Otro 155 sería un grave error

La patronal catalana invita a Pedro Sánchez y cinco ministros. Avisa así que prefiere la desinflamación a la crispación

Foto: Protestas en Cataluña en contra de la aplicación del 155. (Reuters)
Protestas en Cataluña en contra de la aplicación del 155. (Reuters)

Hace casi un año, a principios de febrero del 2017, un destacado empresario catalán y otro personaje del mundo económico fueron recibidos por Mariano Rajoy en la Moncloa. Lo encontraron preocupado, pero algo aliviado. Pese a todos los inconvenientes, el 155 había funcionado, se había frenado al independentismo, había habido elecciones y esperaba que se recuperara la normalidad. También confesó que la decisión de recurrir al 155 le había costado mucho, solo lo hizo cuando no tuvo más remedio y después de que Urkullu no lograra convencer a Puigdemont de convocar elecciones. Luego dijo la frase que uno de los interlocutores, que tiene aprecio personal a Rajoy —no sintonía política— me subrayó: "El 155 es perfectamente constitucional (si lo había advertido Felipe González), pero me costó mucho recurrir a él porque no había precedentes y es muy duro, muy grave, destituir a un gobierno elegido democráticamente… por eso solo lo hice en el último momento y convoqué elecciones el mismo día de la intervención porque no se trataba de restringir la democracia sino de garantizarla en una situación de emergencia".

Me acordé de Rajoy al contemplar con asombro la frivolidad y la ligereza con la que Pablo Casado y Albert Rivera hablaron esta semana en el Congreso de los Diputados y luego —y más grave— en Bruselas ante toda Europa de la necesidad imperiosa de recurrir otra vez al 155 en Cataluña porque la situación era insostenible. ¿Qué más tiene que pasar en Cataluña, le espetó Casado a Pedro Sánchez? Luego Aznar añadió —en declaraciones a 'El Mundo'— que el 155 tenía que ser más profundo y de duración ilimitada. ¿Para siempre?

En Cataluña no hay hoy ruptura del orden constitucional sino división social, situaciones delicadas y mucho verbalismo separatista

¿Qué sucede en Cataluña? Pues que es una sociedad dividida, que el independentismo cometió un grave error con la DUI y las resoluciones del Parlament del 6 y 7 de septiembre del 2017 que aumentaron la fractura interna, que pese a ello el independentismo ganó las elecciones del 21-D, que Torra recurre continuamente al verbalismo revolucionario pero la Generalitat se cuida muy mucho de violar la legalidad, que hay tensiones, algunas graves, en la calle (ataques no sistemáticos a sedes del PP, Cs y el PSC) pero que por lo general impera la normalidad, que algunas amistades —e incluso parejas— se han roto, que el próximo juicio a 18 dirigentes secesionistas, nueve de ellos en prisión provisional desde hace muchos meses y acusados de rebelión, va a ser un momento muy delicado, que muchos ciudadanos lucen con todo el derecho lazos amarillos pero que están muy lejos de ser la mayoría, que hay cuatro políticos presos en huelga de hambre (uno ya en la enfermería), que las reivindicaciones sociales de médicos, bomberos, profesores, funcionarios… han puesto en dificultad al gobierno de la Generalitat para algunos de cuyos 'consellers' —no todos— la movilización independentista es prioritaria… Poco más.

¿Es motivo suficiente para otro 155? Parece claro que no porque en circunstancias mucho peores —de atentados terroristas, de ciudadanos que tenían miedo de entrar en el coche cada mañana por temor a ETA— a José María Aznar no se le ocurrió nunca —o al menos no lo verbalizó— la idea de aplicar el 155 a Euskadi y destituir al lendakari Ibarretxe. Solo puso cara de malhumor cuando la operación de Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros, con la bendición intelectual de Fernando Savater, no consiguió la victoria electoral que daba por segura.

