Cataluña, capital... ¿Lledoners?

La visita de Iglesias a Junqueras es un dato más que indica que el liderazgo del secesionismo está pasando de Puigdemont al líder de ERC

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Inés Arrimadas ha dicho —escandalizada— que España es el único país europeo en el que los presupuestos se negocian en la cárcel. Y Albert Rivera, que ha cogido mucha velocidad, ha remachado que el Gobierno negocia con golpistas.

Quizás sería bueno un poco de mesura. Rivera, que encabeza un partido liberal, debería saber que Junqueras es, en todo caso, solo un "presunto" golpista. No ha sido juzgado y tiene por tanto la presunción de inocencia. Sí, el juez Llarena le imputa rebelión, pero muchos penalistas y el antiguo presidente del Supremo y del Constitucional, Pascual Sala, afirman con rotundidad que no ven ese delito. Y el propio Felipe González ya expresó sus dudas. Por no hablar del tribunal superior de un Lander de Alemania, que no es Venezuela.

Iglesias tras ver a Junqueras: "Ahora le toca al Gobierno negociar como Gobierno y se tiene que mover"

Arrimadas debería saber que la prisión preventiva e incondicional sin fianza es una situación… digamos que opinable. La vicepresidenta Carmen Calvo lo ha comentado y ayer mismo el diario 'El País' (más orteguiano que filonacionalista) se mostraba a favor de su libertad provisional. Además, Junqueras es —guste o no— el líder de un partido que tiene grupo parlamentario y Pablo Iglesias es líder de otro grupo parlamentario. Los líderes políticos están, entre otras cosas, para verse, dialogar y pactar, ya sea en el Congreso, en el Café Gijón, o en Lledoners.

Decir que no se debe negociar nada con Junqueras presupondría creer que a los grupos parlamentarios de ERC y del PDeCAT, que representan una buena parte de Catalunya —el 47% en las últimas elecciones autonómicas— se les debería poner un cordón sanitario que de hecho les excluyera de la vida política.

Quim Torra. (EFE)
Quim Torra. (EFE)

Arrimadas está en la campaña andaluza pero tampoco debería pasarse. Los grupos parlamentarios de Podemos y ERC tienen todos los derechos y no se les puede discutir su legitimidad para negociar por el hecho de que Junqueras está en prisión preventiva y sin fianza.

Claro que a Pablo Iglesias le gustan el espectáculo y las cámaras de televisión. Tanto cuando decía que el PSOE es un partido del Sistema (pecado máximo) como si está como ahora —y no por primera vez— en un periodo de socialdemocratización. Y ya dejó claro que, o era vicepresidente y controlaba la policía o no quería saber nada de Sánchez. Lo que pasa ahora es que no es vicepresidente —quizás con gran pesar suyo y de algunos comentaristas conservadores— pero ha llegado a un pacto con Pedro Sánchez para los presupuestos del 2019. En estas circunstancias va a ver a Oriol Junqueras a Lledoners y busca la máxima publicidad. Natural. Y Junqueras, que lleva casi un año en la cárcel, recibe encantado a Pablo Iglesias porque indica que el líder del tercer grupo parlamentario español le considera un interlocutor político. Natural.

El posible apoyo de ERC a los presupuestos es relevante para la legislatura, pero hay tiempo y ahora ni Junqueras ni Iglesias ni Sánchez saben el desenlace

El diputado Tardà había dicho con gran rotundidad en días anteriores que ERC no negociaría los presupuestos del 2019 si el Gobierno no instaba a la fiscalía a reconsiderar la situación de los presos. Al salir de Lledoners, Iglesias no repitió lo de Tardà sino que, en un estilo cercano al de un cardenal de la Curia romana, afirmó: "nosotros ya hemos hecho nuestro trabajo, ahora le toca al Gobierno". Y Sergi Sabrià, el portavoz de ERC en el parlamento catalán, puntualizó que esperaban "un gesto de categoría". ¿Categoría?

Conclusión, estamos donde estábamos y no podía ser de otra manera porque la discusión presupuestaria —no digamos la votación clave— está todavía muy lejos. Pedro Sánchez tiene tiempo para pensar en la cuadratura del círculo y ERC de calibrar sus intereses y de mantenerse en la posición Tardà (hombre clave que ayer estuvo en la entrevista), o de inflexionar. Y no creo que nadie —ni Sánchez, ni Junqueras, ni Iglesias— sepa el desenlace final. Lo que sí es seguro es que el acuerdo —si lo hay— será todo menos fácil, (¿casi imposible?). Pero no es menos cierto que la ruptura final no le conviene a ninguno de los tres.

Pero el encuentro "presupuestario" Iglesias-Junqueras no puede hacer perder de vista que lo que se está produciendo es el inicio de un relevo en el liderazgo del independentismo, que Junqueras va ganando puntos y que Iglesias, como el Gobierno y gran parte del empresariado, al menos el catalán, están atentos al cambio que podría implicar.

El liderazgo de Waterloo sobre el independentismo se va agotando porque su delegado en Barcelona, Quim Torra, muestra mucha incapacidad

El tándem Puigdemont-Torra, con sede en Waterloo y delegación en Barcelona, ha perdido muchas plumas los últimos días. Torra quiso ponerse en el bolsillo a los CDR incitándoles a meter presión y estos acabaron pidiendo su dimisión tras algún encontronazo con los 'mossos'. Torra le dio un mes de plazo a Sánchez para una propuesta de referéndum de autodeterminación y la libertad de los presos y ya nadie se acuerda del ultimátum. Al contrario, Junqueras ha insinuado que en todo caso es Sánchez el que debe tener prisa (por los presupuestos). La encuesta del CEO de la Generalitat sobre el reciente debate de política general muestra que el 85% de los que lo siguieron algo —que no fueron muchos y menos los no independentistas— cree que estuvo dominado por las críticas y los reproches y solo el 6% opina que hubo propuestas constructivas (el peor resultado en esta encuesta desde que se hace). Además, ni Torra ni ningún líder político aprobó y el mas valorado, con un 4,65, fue el hasta ahora poco conocido Sergi Sabrià, el portavoz de ERC. La Crida Nacional, el proyecto de artefacto político con el que Puigdemont quería aglutinar al independentismo (o dejar en mal lugar a los que no se sumaran) ya ha sido rechazado por las CUP, por ERC y encuentra fuertes reticencias en el PDeCAT y en los alcaldes convergentes.

