Apuesta catalana: bajar la tensión

El Gobierno espera que la inminente cumbre Sánchez-Torra sirva para lograr unos mínimos de confianza que permitan desescalar

Foto: El presidente de la Generalitat, Quim Torra, y el primer secretario del PSC, Miquel Iceta. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Quim Torra, y el primer secretario del PSC, Miquel Iceta. (EFE)

¿Qué estrategia tiene el Gobierno Sánchez en Cataluña? De los hechos y declaraciones de los últimos días puede colegirse que el primer objetivo es rebajar la tensión y desescalar, para lograr unos mínimos de confianza y lograr algunos acuerdos que permitan luego —en un futuro a determinar— abrir una negociación más seria. El Gobierno cree que es una vía difícil, pero que hay que intentarla, aunque no sea seguro que funcione porque todo dependerá de la actitud del independentismo, que hoy aparece dividido y sin liderazgo claro. La otra vía —la del palo— ya se aplicó cuando fue necesaria con el 155 y sirvió para impedir la vía unilateral. Pero luego el secesionismo volvió a ganar las elecciones del 21-D manteniendo su porcentaje del 47%.

En realidad, la única solución válida sería que el independentismo —o una parte sustancial de él— trasladara a objetivo máximo de futuro lo que proclamaba que hoy ya sería una realidad y que se ha demostrado falso (la independencia). O que en unas próximas elecciones el secesionismo fuera derrotado en las urnas y perdiera su actual mayoría parlamentaria.

El Gobierno y el PSC creen que la política que propone Cs de aplicar otro 155 para limitar el autogobierno —que no era tampoco la actitud del Gobierno Rajoy— tendría más efectos negativos que positivos. Solo conseguiría enervar más las posiciones y ahondar la división de la sociedad catalana. Por eso, el Gobierno ha decidido tomar iniciativas que, sin salirse un milímetro del marco constitucional, abran la vía del diálogo. Eso implica no negociar nada contrario a la legalidad constitucional, pero dejar claro que el 155 se ha acabado, que el Gobierno catalán es hoy un Gobierno legal y que por lo tanto no hay que limitar el autogobierno estatutario. Por eso se levantó ya la semana pasada el control financiero de la Generalitat, y por eso no ha habido oposición ni verbal ni legal a la reapertura de Diplocat, las oficinas en el exterior que también tienen otras CCAA. Y ello pese a los precedentes. El propio Josep Borrell ha dejado claro este último extremo.

Grande-Marlaska abre la puerta a un traslado de los presos a prisiones más cercanas a sus domicilios


El Gobierno también ha entreabierto la puerta —ahí están las declaraciones del ministro del Interior, el juez Grande-Marlaska— a un traslado a Cataluña, o a prisiones más cercanas, de los presos por el 27-O, una vez haya concluido la fase de instrucción (lo que es inminente). Y el propio Llanera ha admitido que esa es una competencia de Instituciones Penitenciarias. Es un asunto delicado pero relevante, porque la situación de unos presos a los que se ha aplicado la prisión provisional e incondicional sin fianza antes de ser juzgados es una de las banderas de protesta de las entidades separatistas, que además tiene un amplio eco en la sociedad catalana que supera incluso las fronteras del independentismo.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. (EFE)
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. (EFE)


También es relevante el nombramiento de Teresa Cunillera como delegada del Gobierno en Cataluña. Cunillera, diputada del PSC en Madrid desde la primera mayoría absoluta de Felipe González en 1982 y durante seis legislaturas, es una persona de la máxima confianza tanto de Miquel Iceta como de Pedro Sánchez, ya que fue dirigente de la primera campaña de sus primarias. También fue la representante del PSC en la gestora del PSOE que se formó tras la gran crisis entre el socialismo catalán y el PSOE, cuando los diputados del PSC no siguieron las instrucciones de la gestora, y se le atribuye la virtud de saber combinar la firmeza en los objetivos con la flexibilidad negociadora.

¿Será fructífera esta estrategia o es fruto de un voluntarismo condenado a fracasar porque los independentistas no variarán un ápice sus posiciones? Miquel Iceta explicó las razones de esta apuesta el pasado jueves en una entrevista a Mónica Terribas en Cataluña Radio. Dijo que había que distinguir entre la coincidencia y la búsqueda de unos grados mínimos de confianza. Mientras que la coincidencia (el acuerdo) será imposible en el próximo encuentro entre Sánchez y Torra, porque uno defiende la Constitución y el otro la independencia de Cataluña, sí debería ser posible lograr el establecimiento de unos mínimos de confianza que son imprescindibles, primero para desescalar y luego para avanzar en alguna dirección. Si Torra cree que Pedro Sánchez quiere erosionar el autogobierno, será difícil llegar a algún acuerdo. Pero a la recíproca, si Pedro Sánchez escucha demasiadas declaraciones de Elsa Artadi —y de otros— sobre que la vía unilateral sigue abierta, tampoco tendrá confianza suficiente para negociar alguna cosa relevante. El objetivo, pues, de la reunión Sánchez-Torra sería lograr unos mínimos de confianza.