Aznar nunca planteó un 155 para Euskadi y la destitución subsecuente de todo el gobierno de Ibarretxe

Se dirá que Ibarretxe no proclamó la independencia. Y es cierto. Pero los que proclamaron la independencia en Cataluña ya se encontraron con el 155 de Rajoy y además están en Waterloo o en Lledoners. Torra solo comete torpezas (en exceso) y usa un verbalismo independentista y anticonstitucional. Pero el verbalismo… es solo verbalismo, no es delito. Es cierto que hay ciudadanos que pueden sentirse coartados en su libertad. El otro día una catedrática de Derecho me decía estar inquieta por si no se podía celebrar un acto sobre la Constitución en el que hablaba Alfonso Guerra que luego transcurrió con casi total normalidad (hubo algún pitido cuando Guerra empezó a hablar y cuando salió del Colegio de Abogados). ¿Hay casos más graves? Sí, pero nada que ver con Euskadi y allí Aznar —pese a Ortega Lara al que hicieron algo mucho más grave que la pintada a la casa de un juez— ni habló del 155.

Es una irresponsabilidad que Pablo Casado reclame con ardor el 155 en Bruselas ante muchos dirigentes europeos y diga que Cataluña vive una situación tan grave que exige destituir —por segunda vez en poco más de un año— a un gobierno elegido. Y es más extraño todavía por parte de Albert Rivera que conoce más la realidad catalana. ¿Respaldaría su candidato a la alcaldía de Barcelona, Manuel Valls, la aplicación de otro 155 más severo?

Además, me deja estupefacto que Pablo Casado no escuche, antes de hacer declaraciones tan rotundas, al empresariado catalán al que, como a todo el mundo económico, le preocupa mucho la estabilidad y el orden público. Y no me refiero ya al empresariado próximo al nacionalismo —que en algún momento se creyó a Artur Mas— sino a empresarios y organizaciones que se han manifestado con rotundidad y valentía contra la independencia.

Bonet, uno de los empresarios más opuestos a la independencia y presidente de la Cámara de España, no cree conveniente otro 155

El otro día, en su renovación como presidente de la Cámara de España, José Luis Bonet, presidente de Freixenet y un catalanista que siempre ha dicho que a Cataluña le va muy bien estar en España, no dudó en afirmar que otro 155 no sería positivo ni para Cataluña ni para España. ¿No le interesa a Pablo Casado la opinión de uno de los empresarios catalanes que más valientemente se ha enfrentado al independentismo?

Por otra parte Foment, la gran patronal catalana, no ha dudado en invitar a su fiesta anual —en la que entrega el premio Carles Ferrer Salat a una trayectoria empresarial— a Pedro Sánchez. El año pasado el entonces presidente, Gay de Montellá, invitó a Mariano Rajoy que por cierto saludó amablemente al 'exconseller' Santi Vila que había estado en la cárcel pocos días antes. Este año la invitación del nuevo presidente, Josep Sánchez-Llibre, que también es vicepresidente de la CEOE, tiene mayor significado porque Pedro Sánchez asistirá acompañado de cinco ministros y la cena se hace el próximo jueves, el día antes del polémico Consejo de Ministros de Barcelona.

El mensaje es doble. Foment le dice a Torra que no suscribe los ataques continuos y repetidos al gobierno de España que cree negativos para Cataluña. Ya la semana pasada, junto a CCOO y UGT, publicó una nota pidiendo que se rebajara la tensión. Pero, por otra parte, Foment expresa (e indica a la derecha española) que prefiere la desinflamación a la crispación que acarrearía un nuevo 155. Y más si fuera más profundo y de duración indefinida.

Pedro Sánchez. (Reuters)
Pedro Sánchez. (Reuters)

Y el presidente del Gobierno aprovecha la ocasión para levantar acta de que la política de desinflamación no es solo —que también— un movimiento táctico hacia los diputados independentistas sino una voluntad de acercarse a las inquietudes de la sociedad catalana que muchas veces tienen poco que ver con el nacionalismo y sí con las escasas inversiones del Estado en Cataluña, una de las CCAA con más dinamismo empresarial, que representa el 26% de toda la exportación española y que necesita mejores infraestructuras.

