¿Y si el PSC gana en Cataluña?

Según una encuesta de 'ABC', el independentismo solo sacará 18 de los 47 diputados que Cataluña envía al Congreso

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la ministra de Política Territorial y Función Pública, Meritxell Batet. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la ministra de Política Territorial y Función Pública, Meritxell Batet. (EFE)

Las encuestas de 'El País', del 'ABC' y el 'tracking' de El Confidencial han coincidido en augurar una victoria electoral del PSOE. Según El Confidencial, el PSOE sería el primer partido, con el 30,5% de los votos y un ascenso de 7,8 puntos respecto a 2016, mientras el PP se quedaría en un 19,5%, bajando 13,5 puntos. La ventaja del PSOE al PP traducida en escaños sería de 131 a 75, lo que casi invertiría la relación actual.

Por otra parte, la suma de las tres derechas se quedaría en 156 escaños, a 20 de la mayoría absoluta, por lo que —si las cosas no cambian, ya que falta un mes para el 28-A— hay muchas posibilidades de que —no sin una complicada investidura— Pedro Sánchez siga en la Moncloa.

¿Cuáles son las causas de este posible desenlace, que no debía estar muy previsto pues tanto Pablo Casado como Albert Rivera exigían con contundencia un inmediato adelanto electoral?

Una y fundamental es que el PSOE vuelve a ser el partido mayoritario de la izquierda frente a Podemos, cuando la gran crítica a Pedro Sánchez, tanto desde dentro del partido como desde la derecha, era que al negociar con Pablo Iglesias estaba podemizando el socialismo. La realidad es que las encuestas le dan ahora 131 diputados frente a 85 en 2016 y que Podemos desciende de 71 —cuando en 2016 no consiguió el tan pregonado sorpaso— a 31. El PSOE no ha sido el Pasok griego y la imagen de Pedro Sánchez es hoy la de un líder en ascenso, mientras Pablo Iglesias y Podemos parecen un movimiento que atraviesa serias dificultades, por no decir amenazado de descomposición.

Miquel Iceta y Carmen Calvo, en un acto en L'Hospitalet de Llobregat. (EFE)
Miquel Iceta y Carmen Calvo, en un acto en L'Hospitalet de Llobregat. (EFE)

En política económica se pueden discutir muchas cosas, pero hablar de podemización con los bonos españoles a 10 años al 1,12% de interés y una prima de riesgo respecto a Alemania de 107 puntos básicos es, hoy por hoy, bastante irrelevante.

La segunda causa de la ventaja de Sánchez es curiosamente Cataluña. Mientras la derecha apostó a que la política de desinflamación sería su telón de Aquiles porque creía que lo convertía en prisionero del independentismo, las cosas han ido de otra manera. Porque los independentistas votaron contra los presupuestos de Sánchez y porque el juicio en el Supremo se está desarrollando con normalidad y la Fiscalía está acusando como si no hubiera habido cambio de Gobierno.

El pacto de la derecha con Vox puede ser más determinante en la campaña que un independentismo que muestra gran desorientación


También porque al pintar una realidad catastrófica en Cataluña, Casado y Rivera alentaron el despegue de Vox. Si tan mal están las cosas en Cataluña y el 155 de Rajoy no ha sido efectivo —el discurso velado de Casado y el explícito de Rivera—, más vale votar a un partido más radical y con menos complejos, debieron pensar los electores más asustados del campo conservador. Esa fue la prima del centro-derecha a Vox. También porque luego —en Andalucía y en la plaza de Colón— Casado y Rivera se juntaron con Vox argumentando que la urgencia nacional era combatir la traición de Pedro Sánchez, evidenciada en algo tan terrible como la negociación de la figura de “un relator”. Parece una broma, pero esa fue la causa de la manifestación del domingo 10 de febrero en la plaza de Colón.

Y como señalaba el lunes Ignacio Varela, la contaminación del centro-derecha por la alianza con Vox está siendo más negativa que el pacto de la moción de censura de Sánchez con el independentismo. La cuestión catalana se ha convertido en menos relevante que el posicionamiento frente a la extrema derecha. La prueba es que para el 'tracking' de El Confidencial una coalición Frankenstein (PSOE, Podemos, PNV e independentistas), por otra parte muy improbable como coalición real de gobierno, no es peor valorada, sino incluso preferida, a una coalición de la triple derecha (12,9% contra 12,5% de los electores). Y en la encuesta de 'El País', realizada obviamente de forma diferente, Frankenstein es preferido por el 33,9% frente al 22,9% de la suma de la derecha y el 21,5% de la del PSOE-Cs, una posibilidad que José Luis Abalos no excluye (indicación de flexibilidad) y a la que Cs ha prometido no recurrir nunca porque —Arrimadas 'dixit'— el PSOE ya no es constitucionalista.

