La España de la moción

Pedro Sánchez tenía que presentarla, pero quizás lo mejor para él sería que lo hiciera bien y la supiera perder

Foto: Pedro Sánchez, junto a José Luis Ábalos y Carmen Calvo, este 21 de mayo de 2018 en la reunión del plenario de la ejecutiva federal del PSOE.
Pedro Sánchez, junto a José Luis Ábalos y Carmen Calvo, este 21 de mayo de 2018 en la reunión del plenario de la ejecutiva federal del PSOE.

El miércoles pasado muchos creímos que la aprobación de los Presupuestos garantizaba cierta estabilidad política hasta 2020. Bueno, no era lo peor que podía pasar. Pero el jueves al mediodía, cuando se conoció la sentencia de la Gürtel, todo cambió. Es una sentencia muy dura para el PP. Primero por las muchas y graves condenas: 51 años de cárcel para Francisco Correa, 34 para Luís Bárcenas, tesorero del PP durante muchos años con muy respetables cuentas en Suiza… Segundo, porque explicita que el partido dispuso de una red paralela de financiación y le condena por beneficiario a título lucrativo. Por último, porque no da credibilidad a lo afirmado por el presidente del Gobierno en su declaración en el juicio oral, como testigo, el pasado julio.

Albert Rivera declaró inmediatamente "esto lo cambia todo". Todo no, pero bastante. El 'ABC', el diario tradicional de la derecha, afirmó que la sentencia abría una grave crisis política en España, y ayer los dos diarios mas vendidos en la capital, 'El País' y 'El Mundo', pedían imperativamente unas elecciones anticipadas.

Fijémonos en el dramatismo del editorial de 'El País': "La gobernabilidad de España no puede estar en manos de un líder político que ha perdido toda credibilidad. El goteo de escándalos de corrupción con los que Rajoy y el PP pensaban que podían sobrevivir se ha visto truncado por la sentencia que inunda y anega a la formación gubernamental en una serie de hechos probados a cada uno más demoledor e inaceptable…Perdida la confianza en el líder y el partido que gobierna toca, por tanto, dar la palabra a los ciudadanos para que se pronuncien…Ir a las urnas asoma como la única opción para lograr una mayoría de gobierno estable y coherente que tome el timón y rescate a España de la grave crisis producida por la devastadora sentencia del caso Gürtel y el desafío secesionista".

¡Cómo sabe el diario de Prisa que de unas elecciones saldría tal mirlo blanco! Pero lo relevante es que el único que constitucionalmente puede convocar elecciones generales es el presidente del Gobierno y este ha dejado claro que no piensa hacerlo.

Pedir elecciones generales es un brindis al sol porque solo Rajoy —que no quiere— puede constitucionalmente convocarlas

Me parece algo exagerado el juicio tan negativo de 'El País' sobre Rajoy, pero no hay duda de que la opinión de izquierdas —y mucha de centro e incluso derecha— la comparte. Entonces, si 'El País' —que no simpatiza con Pedro Sánchez— piensa lo que escribe del Gobierno, ¿cómo podía Pedro Sánchez escurrir el bulto y no presentar la moción? Al líder de la oposición lo pagamos para que haga la vida difícil al gobierno y el sentido de Estado lo ha demostrado apoyando a Rajoy con el 155. ¿Tenía también que mirar hacia otro lado con la sentencia de la Gürtel o "matizar" su contenido como ha hecho Rajoy? Una parte de la izquierda y todo el independentismo habría proclamado que vivimos en un abyecto régimen PP-PSOE y, lo peor, no habría merecido el título de líder de la oposición. Y Pedro Sánchez, ciertamente político ambicioso —aunque no más que otros— legítimamente no quiere perder —a beneficio de Pablo Iglesias— su empleo actual, cosa que tampoco sería buena para España.

Mariano Rajoy durante su comparecencia del viernes. (Reuters)
Mariano Rajoy durante su comparecencia del viernes. (Reuters)

Es lógico que Rajoy (que es Rajoy) quiera seguir gobernando pese a un escándalo grave que empezó hace nueve años con una investigación del juez Garzón, que fue luego apartado de la magistratura. El líder del PP (entonces en la oposición dijo que "la Gürtel no era una trama del PP sino una trama contra el PP", sobreentendido que de Rubalcaba y el PSOE).

