Pedro Sánchez apela a Willy Brandt

El presidente no solicitó directamente el voto independentista a los presupuestos. Pidió diálogo y les recordó que no tienen la mayoría social de Cataluña

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

Pedro Sánchez hizo su primer mitin del año en Barcelona para vender los presupuestos que el Gobierno aprobó el viernes. Con Miquel Iceta, primer secretario del PSC, como telonero, la ministra catalana Meritxell Batet y el candidato del PSC, Jaume Collboni —antiguo colaborador de Pepe Álvarez en la UGT catalana—, a la alcaldía de Barcelona.

Sánchez fue aplaudido y vitoreado al grito de "Pedro, Pedro" en un mitin que se caracterizó por el calor, el buen rollo y la gran complicidad entre el líder socialista y la militancia del PSC.

Pedro Sánchez apela a Willy Brandt

Pero, contrariamente a lo esperado, Sánchez no pidió directamente el voto independentista a los presupuestos del 2019, sino que les ofreció diálogo y les recordó que las elecciones catalanas de los últimos años (no una, sino varias) han demostrado que el independentismo no tiene detrás la mayoría social de Cataluña. Sánchez agradeció a los muchos alcaldes socialistas (la de l'Hospitalet, la segunda ciudad catalana, Nuria Marín, estaba sentada a dos butacas de él) su comportamiento en defensa de la Constitución en el otoño del 2017, cuando se produjo la DUI. Y recordó los ataques y descalificaciones que muchos sufrieron entonces, pese a que "los repartidores de carnés de constitucionalidad" (frase acuñada por Meritxell Batet), que no tienen alcaldes en Cataluña, no lo reconozcan.

El presidente sorprendió porque ni siquiera se refirió (otros oradores sí lo hicieron) a que la inversión del Estado en Cataluña este año —si se aprueban los presupuestos— equivaldrá a la aportación catalana al PIB, algo que ha sido siempre una reivindicación del catalanismo, que consagró una disposición adicional del Estatut del 2006 (cuando Torra era solo un ciudadano desconocido, lo que Inés Arrimadas pretende ignorar) y que nunca se ha cumplido.

El presidente apeló insistentemente (contabilicé siete menciones) a la figura de Willy Brandt, el líder socialdemócrata alemán que fue alcalde de Berlín Occidental (al muro todavía le quedaban años de vida), hizo renunciar al marxismo al SPD en el célebre programa de Bad-Godesberg de 1959 y luego fue ministro de Exteriores, canciller de la República Federal y presidente de la Internacional Socialista. Sánchez recurrió a la figura de Brandt para reivindicar la socialdemocracia que eligió la obligación de gobernar —con todas sus inevitables contradicciones— para mejorar las condiciones de vida de la gente y no se había limitado a exigir un socialismo de máximos mientras dejaba que gobernara la derecha. Y aprovechó para citar a dirigentes socialistas que practicaron esa vía como Olof Palme, Mitterrand… y Felipe González (aplausos).

Sánchez confía en que los presupuestos sean aprobados porque tienen muchas medidas sociales que ningún progresista puede despreciar

Pedro Sánchez lanzó cuatro mensajes principales. El primero es que los presupuestos son un gran esfuerzo para aumentar el bienestar social tras la crisis y los años de gobierno de la derecha, citó el aumento del salario mínimo del 22%, que beneficiará no solo, pero sí principalmente a muchas mujeres y la recuperación del subsidio para los parados de larga duración que superan los 52 años. No pidió directamente el voto de los partidos independentistas a los Presupuestos, pero vino a decir que sería incomprensible (Miquel Iceta dijo imposible) que partidos que se definen como progresistas votaran en contra de unos Presupuestos muy sociales.

El segundo mensaje fue el de reafirmación de las libertades y de críticas (duras pero contenidas) a los partidos de derechas que quieren la involución y a los que calificó de "los voxonaros", en alusión a Bolsonaro, el nuevo presidente del Brasil de extrema derecha. Otros intervinientes como Iceta y Jaume Collboni fueron más duros y hablaron del "trifachito". En todo caso, Sánchez alertó a la derecha, que está crecida tras el resultado de las elecciones andaluzas, de que pierda toda esperanza en unas próximas elecciones porque va a gobernar hasta el 2020. Reafirmó así que sigue aspirando a acabar la legislatura.

