Los porqués de Joan Rosell
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Joan Tapia

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Los porqués de Joan Rosell

Muchos empresarios creen que superar el conflcito precisa un pacto interno en Cataluña y no exigir la previa rendición del secesionismo

placeholder Foto: El empresario y exdiputado de UDC Josep Sánchez Llibre (d), y el presidente de la CEOE, Joan Rosell (i) a su llegada a el Fórum Europa Tribuna Cataluña. (EFE)
El empresario y exdiputado de UDC Josep Sánchez Llibre (d), y el presidente de la CEOE, Joan Rosell (i) a su llegada a el Fórum Europa Tribuna Cataluña. (EFE)

Bastaba asistir el jueves a la presentación oficiosa en Nueva Economía Forum de Josep Sánchez-Llibre, vicepresidente de Conservas Dani y durante años diputado del CiU en Madrid (por Unio) a la presidencia del Foment, para constatar que el tan pregonado choque entre España y Cataluña no refleja toda la realidad. Sí, hay choque político entre las cúpulas, divididas, de los partidos separatistas y las del PP y C´s. Y también emocional entre muchos de sus seguidores y simpatizantes.

Pero la desconexión va por barrios y parece que hoy no existe en el empresariado. El jueves, avalando a Sánchez-Llibre, estaban en Barcelona el todavía presidente de la CEOE, Joan Rosell, el futuro presidente, Antonio Garamendi y el presidente de la patronal madrileña, Juan Pablo Lázaro. Las dos cúpulas patronales -la madrileña y la catalana- se dan apoyo mutuo en sus complejas operaciones de sucesión. Claro que debe haber diferencias, pero tras ocho años de explosión independentista -que Gay de Montella, actual president de Foment ha logrado capear excitando poco los ánimos- las relaciones son mucho mejores que cuando Rosell presidía el Foment y Cuevas la CEOE. Entonces, en un momento tenso de las relaciones entre el PSC y el PSOE, un muy alto dirigente del Foment me espetó: “eso no es nada, las nuestras con la CEOE son mucho peores”.

La operación Sánchez-Llibre demuestra que no hay desconexión entre las cúpulas empresariales de Madrid y Barcelona tampoco entre las sindicales

Rosell, no sin tensiones, eso es imposible en una sociedad plural, ha sabido reconducir las cosas y hoy hay paz entre la CEOE y el Foment. Y la paz empresarial no es la única. Pasa lo mismo entre los sindicatos, donde Pacheco y Unai Sordo se llevan bien en CC.OO y Pepe Alvarez, secretario general de la UGT (antes de la catalana) trabaja en sintonía con el actual responsable del sindicato en Cataluña, Camil Ros, que viene de ERC.

¿Es pues la desconexión entre Cataluña y España algo exclusivo de las cúpulas políticas? En absoluto pero las cúpulas -independentistas y españolistas- tienden a exagerarla porque creen que excitar el nacionalismo más allá de lo sensato es electoralmente rentable.

placeholder Puigdemont durante una entrevista en su viaje a las islas Feroe. (EFE)
Puigdemont durante una entrevista en su viaje a las islas Feroe. (EFE)

¡Ojalá se equivoquen!, pero es cierto que la tensión sigue alta. El independentismo sobrevive a las patadas que el hombre de Waterloo propina a ERC celoso de que Junqueras, que viene de un partido más independentista que la CDC por la que Puigdemont fue alcalde de Girona, le adelante en las encuestas modulando el fundamentalismo. Con todo, Puigdemont ha tenido que retrasar la formación del Consell de la República en el exilio y el lanzamiento de la Crida Nacional per Catalunya como partido. En el PDe.CAT se vive un clima de creciente rebelión contra el hombre que Artur Mas hizo presidente de la Generalitat por decreto y con permiso de las CUP.

Pero más allá del independentismo en Cataluña hay insurgencia y polarización. El jueves, tras que una moción independentista que censuraba al rey y pedía la abolición de la monarquía, fracasara el martes, fue aprobada una muy similar planteada por En Comu Podem (Podemos mas Colau) por 69 votos contra 57 y 4 abstenciones, de la CUP, que no votaron porque juzgaban el texto demasiado blando. Moralmente son 73 votos contra 57. Es algo que los cerebros de Madrid deberían ponderar.

La Cataluña insurgente, que va más allá del independentismo, exige el fin de la monarquía. Es el poso republicano que el juancarlismo adormeció

En Cataluña hay un fuerte poso republicano (de siempre) aunque el “juancarlismo” logró simpatías y durmió al republicanismo que estaba larvado y ahora ha despertado. Mal negocio para la institución que creyó -equivocadamente- que el 27-O del 2017 era como el 23-F del 81, cuando Juan Carlos con uniforme militar salió en TVE a altas horas de la madrugada. Para la opinión pública catalana fueron cosas muy distintas.