Es cierto que la moción generará inquietud en los mercados. Y que esa inquietud —unida a lo que pasa en Italia— no es buena ni para Europa. Pero ¿unas elecciones generales —como piden 'El País', 'El Mundo' y Albert Rivera— no tendrían el mismo efecto? Rajoy luchará para sobrevivir (tiene todo el derecho) pero afirmar que el líder del PSOE pasará a la historia de España como un Judas, como ha hecho un dirigente popular, es un exceso que solo descalifica.

Es muy difícil que la moción salga porque el líder socialista no puede ceder al secesionismo y el PNV acaba de salvar a Rajoy

El primer problema de la moción —que no es menor y que por lo tanto plantea serios riesgos a Pedro Sánchez si no navega bien— es que es muy difícil (no imposible) que prospere. Como ya se vio en las elecciones de diciembre del 2015 y de 2016, en España hay una mayoría (amplia) de ciudadanos que preferirían que el PP no gobernara. El problema —y la fuerza de Rajoy— es que los partidos que votan estos ciudadanos piensan diferente sobre casi todo y son incapaces de pactar nada.

Y esto puede volver a repetirse ahora. Cs solo está interesado en el adelanto electoral porque Albert Rivera —que tiene tanta o más ambición que Rajoy o Pedro Sánchez— cree que le favorecería e incluso le podría llevar a la Moncloa. No apoyará pues la moción y ayer su secretario general, Juan Manuel Villegas, rechazó rápidamente la aproximación del secretario de organización del PSOE, José Luís Ábalos, que por la mañana en la COPE había entreabierto pactar una fecha electoral. Por cierto, la propuesta de Rivera de una moción instrumental que desembocara en un diputado del montón cuya única misión —una vez investido— fuera la de disolver las Cortes, suena más a IV República francesa que a la moción de censura constructiva a la alemana (con candidato a presidente y programa de gobierno) a la que obliga la Constitución española que prioriza la estabilidad. ¿Está sugiriendo Rivera un fraude a la Constitución? Tendría que haber consultado antes a Francesc de Carreras.

Pablo Iglesias y Pedro Sánchez durante la reunión sobre las negociaciones para buscar acuerdos parlamentarios el pasado mes de julio. (EFE)
Pablo Iglesias y Pedro Sánchez durante la reunión sobre las negociaciones para buscar acuerdos parlamentarios el pasado mes de julio. (EFE)

Sin Cs, Pedro Sánchez solo ganaría con el apoyo de Podemos, Compromís, ERC, PDeCAT, Bildu y PNV que le darían 180 diputados, cuatro más de los necesarios. Ya tiene el de Pablo Iglesias —que desea redimirse de lo del 2015 cuando quería controlar el CNI— y puede obtener con algún gesto el voto de los diputados de ERC que querrán volver a un juego político más normal (pese a Rufián), pero los puigdemontistas, que no mandan en el grupo parlamentario del PDeCAT pero que lo condicionan mucho, exigirán cosas imposibles hoy (Torra ya ha hablado de los presos) para un candidato que es el líder de un partido que ha votado el 155. Sánchez tiene pues el riesgo de que el puigdemontismo le haga perder la votación y ayude así —como en la votación clave del 2016 hicieron Podemos, ERC, el PDeCAT y el PNV, pero no Cs— a Mariano Rajoy. Y ese riesgo subirá los próximos días cuando Puigdemont se crea imprescindible, y condicione a Marta Pascal y a Carles Campuzano.

Pero la clave está en el PNV. Es difícil que el PNV se pueda sumar, por coherencia, a la censura a un presidente al que hace pocos días ha salvado de la quema. Pero no es lo mismo apoyar la estabilidad política votando los presupuestos que sostener a un partido, al que sus electores juzgan corrupto, tras la sentencia de la Gürtel. ¿Qué decidirán Iñigo Urkullu y Andoni Ortuzar? Me inclino a creer que hay un 66% de posibilidades de que se abstengan (o sea, voten contra Sánchez) y un 33% de que apoyen la moción. Su brújula —aparte de la coherencia y la auscultación del electorado vasco— es "a río revuelto, ganancia de Cs que van contra el concierto". ¿La moción de censura llevará a un gobierno de Sánchez más débil que favorecerá a Cs y facilitará unas rápidas elecciones? Votarán en contra. ¿Un gobierno Sánchez sería más fuerte que el de un Rajoy debilitado? Votarían a favor. Toda España les volverá a mirar si Puigdemont no impide que el PDeCAT vea en Sánchez el traidor y acabe favoreciendo a Rajoy.

