentistas. Y así estamos, en divorcio permanente pero creciente, desde el 2012.

Por eso Turull, número tres tras Puigdemont y Jordi Sánchez de la lista de Junts per Catalunya, es algo así como la resultante gris pero normal y con cierta profesionalidad. Sabe moverse, tiene una relación como mínimo correcta con Puigdemont, es formalmente del PDeCAT aunque no está alineado con su dirección realista que encabeza Marta Pascal, como buen contable respeta a ERC por el peso que tiene y ERC le respeta por lo mismo. Y le votará porque está harta de que no haya ya un presidente efectivo en la Generalitat.

La investidura de Turull puede tardar. No es seguro que Carles Puigdemont tenga prisa en el 'plan c' y está el escollo de la CUP

Pero Turull puede tardar. En efecto, Puigdemont, que mientras tanto da pasos para construir un movimiento político propio (diferente del PDeCAT) con la quincena larga de diputados puigdemontistas que se están agrupando en Junts per la República, ha puesto como condición para el inicio del plan C que se hayan agotado todos los recursos legales para que Jordi Sànchez sea elegido. Y esto puede durar —lo advertía este sábado Marcos Lamelas— si se quieren agotar también todos los recursos internacionales posibles, algunos fantasmagóricos. Puigdemont —sin la presión de que empiece a contar el plazo de dos meses para la repetición de elecciones— quiere alargar el embrollo porque quiere llevar (dice arrinconar) al Estado español ante cuantas más instancias y tribunales internacionales mejor. Y mientras tanto —con la ayuda de TV3 y de la prensa de Madrid que le sigue con fruición— se va erigiendo ante la opinión pública interna —también la internacional, aunque menos— como el presidente de Cataluña en el exilio. ¿Quiere ser el nuevo Tarradellas que volvió del exilio en olor de multitudes? Pero no tiene Suárez posible con el que pactar.

Pero incluso cuando Puigdemont dé luz verde al 'plan C', no es seguro que Turull sea elegido. Antes habrá que convencer —o hacer cambiar de criterio— a la CUP que ya han dicho no a Jordi Sànchez, no por razones personales sino porque ven autonomista y carece de nervio revolucionario el programa ofrecido por JxCAT y ERC. ¿Cambiará de criterio la CUP, encontrarán los independentistas oficialistas el nervio que al parecer les falta? A eso se dedicará en parte Puigdemont en los encuentros que tendrá estos días en Ginebra con Anna Gabriel.

Rajoy necesita el voto del PNV para los Presupuestos. Para ello, Urkullu precisa el fin del 155. Rajoy pendiente pues del nuevo 'president'

Mientras tanto, nada. Nada y nervios. Pero no solo de Jordi Turull, o de los independentistas. También de Mariano Rajoy que, aunque no esté dotado para ello, puede tener que convertirse en más forofo de Turull que del Real Madrid. En efecto, el Gobierno ha decidido, finalmente, presentar los presupuestos antes de Semana Santa. Vale. Pero luego necesita el voto favorable en el Congreso de Cs, el PNV y los dos grupos canarios. Tengo pocas dudas de que —si pueden salir— Rivera, tras algunos momentos de mucho suspense, acabará votándolos. El líder de Cs no puede permitirse ni ante sus electores (los que ya tiene y los de derechas que intenta pescar), ni ante los medios económicos (con los que hábilmente flirtea), ni incluso ante Macron, aparecer como el culpable de que España no tenga presupuestos.

Pero el PNV es distinto. Ha puesto como condición para negociar (no para aprobar, pero es casi lo mismo porque Montoro y Azpiazu se conocen) que no esté vigente el 155. O sea, que haya un nuevo 'president' de la Generaliat. En el PP —el propio Rajoy lo ha insinuado con prudencia— se cree que el PNV "modulará". Pero no es esa la impresión que sacaron los empresarios del grupo Puente Aéreo que esta semana se reunieron con Urkullu, que sedujo a muchos por su sensatez.

Pero lo relevante es que el pleno del parlamento vasco de este viernes aprobó (con el voto de 57 de sus 75 diputados) una moción de Bildu, apoyada por el PNV y Podemos, pidiendo la libertad de los presos catalanes y el fin del 155. No solamente en Cataluña, sino que se elimine ese artículo de la Constitución. Y el portavoz del PNV, Joseba Eguibar, llegó a decir que la preponderancia de los criterios políticos sobre los jurídicos a lo largo del conflicto es "una estrategia de Estado" que ha llevado al gobierno del PP a "sacrificar la división de poderes y el propio sistema democrático". Y concluyó: "A ese Estado que está buscando venganza hay que pedirle que saque sus manos de Cataluña".

El portavoz del PNV, Joseba Eguibar. (EFE)
El portavoz del PNV, Joseba Eguibar. (EFE)

Claro que Eguibar (Guipuzcoa) habla mucho y solo encabeza la corriente más radical del nacionalismo, pero es el portavoz en la cámara vasca y fue todo el grupo del PNV el que votó la moción porque no quiere dejar a Bildu en exclusiva el caso catalán (pese a que Urkullu piensa que el secesionismo catalán ha perdido el oremus). La clave es que si bien el PNV está decidido a apoyar a Rajoy (para cambiar cromos) y porque le conviene la estabilidad de España, su gran prioridad es su mercado —el vasco— y su cohesión interna. Ayudar a la estabilidad de España, vale, pero no a costa de dar gas a Eguibar y la propia desestabilización.

El mensaje, el de Aitor Esteban y el de la moción del viernes, es claro: el PNV votará los presupuestos del 2018 cuando se acabe el 155. Y como para Rajoy el presupuesto de este año es vital, porque le permitiría prorrogarlos en el 2019 y acabar la legislatura con normalidad en el 2020, está pendiente de que se acabe, cuanto antes y como sea, el 155. Por eso puede estar más interesado que el mismo Puigdemont en que el independentismo haga pronto 'president' a Turull. ¿Rajoy, forofo de Turull? Nunca en voz alta.

El secesionismo ganó las elecciones catalanas del 21-D y ahora condiciona toda la política española

Con presupuestos y con el horizonte despejado hasta el 2020, Rajoy ya se las arreglará. Rivera puede perder lozanía, Pedro Sánchez no cierra las heridas internas, y —al contrario que Pablo Iglesias— no cae, pero tampoco sube. El escollo prioritario es tener presupuesto y para ello Jordi Turull (u otro similar) debe ser elegido 'president' de la Generalitat antes de junio.

Y es que a Rajoy el 155 le ha salido solo medio bien. Hizo lo inevitable —la DUI no le dejaba otra opción— y acertó al ligarlo a elecciones en el más mínimo tiempo posible. Es lo que le permitió aparecer ante la prensa europea como un presidente constitucional y democrático: no destituía a un gobierno elegido —que también y ha comentado a interlocutores catalanes que le preocupaba— sino que convocaba elecciones, devolvía la palabra al pueblo.

Pero el resultado fue medio malo para Rajoy. O malo: si entiendes alemán a medias, no te enteras. Convocó elecciones, pero no impidió (quizás no pudo o no supo) que el calendario electoral coincidiera (o se contaminara) con procesos judiciales que llevaron a la prisión incondicional, sin fianza y antes de juicio, a políticos que —usen el calificativo que prefieran— una amplia mayoría de catalanes —los que tenían que votar el 21-D— creen que son presos políticos según acreditadas encuestas de GAD3, que trabaja para el 'ABC' y 'La Vanguardia'. Además —desde el punto de vista del Estado— no había prisa objetiva porque los graves delitos imputados no prescriben en 55 días. Ni en 55 meses.

Sea por lo que sea el independentismo, pese a su descrédito por la patochada de la DUI, ganó las elecciones (por los pelos) y condiciona ahora toda la política española. Pero el separatismo tampoco sabe qué hacer con su victoria. Si el 21-D hubiera perdido no solo tendería a rectificar, sino que estaría obligado. Pero ¿cómo rectificas cuando los electores te han dado la razón, aunque sea por los pelos?

Conclusiones: Una, el independentismo elegirá algún día a Turull porque no sabe (ni mayoritariamente quiere) repensarse. Dos, el Gobierno Rajoy está ahora pendiente de que Puigdemont deje elegir a Turull (o a alguien similar) lo más rápidamente posible.

Confidencias Catalanas
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