Pero la Catalunya insurgente, el independentismo más Podemos, o sea 78 diputados, antes de que JpC quitara el voto por estulticia a cuatro de los suyos, no es toda Cataluña pese a que en el Parlament supere en nada menos que diez escaños la mayoría absoluta. Hay otra Cataluña que, con más o menos énfasis, no quiere ni separarse de España ni condenar una monarquía que desde antes de la Constitución -desde 1977- ha respetado siempre los resultados electorales. Una parte de esta Cataluña se manifestó el viernes, la fiesta nacional de España, en el Paseo de Gracia que logró llenar. La guardia urbana de Colau dice que eran 65.000, los organizadores que 300.000, el instinto y la observación me inclina a pensar que debían rozar los 150.000.

placeholder Miles de personas participan en el centro de Barcelona en una manifestación por la unidad de España. (EFE)
Miles de personas participan en el centro de Barcelona en una manifestación por la unidad de España. (EFE)

Eran muchos. Con muchas banderas españolas, con menos “senyeras” que otros años como contaba ayer Antonio Fernandez en el Confidencial. Un gran éxito sin duda del españolismo de C´s y el PP (Ines Arrimadas y Dolors Montserrat iban en cabeza). Pero eran menos que en las grandes manifestaciones antiseparatistas del año pasado. Faltaba Josep Borrell, mucha gente de la izquierda y en nombre de Sociedad Civil Catalana no habló su presidente Jose Rosiñol. Pero llenar el Paseo de Gracia (algunos independentistas reaccionaron contra la foto que publicó La Vanguardia porque la creían falsa) cuando la vibración separatista ha caído mucho indica que en una parte de Cataluña hay un gran hartazgo. Así uno de los oradores hizo aplaudir el slogan: “ni olvido ni perdón, largos años de prisión”.

Pero es evidente que una Cataluña en la que una parte relevante pide la prisión para los dirigentes que tienen mayoría absoluta en el Parlament es una Cataluña enferma que tendrá dificultades de todo tipo. Ni el españolismo (o el constitucionalismo) se pueden imponer ni el independentismo puede ya continuar con la monserga de que representa a toda Cataluña, o a la Cataluña auténtica. Cada día es más aceptada la idea de que una Cataluña próspera y libre (“rica i plena” dice el himno catalán) precisa un pacto interno. Y que este pacto sólo puede ser mestizo (ni “estelado” ni rojigualdo) y debe integrar a unos y a otros (o a muchos unos y muchos otros).

Se extiende la idea de que, aunque solo sea como mal menor, Cataluña precisa un pacto interno entre constitucionalistas e independentistas

Miquel Iceta defiende esta idea desde hace años, quizás porque el PSC nació de la fusión del 78 -nada fácil- entre los socialismos muy catalanistas de Joan Reventos, Raimon Obiols, Narcis Serra, Ernest Lluch… y la federación catalana del PSOE. Y la profecía convergente de que el PSC se suicidaría por no abrazar el llamado derecho a decidir no se ha cumplido, mientras CDC se encamina a su tercer cambio de nombre y a una explosión descontrolada tras haber abandonado el pragmatismo pujolista.

Lo nuevo es que la tan criticada tercera via está resurgiendo. No tanto como desideratum o ideal sino muchas veces como inevitable si se quiere hacer marcha atrás en la polarización que lleva al choque interno. Ejemplo, el de los lazos o las cruces en las playas de este verano. O incluso como el mal menor. Lo que pasa es que la tercera via tampoco es nada fácil. El PSOE propone una -hoy casi imposible- reforma de la Constitución, pero por el momento sabe que lo único factible es abonar el terreno con píldoras de desinflamación. Por eso Carmen Calvo estuvo la semana pasada en la entrega de los premios de la patronal PIMEC, a la que algunos acusan de independentista. Pero Josep González, que lleva muchos años a su frente, lo racionaliza: hay muchos pequeños empresarios independentistas y otros muchos no separatistas, si tomamos partido, si dividimos a la pequeña y mediana empresa, no la podremos ni representar ni defender con eficacia. Sea como sea Carmen Calvo compartió cena con la PIMEC y el president en una sala con bastantes lazos amarillos y se palpó que la mayoría de los asistentes más bien aprobaba la presencia de la vicepresidente.

El relevo en Foment y la presencia de Carmen Calvo en la cena de PIMEC muestran que los empresarios quieren el fin del conflicto

La idea del pacto mestizo avanza. Relevantes políticos de CDC como Antoni Fernandez Teixidó y de la antigua CiU, empezando por Durán Lleida, la han defendido desde siempre o se han ido sumando a ella. Y el empresariado parece alentarla, o al menos estar expectante, eligiendo a Sánchez-Llibre, el lobista de Durán Lleida, presidente de Foment y con Josep González, el cauteloso presidente de PIMEC, invitando a Carmen Calvo.