Sigamos. Torra pide una mediación internacional sobre Cataluña que encontró poco eco (incluso en el interior del país) y Ernest Maragall —todavía 'conseller' de Exteriores pero candidato de ERC a la alcaldía de Barcelona y al que la encuesta de El Periódico da como ganador— dijo al día siguiente a la BBC que Cataluña no tendrá autoridad para pedir la mediación hasta que tenga como mínimo algo más del 50% de apoyos y que lo que toca ahora es "ampliar la base". En cualquier país el choque originaría una crisis de Gobierno. En Cataluña no porque el Govern Torra pinta cada día menos.

El 'conseller' de Exteriores, Ernest Maragall, durante un pleno del Parlament este mes. (EFE)
El 'conseller' de Exteriores, Ernest Maragall, durante un pleno del Parlament este mes. (EFE)

Pero lo que ha hecho perder más autoridad a Puigdemont ha sido que por su negativa a renunciar provisionalmente —al contrario de lo que ha hecho Junqueras— al acta de diputado tras la inhabilitación del juez Llarena, el independentismo ha perdido el voto de cuatro diputados (Puigdemont, Jordi Sánchez, Turull y Rull) y la mayoría absoluta de 68 escaños. Ahora, sin las CUP que se desmarcan cuando quieren y que cada día están más levantiscas contra el independentismo oficialista al que acusan de autonomista, el secesionismo solo tiene 61 diputados por lo que puede perder muchas votaciones si las otras fuerzas (incluido En Comú Podem de Colau) votan juntos.

Amputarse voluntariamente la mayoría —que esta vez, prudente, el juez Llarena no cuestionaba— por no se sabe bien qué cuestión de principios es algo sin precedentes en la historia mundial del parlamentarismo. Pero Puigdemont, por plantar cara al Supremo, ha infringido al independentismo un roto al que ni Llarena aspiraba. Cada vez más gente ve que Torra es incapaz de liderar el Govern y que Puigdemont se debe creer lo de presidente en el exilio. El electorado soberanista tiene mucha fe y se ha tragado muchas historias, pero todo tiene un límite.

El vicepresidente de la Generalitat de Cataluña y adjunto a la presidencia de ERC, Pere Aragonès. (EFE)
El vicepresidente de la Generalitat de Cataluña y adjunto a la presidencia de ERC, Pere Aragonès. (EFE)

Es en este contexto en el que hay que juzgar dos acontecimientos. Primero, la visita personal y discreta de Joan Rosell (muchos empresarios creen la solución exige algún pacto transversal de independentistas y constitucionalistas y miran a ERC) y la mucho más mediática de Iglesias el viernes con el bombo y platillo añadido de si iba o no iba como enviado del presidente del Gobierno. Segundo, que la cumbre del independentismo que Puigdemont intentaba montar para mañana lunes en Waterloo parece que hace aguas y que finalmente solo se verá con Torra y algún 'conseller' de JpC. Y el famoso Consell de la República que se tenía que crear en el exilio sigue en su eterna fase de preparativos.

Aragonès dice que el unilateralismo no lo impone quien quiere sino quien puede. Una forma de reconocer la derrota del 27-O

Una última nota. Junto a Joan Tardà, uno de los hombres de más confianza de Junqueras es el siempre discreto Pere Aragonès que le sustituyó como vicepresidente del Govern y 'conseller' de Economía. Pues bien, Aragonès estuvo en el programa de Pepa Bueno en la SER el pasado viernes y dijo cosas que hacen pensar. Una, el unilateralismo no lo impone quien quiere, sino quien puede. Una forma de reconocer la derrota del 27-0 ante el 155. Dos: "Le digo al Gobierno español que entre todos hemos de resolver esta cuestión (la de los presos) poniendo de nuestra parte. Está personado (el Gobierno) no solo a través de la Fiscalía, sino también de la Abogacía del Estado que se ha posicionado en todo el procedimiento a favor de que los presos sigan en la cárcel".

Extraigo a continuación algún párrafo de la larga crónica de Alex Tort en 'La Vanguardia': "El vicepresidente Aragonès sugirió de esta manera a Pedro Sánchez que el gesto que reclama el independentismo a su Ejecutivo se haga a través de la Abogacía… el vicepresidente valoró tanto el esfuerzo de Iglesias (por la entrevista) como las buenas palabras de los miembros del Ejecutivo de Sánchez, que se han mostrado en alguna ocasión en desacuerdo, con la prisión preventiva de los líderes independentistas. Pero piden pasar de las palabas a los hechos".

Joan Tardà no es un gigante —Felipe VI debe medir más—, pero es un hombre alto. Aragonès es bajito, quizás más que Jordi Pujol. Uno es un volcán verbal, el otro amante de la discreción. Conviene escuchar a los dos. Y no olvidar que —se ha visto esta semana con lo de las hipotecas y los bancos— los magistrados del Supremo pueden cambiar de criterio en 24 horas sobre cosas muy relevantes. Quizás sustituyendo al presidente de la sala de lo penal, la segunda, por el de la tercera, de lo administrativo…

Confidencias Catalanas

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