Cuando Quim Torra sorprende

De todas las cumbres entre el presidente del Gobierno y el de la Generalitat, la de Sánchez-Torra es desde 2012 la que, desde posiciones políticas más distantes, acabó con menos distanciamiento

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el 'president' de la Generalitat, Quim Torra. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el 'president' de la Generalitat, Quim Torra. (EFE)

La cumbre tan esperada entre Pedro Sánchez y Quim Torra del lunes transcurrió tal como indiqué en la crónica del domingo. Hubo acuerdo en no esconder las grandes discrepancias de fondo y, al mismo tiempo, en intentar el deshielo en las relaciones entre el Gobierno de España y el de la Generalitat. La prueba es la recuperación de las abandonadas comisiones mixtas que deben tratar de los asuntos entre ambas administraciones.

Sobre el desacuerdo de principios, todo se veía venir desde que Joan Tardà pidió un diálogo sin condiciones, tuvo empeño en recalcar que no reclamaba una “negociación sin condiciones” y la vicepresidenta Carmen Calvo constató que el diálogo debía ser libre y “sin cortapisas”. Así pasó. Torra —según explicó en rueda de prensa— empezó diciéndole a Sánchez que quien debía estar en la reunión no era él sino Puigdemont. Un mensaje doble: protesta por el estatus de Puigdemont y porque haya tenido que huir de España, pero reconocimiento práctico de que se debe hablar pese a que la situación se califique de grave.

Torra habló del derecho de autodeterminación. La vicepresidenta dice que no existe

También dejó claro que había habido un reconocimiento mutuo, ya que Pedro Sánchez —al contrario que su predecesor— había admitido que el conflicto tenía un carácter político y se había podido hablar de todo. Insistió en que Cataluña había celebrado un referéndum el 1 de octubre y una declaración de independencia el 27 del mismo mes y que no podía renunciar al derecho de autodeterminación. También calificó de presos políticos a los dirigentes independentistas encarcelados, subrayó que la Justicia europea y la española les estaban tratando de forma diferente y exigió que cesara lo que calificó de “persecución del independentismo”.

Reunir la comisión bilateral Estado-Generalitat es aceptar de alguna forma el marco autonómico

Torra dijo ayer en Catalunya Ràdio que el 90% del tiempo de la reunión se destinó al derecho de autodeterminación (no especificó si contando o no el paseo hasta la famosa fuente de Antonio Machado), pero en todo caso debió ser algo muy parecido a un diálogo de sordos, porque la vicepresidenta Carmen Calvo explicó en su rueda de prensa que el derecho de autodeterminación no existe ni en España ni en los países democráticos, y que la Justicia —y por lo tanto el juicio a los independentistas depende del Supremo y no del Gobierno.

La novedad es que la discrepancia radical de fondo no impidió que Torra dijera que la reunión había sido positiva, que era importante que Sánchez reconociera que se trataba de un conflicto político, que admitiera la plurinacionalidad de España y que se había sentido escuchado por un presidente que tomaba notas.

La conclusión es que no hubo —era imposible— un acuerdo sobre el contencioso de fondo, pero que eso no iba a impedir la puesta en marcha de la comisión bilateral Estado-Generalitat, que no se reunía desde nada menos que 2011 (en época de Zapatero) y que va estar presidida por la ministra Meritxell Batet por el Estado y por Ernest Maragall, 'conseller' de Acción Exterior de la Generalitat, hermano y colaborador del 'expresident' Maragall, actual militante de ERC y antiguo dirigente del PSC, el partido de Meritxell Batet y Miquel Iceta.

Y lo más relevante es que ayer mismo se concretó que la primera reunión de la bilateral será este mismo mes y que la vicepresidenta Carmen Calvo y el vicepresidente catalán y 'conseller' de Economía, Pere Aragonès, se verán este mismo jueves. El resto de las comisiones mixtas lo harán después.

¿Qué implica este doble mensaje? Que Torra no renuncia al objetivo de la independencia porque, pese a que el 27-O fue un fracaso, los electores —con el 47% de los votos— volvieron a dar la mayoría absoluta al independentismo en las elecciones del 21-D convocadas por Rajoy al amparo del 155. Y el secesionismo, dividido, no quiere o no puede renunciar a sus banderas para no desmovilizar al 47% que lo vota desde 2012. No hay renuncia, pero sí parece haber decisión de —más en los hechos que en las palabras— no exacerbar y contener el conflicto e incluso operar —confesándolo lo menos posible— dentro del marco autonómico, que ahí tienen su razón de ser las comisiones bilaterales.

