Protesto, luego existo

La resistencia de Torra a retirar los lazos amarillos de la Generalitat pretende no reconocer el fracaso de la DUI y movilizar al independentismo

Foto: Quim Torra y Roger Torrent en la manifestación del pasado sábado en Madrid. (EFE)
Quim Torra y Roger Torrent en la manifestación del pasado sábado en Madrid. (EFE)
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La declaración unilateral de independencia del 27-O murió antes de nacer (o pocos minutos después) a manos del 155 de Rajoy (y Sánchez). Ahora las defensas de los acusados en el Supremo se basan en este dato -incontrovertible- para negar que pudiese haber rebelión. Y ahora el 'agitprop' del 'procés' también exhibe -sin ninguna vergüenza- la declaración del mayor Trapero ante el Supremo, que los Mossos habían montado un dispositivo para detener -si el Tribunal Superior de Justica de Cataluña lo ordenaba- a todo el Gobierno catalán. ¿Cómo podía haber rebelión si el cuerpo armado al servicio de la Generalitat estaba dispuesto a obedecer a la justicia española y había apremiado a Puigdemont para que desconvocara el referéndum?

Es una línea de defensa, pero es poco compatible con que, al mismo tiempo, el independentismo no reconozca su derrota y presuma, de tanto en tanto y según el escenario, de que la república catalana ya está proclamada, sigue viva y que el 'president' legítimo, Carles Puigdemont, está en Waterloo. El 'president' Torra es el máximo exponente de esta conducta bipolar. Por una parte, es el presidente de la autonomía catalana y el representante del Estado en Cataluña, elegido legalmente y reconocido como tal. Por la otra, quiere encarnar la resistencia interior de la República frente al Estado opresor, proclama que Puigdemont es el 'president 'y repite -con cierta asiduidad- que hay que encontrar el 'momentum' apropiado para una segunda DUI que esta vez será exitosa. Tensa la cuerda y el verbo hasta el máximo, pero al final no contraviene nunca la legalidad porque no se atreve -hasta el 'momentum'- a un nuevo desafío al Estado.

Torra afirma que no acatará la sentencia y que habrá otro 'momentum' para la independencia, pero no dice ni cuándo ni cómo

Luego, ante el mayor problema del independentismo -el juicio del Supremo- añade que no acatará la sentencia (que en ningún caso necesita su conformidad), pero no aclara cómo reaccionará. ¿El desacato se materializará en unas nuevas elecciones autonómicas, convertidas otra vez en plebiscitarias como las de Artur Mas en el 2015 que perdió porque las listas separatistas se quedaron unas décimas por encima del 47%? ¿Convocará otro referéndum ilegal como el del 1 de octubre del 2017? Por ahí van las cosas según ha comentado a interlocutores recientes que han constatado su comportamiento bipolar: presidente autonómico en la realidad y líder de un nuevo intento de rebelión en proceso de gestación en la ensoñación.

En la práctica el independentismo acepta que ha perdido y acata la legalidad, pero verbalmente sigue hablando de la república y especulando sobre el nuevo 'momentum'. Un artículo de Salvador Cardús, intelectual independentista que estuvo próximo a Jordi Pujol (en la Fundación Acta junto a Pilar Rahola) y después a Carod-Rovira, reflejaba ayer esta bipolaridad al hablar de la negociación con el Estado: “Desengañémonos: no habrá independencia sin 'un cop de porta' (un acto unilateral). Después, ya dialogaremos”. O sea, primero una nueva DUI que no vaya seguida de un 155 sino que triunfe y luego ya dialogaremos de Estado a Estado.

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra, sale en coche oficial del Palau. (EFE)
El presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra, sale en coche oficial del Palau. (EFE)

Pero cómo se hace una nueva DUI que triunfe cuando ya ha quedado claro que los Mossos -por convicción o porque conocen mejor que Torra y Cardus la relación de fuerzas- obedecerán a los tribunales españoles. Por el momento y mientras se convive con esta contradicción irresoluble y permanente, el independentismo encuentra consuelo y capacidad de movilización con acciones de protesta. Protesta contra el juicio en el Supremo -que reconoce tácitamente que el 27-O fue un fracaso-, protesta contra los excesos policiales del 1-O del 2017, exhibición permanente de lazos amarillos como reacción a las prisiones provisionales sin fianza de la mayor parte de los encausados en el Supremo…

Y el 'president' Torra es el sumo sacerdote de este mandamiento, “protesto luego existo”, que ahora se concreta en la negativa a cumplir la orden de la Junta Electoral Central de retirar, para preservar la neutralidad en época electoral, las esteladas y los lazos amarillos de los edificios públicos de la Generalitat.

Torra no quiere que se vea a los Mossos retirar lazos y por eso ha pedido un dictamen al defensor del pueblo catalán, para no ceder al Estado

Torra se ha negado repetidamente a retirar los lazos amarillos del Palau de la Generalitat. Pero sabe que solo podrá aguantar durante unas horas, máximo días. Brauli Duart, el segundo de la Consellería de Interior y un postconvergente inteligente, ya le ha advertido que los Mossos cumplirán la orden judicial de retirar los lazos amarillos en cuanto la reciban. Y Torra sabe que -de no cumplir la orden- la inevitable denuncia a la fiscalía podría acabar con su inhabilitación, lo que podría acarrear la pérdida de su poder de disolver el parlamento catalán.

Más vale evitar pues el ridículo de las fotografías y las imágenes de televisión de los Mossos retirando los lazos del Palau de la Generalitat y confirmando así lo que el mayor Trapero declaró en el Supremo, que la Generalitat es una administración supeditada al poder coercitivo de la justicia española. Pero al mismo tiempo Torra no puede ceder -para no quedar más desautorizado ante el electorado independentista- a una orden de la Junta Electoral Central, un organismo del Estado opresor.

El Síndic de Greuges, Rafael Ribó. (EFE)
El Síndic de Greuges, Rafael Ribó. (EFE)

El apaño es pues encargar un dictamen jurídico a Rafael Ribó, calculador postcomunista y el Síndic de Greuges, el defensor del pueblo de Cataluña, que solo puede concluir (no es nada suicida) que la orden de la Junta Electoral debe ser cumplimentada. Entonces Torra no se inclinará ante el Estado español sino ante una institución catalana. Y la comedía podría continuar.

Claro que eso exige que Rafael Ribó no se entretenga y que su dictamen llegue antes de que los Mossos reciban la orden judicial de retirar los lazos del Palau de la Generalitat. Corre, corre Ribó…es el mensaje en clave que ayer salía del Palau de la Generalitat.

Al independentismo de Torra y Puigdemont ya no le interesa gobernar -aunque si mantener el control y el presupuesto de la Generalitar- ni negociar más autogobierno para Cataluña. Ha optado por protestar, hasta donde pueda, y transmitir la fe (o el cuento) de la próxima llegada del 'momentum'. Esperando que la protesta y la fe sean ejercicios excitantes y movilizadores que les permitan un resultado electoral que no les desautorice en las próximas elecciones legislativas y municipales.

Confidencias Catalanas
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