Cuando Cataluña reclama sosiego

El 77% de los catalanes cree que el acercamiento de los políticos presos sería un gesto que ayudaría a la desinflamación y el 76% no aprueba la prisión sin fianza

Foto: El presidente catalán, Quim Torra (d), y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, momentos antes de la reunión que mantuvieron este lunes en el Palau de la Generalitat. (EFE)
El presidente catalán, Quim Torra (d), y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, momentos antes de la reunión que mantuvieron este lunes en el Palau de la Generalitat. (EFE)

En mi crónica del domingo pasado ya dejé claro que la negociación entre los Gobiernos de España y Cataluña sería lenta porque el primer paso, la distensión y la desinflamación, bien expuesto por la ministra de Justicia hace unos días y condición previa para todo, avanzaba a paso de tortuga. La alambicada presencia del 'president' Torra el viernes pasado en la inauguración en Tarragona de los Juegos del Mediterráneo -tras asistir a una previa manifestación contra la presencia de Felipe VI- lo demostró palmariamente. Y ayer mismo Torra insistió en que Cataluña no podía renunciar al 1 de octubre -dijo que había que ir hacia su repetición- y Pedro Sánchez contestó desde Alemania que el 1 de octubre era una fecha para olvidar. En estas condiciones el 9 de julio -el día de la primera entrevista Sánchez-Torra- es contemplado con cierta aprehensión porque parece que el orden del día que preparan la ministra Meritxell Batet y la 'consellera' Elsa Artadi no progresa adecuadamente.

Pese a todo hay un cauto optimismo de fondo. El Gobierno Sánchez está decidido a seguir con la política de desinflamar primero y negociar después, pero siempre en el marco de la Constitución. Y el independentismo sabe que el fracaso de Sánchez no le sería rentable. En primer lugar porque Sánchez ha sido relativamente bien acogido en Cataluña (y en España) y si fracasa por culpa de su intransigencia, el secesionismo será juzgado con gran severidad no solo por el PNV sino también por Podemos ya que Pablo Iglesias tras su entrevista con Torra se atrevió a declarar que el independentismo iba a renunciar a la vía unilateral, lo que luego las declaraciones de Torra han desmentido más que confirmado.

Cuando Cataluña reclama sosiego

Pero más a medio plazo el independentismo, si no flexiona, tiene ante si dos graves riesgos. El primero es no ser seguido por la opinión pública catalana. El 47% de las últimas elecciones es insuficiente… y puede disminuir. El segundo es más grave porque podría coadyuvar a una mayoría absoluta del PP y Cs que aplicara otro 155 pero más duro y con carácter indefinido. Sería una medicina que no arreglaría nada, pero muy dañina para Cataluña y para el independentismo. Y es lo que están proponiendo ya tanto Rivera como algunos de los candidatos al liderazgo del PP.

Pero el cauto optimismo de fondo se basa fundamentalmente en lo que piensa -contradicciones incluidas- el electorado catalán. La encuesta de GAD3 publicada por 'La Vanguardia' el domingo pasado lo atestigua. Antes que nada, demuestra que Josep Borrell no es un excéntrico o un irresponsable como proclama el 'agit-prop' separatista. En efecto, su desconfianza en Torra para negociar una salida al conflicto catalán diferente al referéndum o a la independencia tiene un amplio respaldo en la sociedad catalana (56,5% contra 36,6%). Además, el 54,7% (contra el 18%) cree que Puigdemont no debe tener ningún papel directo en la posible negociación. Son datos que el independentismo no puede dejar de tener en cuenta. Pero los partidos españoles también deben tener presentes otros datos diferentes. El 32,2% de los encuestados dice que el Gobierno catalán (el de Torra) es el más predispuesto al diálogo mientras que solo el 20% opina lo mismo del Gobierno Sánchez, el 22,5 % cree que los dos gobiernos quieren negociar y el 20% que ninguno de los dos desea un diálogo serio.