Iceta reconoció que la reunión con Torra de la semana pasada fue razonablemente bien


¿Puede el independentismo transitar hacia una disminución de la tensión, desescalar, lograr acuerdos parciales y finalmente negociar sobre aspectos más relevantes? En el PSC ni lo creen ni lo dejan de creer, pero el propio Iceta reconoció en Cataluña Radio que la reunión con Torra de la semana pasada fue razonablemente bien. También es interesante una entrevista de Torra en el diario 'Ara' (independentista pero que se ha desmarcado del unilateralismo), en la que dice que espera no solo poder dialogar con Sánchez, sino también negociar. Y preguntado sobre qué esperaba de la próxima reunión con Sánchez, contestó con realismo: un acuerdo para una nueva reunión.

En el independentismo hay hoy división y falta de dirección. Por una parte, ERC y el PDeCAT son partidarios de buscar una negociación y renunciar —admiten que no hay otra opción— al unilateralismo. Pero por la otra, el grupo parlamentario de JxCAT (en el que está el PDeCAT) sigue las indicaciones de Puigdemont, partidario de no cesar en el enfrentamiento. Torra fue elegido por Puigdemont, pero Puigdemont ha perdido una batalla importante al no poder evitar que los diputados independentistas de Madrid votaran la moción de censura a favor de Sánchez. Por otra parte, Torra es el 'president' y el que tiene la máxima responsabilidad. ¿Puede seguir apostando por un camino que se ha demostrado imposible como es la unilateralidad? ¿Tiene capacidad, poder y voluntad para iniciar un viraje?

Será imprescindible lograr un consenso catalán aprobado por las dos terceras partes del Parlament


El PSC y el PSOE se lo quieren poner fácil. José Luis Ábalos, quizás el ministro más próximo a Pedro Sánchez, afirmó el pasado domingo en 'ABC' que Torra era el presidente de la Generalitat y que, hoy por hoy, lo relevante no era tanto lo que dijera como que respetara la legalidad. Traducción: Torra puede decir lo que quiera, pero no puede saltarse ni por un momento el ordenamiento constitucional. Pero, por otra parte, Miquel Iceta ha dejado claro últimamente y en varias ocasiones que en la negociación final, “de Gobierno a Gobierno”, que Torra pretende se deberán tener en cuenta no las exigencias del 47% independentista de la población catalana, sino lo que resulte de un consenso más amplio y transversal que reúna como mínimo a las dos terceras partes de los diputados del Parlament, el mínimo que exige el Estatut para cualquier cambio estatutario. Ello exigiría el logro en Cataluña de un previo pacto interno que no será nada fácil. Pero los optimistas apuntan que en la reunión con Xavier Domènech, el líder de En Comú Podem, Torra pareció aceptar la constitución de una comisión que buscara un pacto político amplio en Cataluña.

La propuesta Sánchez está ahí. ¿La entenderá Torra y la permitirá el independentismo? ¿La intentará impedir el PP, jaleado quizá por Cs, que obtuvo el apoyo del PSOE cuando no hubo otro remedio que aplicar el 155? La realidad es que, de momento, ni los catalanes ni los españoles confían en que el nuevo Gobierno tenga éxito en este hueso duro de roer. Una encuesta de 'El Periódico de Cataluña' de ayer sábado era muy positiva para Sánchez, pues daba al PSOE la primera posición, con el 28,6% de los votos, ocho puntos mas que en abril. Además, el 65% de los encuestados aprobaba el cambio de Gobierno. Pero, respecto al conflicto catalán, el 68% (frente al 27%) tiene poca confianza en que el nuevo Gobierno lo pueda resolver. Y los optimistas son todavía menos en Cataluña, donde se quedan en el 15%.

Parece pues que resolver el conflicto catalán que se viene agravando desde 2006 será complicado. Al menos, bastante más que el vuelco del mapa electoral español en que Pedro Sánchez y el PSOE han arrebatado en 15 días la primera posición a Albert Rivera y Cs.

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