Pedro Sánchez apela a Willy Brandt

Y tanto Sánchez como Iceta se refirieron a la presencia en el acto de destacados miembros de la sociedad civil o de otras tendencias ideológicas que seguramente no han votado nunca socialista y que quizás tampoco lo hagan en el futuro, pero que creen que la apuesta socialista para recuperar la convivencia en Cataluña es positiva. Entre ellos estaban, en primera fila, dos nietos de Francesc Cambó, el emblemático líder de la derecha catalana en el primer tercio del siglo pasado; Helena Guardans, empresaria y vicepresidenta de la Fira (la Feria Internacional de Barcelona) e Ignasi Guardans (exdiputado de CDC); el editor Félix Riera, director de Catalunya Radio durante el primer gobierno de Artur Mas y muy próximo a Durán Lleida; Miquel Valls, presidente de la Cambra; el economista Antón Costas, expresidente del Círculo de Economía; el abogado Gonzalo Rodés; Lluis Bassat; Mario Romeo, presidente de la Fundación para la Tercera Vía… Sí, hay un poco disimulado 'flirt' entre la burguesía liberal, catalanista pero no independentista, y el PSC, cuyo mayor granero de votos está entre los trabajadores que, provenientes de otras partes de España, viven en las ciudades del Baix Llobregat.

Sánchez apuesta por Collboni en Barcelona y elogia la fidelidad a la Constitución de los alcaldes socialistas durante la declaración de independencia

El tercer mensaje fue el de un claro apoyo a Jaume Collboni como candidato del PSC a la alcaldía de Barcelona. Sánchez apoyó a Collboni en un acto que fue diseñado tanto para reivindicar los presupuestos sociales del 2019 como para aupar y lanzar a Collboni. Iceta —que recordó que el PSC se fundó hace 40 años y que allí en primera fila estaba el que fuera su primer secretario, Raimon Obiols, un dirigente catalanista que no ha sucumbido a los cantos de sirena del independentismo— ya había dicho que la pérdida de empuje de Barcelona no podía ser remediada por los que ya habían fracasado. Ni por Colau, cuya gestión ha acabado mal, ni por los que llevaron a la intervención de la Generalitat y no gobiernan Cataluña (ERC y el PDeCAT) ni por los que fracasaron en Francia (alusión a Manuel Valls). Y Collboni fue más agresivo, recordó una frase de Mitterrand diciendo que "el nacionalismo es la guerra", citó una reciente encuesta municipal que dice que el 60% de los barceloneses desaprueban la gestión de Colau; y refiriéndose al futuro gobierno andaluz con el apoyo de Vox, al que calificó de "gobierno de la vergüenza", dijo que en Barcelona residía el embajador del pacto con la extrema derecha, Manuel Valls, ex primer ministro socialista de Francia y candidato de Cs a la alcaldía de la capital catalana.

El candidato del PSC a la alcaldía de Barcelona, Jaume Collboni. (EFE)
El candidato del PSC a la alcaldía de Barcelona, Jaume Collboni. (EFE)

El último mensaje de Sánchez —poco extenso pero muy intencionado— fue para el independentismo. Vino a decir (sin explicitarlo) que es el momento de aprobar los presupuestos porque son sociales y porque su Gobierno quiere rebajar las tensiones de los últimos años y, en palabras de Meritxell Batet, recuperar la convivencia en Cataluña. La desinflamación y la normalización no son cosa de un día y exigirán tiempo. Recordó que el independentismo representa solo una parte de Cataluña y le pidió sosiego, superar la mentalidad de bloques y pasar del monólogo (entre ellos) al diálogo con la otra Cataluña.

La suerte de los presupuestos dependerá en gran parte del resultado de la guerra interna del secesionismo entre realistas y radicales

Sánchez va a luchar hasta el final para aprobar los presupuestos, que no sabe si los independentistas acabarán votando, aunque apuesta por ello y les emplaza a discutirlos, reconocer que son positivos para Cataluña y a no torpedear la desinflamación. Sabe que dentro del secesionismo hay una gran y muy confusa guerra interna que, simplificando mucho porque es más barroco, enfrenta a los más realistas con los radicales y cuyo resultado final —con el inicio del juicio contra doce de sus dirigentes coincidiendo con la votación a las enmiendas a la totalidad de los presupuestos— es muy incierto. Pero, si finalmente no hay presupuestos, la campaña de las europeas, municipales y autonómicas de mayo girará sobre la oportunidad perdida por la pinza del independentismo con el PP y Cs. A la espera de que un buen resultado (la alianza "voxonara" puede ayudar) le permita acabar la legislatura. Y su bandera no va a ser la de la radicalidad sino la de la conciliación socialdemócrata, la del Willy Brandt que quería europeizar Alemania.

Pase lo que pase —y sabe que habrá mucho ruido— Sánchez va a mantener una hoja de ruta que no es nada fácil y tiene unas muy altas dosis de incertidumbre. Pero al menos ayer optó por aparentar el sosiego que prescribe. Confía —o quiere confiar— en ganar, como en las primarias socialistas y como en la moción de censura contra Rajoy.

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