La política de desinflamación podría estar funcionando y reducir el porcentaje de voto al independentismo el 28-A

Pero además la política de desinflamación de Pedro Sánchez podría dar un vuelco a la política catalana. El independentismo —pese a sus peleas cada día mayores y los ridículos continuos de Torra— continúa pudiendo exhibir que tanto en 2015 como en 2017 —después ya de la declaración unilateral de independencia— tuvo el 47% de los votos y la mayoría absoluta en el Parlamento catalán. Pues bien, el 'ABC' del lunes publicó un sondeo de GAD 3, con base en 7.500 encuestas, en el que se atrevió a dar resultados por provincias, ejercicio arriesgado pero sugerente.

Y de ese sondeo surgen dos indicativos relevantes. El primero es que, en Cataluña, el PSC podría ser la primera fuerza, con 15 diputados frente a los siete que tiene en la actualidad. El segundo es que el secesionismo podría tener el próximo 28-A un porcentaje de voto muy inferior al 47% de las autonómicas de 2017.

El sondeo del 'ABC' no da porcentajes de votos y el sistema no es proporcional, pero otorga al independentismo 18 diputados del total de 47 que Cataluña envía al Congreso. 'Grosso modo', eso indica que el independentismo bajaría del 47% del voto en las autonómicas al 39%. Y eso sin contar con que obtiene más diputados en las provincias de Girona y Lleida, donde los escaños exigen menos votos.

Si con un 47% es absurdo afirmar que se habla en nombre de toda Cataluña, sería de locos insistir en ello si el porcentaje de votación el próximo 28-A se queda en el 39%. Máxime cuando las elecciones se celebrarán en pleno juicio del Supremo, lo que según el 'agit-prop' independentista (hoy más mustio que en 2017) debería movilizar al máximo a sus electores, indignados por la gravedad de las penas requeridas, las largas prisiones provisionales incondicionales y sin fianza, y por el forzado exilio de Puigdemont.

Sánchez e Iceta coinciden en creer que cuando el PSOE gana, el PSC sube, y que para que el PSOE cuente, al PSC le tiene que ir bien

Lo del PSC no es menos relevante. La encuesta del 'ABC' dice que con 15 diputados será el primer partido en Cataluña, seguido de ERC, con 12. Si fuera así, sería la confirmación de que la desinflamación está siendo una terapéutica adecuada. No solo porque el PSC ganaría —algo totalmente impensable hace pocos meses— sino porque ERC, bastante más posibilista que Puigdemont, que se ha apoderado de la antigua y pragmática CDC, sería la segunda fuerza. Se confirmaría así una de las convicciones de Pedro Sánchez y Miguel Iceta —dos políticos muy diferentes, pero igualmente calculadores— de que cuando al PSOE las cosas le van bien, el PSC sube, y que para que el PSOE pueda ganar, el PSC tiene que tener un buen resultado. Que Meritxell Batet, ministra de un Gobierno del PSOE, quedara el 28-A por delante de Jordi Sànchez y Oriol Junqueras, ambos presos y cabezas de lista de JxCAT y ERC, sería indicativo de un gran cambio de clima.

No obstante, que el PSC sea la fuerza más votada, como dice la encuesta del 'ABC' es algo que está todavía muy en el aire. El 'ABC' le da en Barcelona 10 diputados, algo que no es fácil, así como dos en Girona, la provincia más independentista y en la que Puigdemont consiguió ganar a ERC por 13.000 votos en las últimas autonómicas. Por otra parte, el 'tracking' de El Confidencial da a ERC 14 diputados, dos más que el sondeo del 'ABC', lo que haría difícil la victoria del PSC. Salvo —claro— hundimiento de Puigdemont.

Oriol Junqueras (c), el exconsejero de Presidencia Jordi Turull (i) y Jordi Sànchez. (EFE)
Oriol Junqueras (c), el exconsejero de Presidencia Jordi Turull (i) y Jordi Sànchez. (EFE)

En todo caso, la batalla entre el PSC y ERC por ser la fuerza más votada en Cataluña será uno de los puntos principales de la próxima campaña. Y las nuevas perspectivas del PSC solo son posibles porque Pedro Sánchez —contrariamente a lo que decían sus críticos— no solo no ha podemizado el PSOE sino que ha hecho que los socialistas vuelvan a ser el referente de la izquierda. Y esto se nota mucho en la provincia de Barcelona, donde el fuerte ascenso del PSC (de cinco a 10 escaños), recuperando resultados de otros tiempos, se debe exclusivamente a la fuerte caída de la coalición Podemos-Colau, que baja de nueve a cuatro escaños.

En Comù Podem —fruto de un pacto entre Pablo Iglesias y Ada Colau— ha sido un factor determinante de la política catalana y española de los últimos años, porque ganó la alcaldía de Barcelona y las legislativas de 2015 y 2016, y —aunque opuestos al independentismo— exigían un referéndum de autodeterminación. Que la izquierda catalana vuelva a estar encabezada por el PSC, que tuvo una gran crisis interna y fue acusado de traición precisamente por no asumir la reivindicación del referéndum, sería un notable factor de estabilidad para la política española de los próximos años.

Confidencias Catalanas

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