La mayoría de catalanes comparte la desconfianza de Borrell ante Torra y el 55% cree que Puigdemont no debe intervenir en negociaciones

La conclusión es que Cataluña no solo está partida entre los independentistas (47%) y el resto, menos compacto, sino que está muy confusa y que la ciudadanía puede decantarse por quienes muestren menos intransigencia. El 53,4% de los catalanes (contra el 21,5%) tiene una opinión positiva del nuevo Gobierno Sánchez y el 62% (contra el 29%) cree que comportará un cambio de actitud respecto a Cataluña. Sánchez tiene base para creer que puede ganar la batalla de la opinión pública catalana. Pero debe ser frío y calibrar que pisa un terreno muy resbaladizo. No solo porque le puede causar (ya ha empezado) una campaña contraria de la derecha acusándole de pactos turbios con el independentismo sino porque, pese al prejuicio favorable, el 44% de los catalanes (cierto que solo contra el 41%) no cree que Cataluña esté bien representada con los ministros Josep Borrell y Meritxell Batet. Mas preocupante -porque responde a una desesperanza antigua y muy extendida- es que el 53% (contra el 30%) cree que el Gobierno central no tiene un proyecto viable para resolver el conflicto. No creen en lo que dice aquel poema de Machado -tan aplaudido cuando lo canta Joan Manuel Serrat- “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Pero el PSC seguro que ve -y no sin motivos- una muy positiva evolución de la opinión catalana en el dato de que si bien un 40% suscribe la tesis tradicional (más bien soberanista) de que la negociación debe ser de gobierno a gobierno (entre Madrid y los independentistas), un 37% cree que dicha negociación debería partir de un pacto previo interno en Cataluña entre los independentistas y los no independentistas, la tesis que vienen sosteniendo tanto Miquel Iceta como Xavier Domènech (En Comú Podem) y a la que el 'president' Torra entreabrió la puerta en su reciente entrevista con Domènech. Sería algo definitivo porque si se acepta la necesidad de un pacto interno transversal que reúna a las dos terceras partes del Parlamento catalán, la reivindicación del 1 de octubre decae automáticamente y pierde todo sentido.

El PSC se beneficia del efecto Pedro Sánchez y quedaría ahora primero en unas elecciones legislativa. ERC ganaría las autonómicas

La encuesta también dice que si ahora hubiera elecciones el independentismo sacaría 70 diputados con lo que repetiría la mayoría absoluta (68 escaños), si bien se observa una muy ligera inflexión. En el secesionismo ERC, en posiciones más realistas siguiendo el discurso de Joan Tardá, sacaría ahora cinco diputados más que la lista Puigdemont. Y en el constitucionalismo el PSC ganaría dos escaños a costa de Cs. Pero la resurrección del PSC gracias al efecto Pedro Sánchez sería más fuerte en las legislativas, donde el PSC obtendría más votos que ERC y los mismos diputados (9) por delante de ECP (8 y bajando), PDeCAT (7 y bajando), Cs (6, subiendo uno pero con poco traslado del voto autonómico a las legislativas) y PP (4, bajando).

No obstante, lo más espectacular de la encuesta es que respalda de forma rotunda la tesis de la conveniente desinflamación de Pedro Sánchez, la ministra de Justicia, Dolores Delgado, y el PSC. Nada menos que el 77,7% de los catalanes (contra el 18,1%) cree que el acercamiento de los políticos presos a Cataluña sería un gesto del Gobierno español que facilitaría la negociación. Además, el 76,7% (contra el 19,3%) no cree justificado que el vicepresidente Junqueras y otros 'exconsellers' permanezcan en prisión preventiva y el 68,8% (contra el 27%) no cree justo que sean acusados de rebelión.

Estos son los datos de la Cataluña actual. Una Cataluña dividida, confusa, en la que se abre camino lentamente la distensión y que cree que un gesto con los presos (la política es muchas veces gestos) podría desinflamar, proporcionar sosiego y acabar desbloqueando el conflicto. Son los datos de GAD3, que no es un instituto sospechoso de connivencia con el separatismo (trabaja también para el 'ABC'). Es posible que para relevantes sectores del 'establishment' y de la opinión pública española estos datos sean difíciles de admitir y todavía más de digerir. Pero es lo que hay. ¿Se puede resolver el conflicto catalán ignorando lo que piensa el 77% de los catalanes? Sería una actitud más suicida que temeraria. Y además el propio Felipe González, que no es precisamente del PSC, ya dijo hace unos meses que le costaba mucho ver el delito de rebelión. Aunque añadió que el juez Llarena podía tener más información.

Si el Gobierno Sánchez (y la derecha) no quieren eternizar (llevamos ya doce años) el cáncer que para España y para Cataluña es el actual conflicto harían bien en estudiar los datos de GAD3. El 47% de catalanes que se han hecho independentistas (en el 2006 eran el 20%) no puede ser ninguneado. Con el 77% que solicita medicinas desinflamatorias entramos ya en otra dimensión. Ante este 77%, Torra es irrelevante.

Confidencias Catalanas

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