Es esta realidad la que ha debido influir en la visita de Joan Rosell a Oriol Junqueras en la cárcel de Lledoners. Rosell es un hombre que pone la cautela y el pragmatismo por encima de las convicciones. Sólo así pudo separarse de Cuevas y luego sustituirle. Es un convencido de las doctrinas de Friedrich Hayeck, el economista liberal que escribió “Camino de servidumbre” criticando al socialismo, lo que le coloca más cerca del PP que de nada. Y CDC siempre vió en él un empresario poco adicto. Como presidente del Foment se esforzó en mantener viva la comunicación tanto con Jordi Pujol como con Maragall y José Montilla. Me acuerdo de su explicación: "la función del presidente del Foment es -gobierne quien gobierne- tener una relación lo más fluida posible con el de la Generalitat, informarles de las consecuencias que sus decisiones pueden tener sobre la vida de las empresas y lograr influir. Yo no quiero cambiar gobiernos, eso lo hacen los electores votando a los gobiernos. Yo debo tratar con esos gobiernos, me gusten más o me gusten menos."

placeholder Joan Rosell en una imagen de archivo. (EFE)
Joan Rosell en una imagen de archivo. (EFE)

Rosell insiste, secamente, en que no dice nada sobre la visita a Oriol Junqueras que enmarca en relaciones personales. Y hay otros presidentes de entidades económicas catalanes que apreciaron el diálogo con Junqueras cuando era Conseller de Economía. Incluso Soraya Saenz de Santamaria tuvo con él un corto “flirt” político

Pero tras las indudables relaciones personales hay una clave política. Rosell visitó a Junqueras junto a Pepe Álvarez, el secretario de la UGT al que le une desde hace años una amistad que viene de la áspera negociación colectiva y la UGT catalana tiene en su cúpula a un antiguo militante de ERC. Rosell -que prefiere la discreción a las cámaras de televisión- no quiere hacer política pero sabe que la confrontación excesiva perjudica a la economía y que muchas empresas marcharon de Cataluña por temor a la inseguridad jurídica. Por eso debe creer que la economía catalana necesita que se supere el conflicto y, como muchos empresarios, que el pacto interno catalán y el arreglo con España es urgente y conveniente. Muchas empresas que cambiaron su sede social están empezando a trasladar algunos equipos directivos en lo que es una pendiente que -si no se corrige- puede hacer perder a Cataluña mucho peso económico.

El secesionismo tendrá que rectificar el unilateralismo del 27-O, pero exigirle la rendición previa no lleva a ninguna parte

Pero lograr el pacto interno exige que el secesionismo -o al menos una parte sustancial- llegue a la convicción de que el unilateralismo es estéril y que la negociación con Madrid -si Madrid prioriza la negociación a la cruzada- puede dar frutos. Por el contrario el choque permanente ya se ha visto que produce un empate permanente y no favorece la actividad económica. Pero la rectificación del independentismo será mucho más difícil si mientras mantiene el apoyo del 47% se le exige una rendición previa.

Esta idea del pacto interno y de la desinflamación en las relaciones con Madrid flota más ahora en el empresariado catalán, muy dolido con Artur Mas por la deriva de los últimos años. Es seguramente por ello que Joan Rosell ha impulsado a Josep Sánchez Llibre, un catalanista acostumbrado a cenar y transaccionar en Madrid, como presidente del Foment. Quizás también por eso la famosa visita a Junqueras.

Después de muchos años al frente del Foment, de ocho años que han coincidido con la explosión independentista presidiendo la CEOE, de bastante hablar con Aznar y con Rajoy, mas cercanos ideológicamente, y con políticos catalanes de todos los colores, Rosell sabe que a la economía catalana y la española -que van entrelazadas- no les conviene la pelea permanente entre los respectivos gobiernos y las principales fuerzas políticas. Hay que desbloquear el diálogo con el independentismo pese a que tanto se equivocó el 27-O porque las realidades son las realidades y sigue teniendo -todas las encuestas, la última la de La Razón, lo dicen el apoyo del 47%. La excomunión permanente es estéril y si la antigua CDC de Pujol, que fue un partido próximo a los empresarios, se lanzó al monte con Artur Mas y está ahora prisionera de Waterloo, ¿por qué no hablar con Junqueras?

El inconveniente es que si en España hay círculos influyentes con poder de decisión (otra cosa es la prensa de derechas) que no entienden a Rosell, o que creen que es sospechoso de nacionalismo, entonces España tiene un serio problema. Quizás peor que el del 1 de octubre del pasado año cuando los múltiples servicios de seguridad, que se pagan con los impuestos de todos los españoles, no supieron encontrar ni una sóla urna de las 6.000 que, procedentes de China y a través de la frontera francesa, penetraron en Cataluña durante el verano del 2017.

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