El 57% de los catalanes no votaría la Constitución

La última encuesta del CEO dice que el independentismo volvería a ganar, pero no sube, y que la desinflamación tiene efectos, aunque limitados

Foto: Una ciudadana ejerce su derecho a voto el pasado 21 de diciembre de 2017. (EFE)
Una ciudadana ejerce su derecho a voto el pasado 21 de diciembre de 2017. (EFE)

El viernes se conocieron los resultados de la tercera oleada del Centre d'Estudis d'Opinió, el CEO de la Generalitat, sobre la política catalana. Sería iluso afirmar que el CEO no tiene ningún sesgo, pero sus resultados acostumbran a ser bastante ajustados, no se separan demasiado de otras encuestas no oficiales, profundizan en algunos asuntos (no en otros) y tienen una larga lista de preguntas fijas que permite comparaciones.

Sus resultados son pues interesantes para hacerse una idea de la realidad catalana cuando ya se ha cumplido un año de la DUI (declaración unilateral de independencia) del pasado octubre. Y hay tres grandes conclusiones:

Una, el independentismo sigue planteando un grave problema a la España constitucional porque 'grosso modo' conserva el apoyo del 47% de los catalanes y en el caso de unas elecciones anticipadas es casi seguro que volvería a repetir la mayoría absoluta.

Dos, hay grandes cambios en el interior del independentismo. Ahora ERC ganaría las elecciones con claridad no solo frente a Cs, que fue el primer partido en las elecciones del 21-D del 2017 sino también frente a JxCAT, la coalición que encabeza Puigdemont, que sufre una erosión muy fuerte.

Tres, hay datos que prueban que la política de desinflamación del gobierno Sánchez está impulsando una lenta evolución de las actitudes de muchos catalanes, pero a un ritmo muy lento.

1. La fuerza del independentismo

Cataluña sigue partida en dos mitades ya que el 47,2%, un poco más que en el último sondeo del CEO, pero un poco menos que hace un año, votaría sí en un referéndum. Pero el apoyo decidido —el de los que declaran que prefieren el Estado propio a otras opciones como la CCAA actual o un Estado federado— está en el 38,9%, un porcentaje intermedio en las encuestas del CEO de los últimos años en los que ha oscilado entre el 34,7% y el 48,5%.

Por otra parte, en unas elecciones anticipadas las tres formaciones independentistas (JxCAT, ERC y la CUP) conservarían la mayoría absoluta (68 escaños) con el 48,4% de los votos, unas décimas más que en el 2017, y una horquilla de entre 69 y 73 escaños (ahora tienen 70).

Con todo, lo más relevante para el constitucionalismo es el dato de que si ahora la Constitución del 78 se sometiera a referéndum en Cataluña el 57% —un porcentaje diez puntos superior al del secesionismo— no la refrendaría y votaría en contra. Y el resultado se debe a que un 20% de los electores de Cs, un 25% de los del PP y un 42% de los del PSC no confían ya en la Constitución.

Cataluña sigue partida en dos mitades ya que el 47,2%, un poco más que en el último sondeo del CEO, pero un poco menos que hace un año

Es algo para reflexionar a fondo que descalifica los mensajes simplistas de algunos partidos que levantan la bandera del rechazo a cualquier reforma. Que un 57% de catalanes no se sientan cómodos con una Constitución que hace cuarenta años votaron en mayor porcentaje que el resto de españoles, es algo sobre lo que no se puede frivolizar y que no se soluciona con consignas fáciles.

2. Cambios en el secesionismo

El independentismo conserva pues su fuerza basada en la desafección hacia España sobre la que advirtió el presidente Montilla justo antes de la sentencia del Constitucional del 2010, pero tampoco gana nuevos adeptos. Las fronteras entre el secesionismo y el constitucionalismo se mueven poco, lo que sí hay son cambios en el interior de cada bloque y en especial en el independentista.

La coalición Junts per Catalunya (JpC), montada por Puigdemont con el apoyo (relativo) del partido heredero de la vieja CDC, que se caracteriza por un maximalismo radicaloide y una gran confusión ideológica, pierde siete puntos de apoyo (baja del 21% al 14%) que van tanto a ERC que sube 4 puntos (del 21 al 25%) como a la CUP que sube otros cuatro puntos (del 4% al 8%). Así JxCAT pierde tanto ante ERC, que ha mantenido posiciones más pragmáticas, como ante la CUP de tendencia más rupturista y revolucionaria. Podríamos decir —con cuidado— que el puigdemontismo pierde tanto ante una formación más clásica (los republicanos) que se está mostrando más pragmática como ante otra mucho más radical.

Las fronteras entre el secesionismo y el constitucionalismo se mueven poco, lo que sí hay son cambios en el interior de cada bloque

Se puede concluir pues que el independentismo se está moderando algo (ERC subiría hasta 6 escaños), pero no demasiado, porque también sube la CUP (6 o 7 escaños). Con todo, lo relevante es que, de repetirse el pacto independentista, la presidencia correspondería a ERC de Oriol Junqueras.