Torra da un paso hacia el realismo que le aleja de la CUP y los CDR

¿Por qué Torra da este medio paso hacia el realismo, que rápidamente le ha sido reprochado por la CUP y los CDR, que han llegado a pedir su dimisión? Seguramente porque no puede hacer otra cosa. Aunque no lo pueda admitir, el 155, aplicado por el PP, el PSOE y Cs, dejó claro que la secesión unilateral es un imposible en la Europa actual. Necesita ganar tiempo para seguir gobernando y afrontar desde la Generalitat el juicio al independentismo. ¿Luego?

El separatismo está cada día más fragmentado y no hay hoja de ruta futura. Es mas, es posible que haya hojas de ruta diferentes. La CUP ya ha dicho que está en la oposición. Y de hecho la reunión de este lunes —aplaudida con distinta intensidad por JxCAT, ERC, el PSC y ECP (Colau y Domènech)— fue censurada con acritud, por motivos contrapuestos, tanto por el PP y Cs como por la CUP y los CDR. Al parecer, creen que el diálogo es imposible y apuestan por su fracaso.

Para Pedro Sánchez, este marco de relaciones no es el objetivo, pero sí un camino. Ha dicho con claridad que el conflicto —que viene de cuando la aprobación del Estatut en 2006 y la sentencia del Constitucional de 2010— es muy antiguo y no se puede resolver a corto plazo. Necesita un periodo previo de desinflamación, como dijo desde el primer día la nueva ministra de Justicia. Contener el conflicto e intentar normalizar las relaciones con la Generalitat —siempre que Torra no se salga del marco constitucional— es un paso positivo en su estrategia. Pero todo es muy frágil. La inhabilitación ayer por el juez Llarena de Puigdemont, Junqueras y otros cuatro diputados y todavía más el próximo juicio contra los dirigentes independentistas pueden hacer saltar por los aires esta estrategia de distensión.

No obstante, en medios socialistas se subraya que el encuentro fue mejor de lo esperado. Y de alguna forma fue así. Es la primera vez en que —pese a que las diferencias políticas son más profundas que nunca— la entrevista entre un presidente del Gobierno y un presidente de la Generalitat acaba sin la habitual confrontación y con amenazas, más o menos veladas, de ruptura. Acordémonos de las últimas entrevistas Rajoy-Mas, o Rajoy-Puigdemont, o incluso de la de Rajoy-Mas de septiembre de 2012 —en la que la demanda de Artur Mas era solo un pacto fiscal—, y comparémoslas con la relativa satisfacción de Torra el lunes, admitiendo que la disposición de Sánchez a escuchar y aceptar que se está ante un conflicto político y el compromiso de un nuevo encuentro en Barcelona en otoño le hace afirmar que quizá se está abriendo una nueva etapa.

Cuando Quim Torra sorprende

¿Por qué Torra, que ha usado los malos modos cuando la inauguración de los Juegos del Mediterráneo, en su actitud agresiva contra el embajador Morenés en Washington y en la ruptura de relaciones con la Casa Real (que ayer dijo mantener), adoptó el lunes una actitud más contemporizadora?

Quizá la fuerza de la gravedad del 155 está teniendo efectos retardados. Sin el 155 contra la DUI del 27-O, ningún líder independentista habría actuado como Torra el lunes. También parece claro que el nuevo clima que ha provocado el cambio de Gobierno tiene su influencia. Ni el independentismo más radical —del que Torra forma parte— quiere quedar como intransigente cuando —como demuestra la encuesta de 'El Periódico' del lunes— el 62% de los catalanes prioriza una mayor autonomía a la independencia.

La actitud abierta de Sánchez y su confianza en el diálogo pueden también haber influido por su contraste con la actitud rigorista de Rajoy y la hostilidad de buena parte del PP con el catalanismo, que ahora se palpa en la batalla entre Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado.

Cuando Quim Torra sorprende

Pero ¿por qué el lunes y no hace 15 días? Misterio. Quizá porque las cosas tardan en madurar. O porque Torra —como Pedro Sánchez— ha llegado a la conclusión de que el diálogo le puede convenir. Si Torra apostara a bajar la tensión frente al maximalismo de algunos de los suyos, estaríamos ciertamente ante una nueva etapa.

Pero esta conclusión es precipitada. Habrá que ver la actitud del secesionismo las próximas semanas y también la capacidad de Sánchez para aguantar la presión del tremendismo con que el PP y Cs están acogiendo el intento de deshielo. La actitud de la CUP es coherente con su ideología, las críticas de Albert Rivera e Inés Arrimadas —que quieren ser el equivalente al liberalismo avanzado de Macron en España— son más difíciles de entender. La política no es monopolio del blanco o negro, es mucho más poliédrica.

Confidencias Catalanas
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