Para Pedro Sánchez el primer riesgo de la moción es perderla. Se podría consolar pensando que Felipe González fue derrotado por Adolfo Suárez y salió reforzado y que él es más político que Hernández Mancha, que la perdió contra Felipe González y sucumbió. Aunque ambos tienen en común no ser diputados.

Si la moción prospera, Pedro Sánchez tendrá un éxito, pero entonces lo difícil será gobernar con el PP y Cs irritados y solo 85 diputados

Si la moción prospera, Sánchez tendrá un gran éxito. Y muchos le verán cualidades insospechadas. Pero entonces empezará el segundo riesgo que no es menor -–más peligroso— que el primero. Con solo 85 diputados fieles (los suyos) y la desconfianza o la animadversión de todos los otros grupos, ¿cómo podría gobernar? Cierto qué si la moción se vota después del 19 de junio, ya tendrá unos presupuestos aprobados (cosa que tampoco dejará de mirar el PNV). No son unos presupuestos conservadores sino acomodaticios, pero no responden tampoco a la generosa lista social que oí ayer a Carmen Calvo en la SER. En estas circunstancias, ¿si Rajoy con 136 podía aguantar hasta el 2020, no puede Sánchez con 85 llegar a la primavera del 2019 y juntar las elecciones con las europeas, autonómicas y municipales? Una gran macroelección dentro de un año.

Sería una proeza. El PP y Cs —frustrados— se le lanzarán al cuello cada día, los independentistas irán a lo suyo (como ahora), los mercados pueden ponerse nerviosos, el nuevo gobierno italiano puede zarandear al euro…

Pedro Sánchez, durante la reunión de la Ejecutiva Federal del partido el pasado viernes. (EFE)
Pedro Sánchez, durante la reunión de la Ejecutiva Federal del partido el pasado viernes. (EFE)

Entonces, ¿Pedro Sánchez ha hecho bien en presentar la moción y lo mejor para él sería perderla? Es un contrasentido, pero todo dependerá (es difícil que la gane) de cómo sepa perderla. De la coherencia política y económica del discurso, de cómo sintonice con la opinión pública (las dos cosas no son lo mismo), del clima que genere, de la réplica documentada y no crispada a los otros líderes, de cómo le trate la prensa…

Las dos únicas opciones reales a las que se enfrenta España plantean un espinoso futuro para los próximos meses

En 1955, tras lograr la paz en Túnez e Indochina, Pierre Mendes-France, quizás el político francés intelectualmente más sugerente del siglo XX, tenía gran prestigio y presidía un gobierno de centro-izquierda al que grupos de derecha y de centro le hacían guerrilla parlamentaria. Reaccionó con una moción de confianza sui generis: no aceptaría los votos comunistas. Era plena guerra fría y el estalinismo estaba vivo. Si los votos contrarios superaban a los favorables (excluyendo de estos a los comunistas) dimitiría inmediatamente. Mendes-France dejó un gran recuerdo y todo el resto de su vida fue un referente. Nunca volvió a ser presidente del Gobierno y el general de Gaulle, con su vuelta al poder en 1958, se convirtió en el salvador de Francia por segunda vez.

Pedro Sánchez no quiere ser Mendes-France (y Puigemont tampoco es Stalin) pero debería aprender de la severidad y el tono de aquel discurso. Con la moción de censura se ha metido en un gran lío, pero ser líder de la oposición a un presidente correoso como Rajoy no es tarea fácil.

Pase lo que pase, el horizonte español se va oscureciendo cuando las consecuencias de la crisis solo se empieza a superar, muchos problemas de fondo siguen vivos, los vientos de cola favorables tienden a flaquear e Italia, la tercera economía del euro, es una inquietante incógnita. Y en este marco solo tenemos dos opciones. Una, un gobierno Rajoy debilitado, a la espera de nuevas sentencias peligrosas y que seguramente no podrá durar hasta el 2020. Dos, un gobierno Sánchez que ilusionará a la izquierda, hará promesas (no siempre fáciles de cumplir) y tendrá el apoyo de solo 85 diputados sobre 350.

Es lo que hay. Con esto tenemos que vivir.

Confidencias Catalanas

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