Y ERC ganaría no solo a JxCAT, que en el 2017 le sacó apenas unas décimas de ventaja (21,66% frente a 21.38%) concentradas en la provincia de Girona, sino también a Cs.

En el 2017, Cs sacó 36 diputados con un 25,3% de los votos frente a los 32 de ERC con un 21,3% y ahora el partido de Junqueras batiría al de Arrimadas con un 25,1% y 38 diputados, mientras que Cs bajaría al 21,4% y se quedaría con 30.

Quizás estos resultados sean consecuencia de que hay catalanes insatisfechos con lo sucedido en los últimos meses. Con la DUI y el creciente radicalismo de Puigdemont desde Waterloo, pero también con la negativa de Arrimadas (y todavía más de Rivera) al diálogo con el gobierno legal de la Generalitat.

Así, el 46% cree que la situación política de Cataluña es peor que hace un año mientras que los que creen que ha mejorado son solo el 9%.

Además, el gobierno catalán obtiene una nota del 3,72, un punto menos que hace un año, mientras que el gobierno español sube la suya del muy bajo 1,73 (con Rajoy) al 2,99 con Pedro Sánchez. Y, personalmente, Junqueras es el político catalán más valorado con un 5,97, muy por delante de Puigdemont (4,59) y Torra (4,34) que son superados por Marta Rovira, la secretaria general de ERC exiliada en Suiza desde hace un año.

En el secesionismo ERC, que tiende al pragmatismo sin abandonar la radicalidad independentista, se lleva el gato al agua.

3. La desinflamación funciona, pero a ritmo lento

Quizás la ya citada subida, en más de un punto en un año, del 1,73 al 2,99 de la valoración del gobierno de España mientras baja, hasta el 3,72, la de la Generalitat es la demostración más clara de que la política de desinflamación del Gobierno Sánchez está funcionando, pero que los avances son todavía modestos.

En este sentido es significativo que mientras ha bajado el grado de confianza en los políticos catalanes, hasta el 4,04, ha subido algo la depositada en los políticos españoles que, no obstante, sigue siendo muy baja (2,28).

Respecto a los políticos concretos, es meritorio el 3,95 conseguido por Miquel Iceta y —aunque con un menor grado de conocimiento— el 4,42 de la ministra Meritxell Batet, ya que los separatistas acostumbran a dar una puntuación muy baja a los lideres constitucionalistas. Inés Arrimadas obtiene un 2,19 pese a haber sido la ganadora de los últimos comicios y García Albiol, hasta ahora líder del PPC, un 1,47.

El descenso de Ciudadanos puede deberse en parte a la relativa normalización y la menor tensión social en Cataluña

En este sentido también destaca que el PSC sigue con una ligera tendencia al alza (uno o dos diputados), aunque menos acusada de lo que se podría suponer, visto el creciente protagonismo de Miquel Iceta y el efecto Sánchez. También Cataluña-Podemos mejoraría resultados mientras que Cs y el PPC, cuyos líderes califican de "golpistas" a los acusados de rebelión por la fiscalía, resultan castigados en intención de voto y valoración.

No obstante, el descenso de Cs puede deberse en parte a la relativa normalización y la menor tensión social en Cataluña. Es posible que, si la crispación independentista volviera a subir y se convocaran elecciones, los resultados de Cs fueran superiores a lo que indica el CEO. Y es que, en parte, Cs fue en el 2017 (y ya en el 2015) el voto útil contrario al separatismo en unos momentos en los que en una parte de la población catalana llegó a haber miedo a la independencia.

Alguien sostiene que el mérito del ascenso de Cs no es tanto de Rivera o Arrimadas, sino que se debe a una reacción de rechazo a la radicalidad de Artur Mas que convirtió a CDC, un partido catalanista pero atrapatodo, en un partido exclusivo para independentistas.

Otro cosa a destacar es que —contrariamente a recientes encuestas— en la del CEO no hay ninguna pregunta sobre una tercera vía, sobre la recepción a alguna opción que se caracterizara por más autogobierno para Cataluña pero dentro de España, una opción que en otras encuestas recibe más apoyo que la independencia y que, por razones obvias, el CEO de la Generalitat nunca se ha mostrado interesado en ella.

Pero para que la desinflamación y las propuestas de más autogobierno dentro de España pudieran abrirse camino —más allá de la expresión de deseos en una encuesta— sería necesario un gobierno del PSOE, o PSOE-Podemos, con más fuerza, o que la desinflamación fuera también apoyada por algún partido de centro-derecha. Desgraciadamente, no parece que ni Pablo Casado ni Albert Rivera tengan por el momento la más remota intención.

Confidencias Catalanas

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