Vamos a ver lo que pasa el próximo jueves y viernes en Cataluña, pero la iniciativa de Foment (la patronal catalana) es una implícita advertencia a la Generalitat y a la derecha española: por favor, no hagamos tonterías con las cosas de comer.

Lo que indica el ascenso de Pau Relat a presidente de la FIRA

Por otra parte, en Cataluña los consensos internos no están rotos sino solo bastante averiados. La prueba la tuvimos el viernes con el nombramiento como presidente de la Fira de Pau Relat, CEO de Matholding.

Relat es presidente de FemCat, una fundación empresarial de corte nacionalista (no forzosamente independentista) y sustituirá a Jose Luis Bonet, un catalanista españolista, que ha sido el presidente durante 14 años tras la etapa de Jaume Tomás (Agrolimen) que fue el impulsor de la nueva y exitosa etapa de la Fira de Barcelona que antes sufrió una seria crisis por el enfrentamiento entre Jordi Pujol (Generalitat) y Pasqual Maragall (Ayuntamiento de Barcelona).

Ahora la gobernanza de la Fira depende de un Consejo General de quince miembros con cinco representantes de las tres instituciones promotoras: ayuntamiento de Barcelona, Generalitat, y Cámara de Comercio que preside desde hace años Miquel Valls. Pero la gestión es responsabilidad única del consejo de administración de nueve miembros —elegidos por el Consejo General— pero en el que todos son empresarios o directivos de empresas.

El nombramiento del presidente de la Fira se hace a propuesta del presidente de la Cámara de Comercio (la Cambra) pero debe ser consensuado con la Generalitat y el ayuntamiento. Por eso el relevo de Bonet llega con más de un año de retraso porque el 'procés' y el 155 han hecho muy difícil el consenso. Pero al final —y no sin dificultades y quejas— el acuerdo se ha producido con el nombramiento de Pau Relat. Es un nombre pactado con la Generalitat y el ayuntamiento como indican los estatutos de la Fira y Relat es todavía, por poco tiempo, presidente de FemCat. Se podría decir que la Generalitat ha impuesto a su candidato, pero es todo bastante mas complejo.

Primero porque en los últimos años FemCat no se ha posicionado políticamente y es de suponer que las presiones de la Generalitat de Mas y Puigdemont para que lo hiciera no han debido ser de baja intensidad. Pero además porque Relat es un hombre ya muy vinculado a la Cambra y a la Fira. Es presidente de la comisión de internacionalización de la Cambra desde el 2007, miembro del Consejo General de la Fira y presidente Iwater, uno de sus nuevos salones. Además ha sido apoyado no solo por Miquel Valls sino también por su antecesor, José Luis Bonet.

La Fira es, casi por definición, una institución que está muy volcada en los mercados exteriores y parte de sus beneficios vienen de actividades internacionales. Bonet preside una empresa cuyo éxito se basó en gran parte en la exportación de cava y por eso el nombramiento de Relat es lógico. Es CEO de Matholding, una compañía que se dedica a la producción de sulfatos y al tratamiento del agua y de cuya facturación (260 millones) un 70% proviene de fuera de España y tiene siete centros de producción externos fuera y filiales comerciales en mas de 100 países.

Pese a todos los errores de los últimos años los consensos en Cataluña siguen siendo posibles, aunque ciertamente son más laboriosos. Lo dijo Pau Relat en sus primeras palabras: "La clave del éxito futuro de la Fira es seguir trabajando juntos con la base del consenso y la lealtad institucional".

Pintar una Cataluña en blanco y negro, al borde del desastre, es un grave error y desconocer la realidad de una parte de España que representa el 16% de su población y el 19% del PIB.

Confidencias Catalanas

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
95 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios