¿Dónde está Artur Mas?

ERC puede derrotar con amplitud a Puigdemont el próximo 28 de abril y confirmas así su dominio de un independentismo que pierde empuje

Foto: Quim Torra con la candidata para el Congreso, Laura Borràs, y la candidata para la alcaldía de Barcelona, Elsa Artadi. (EFE)
Quim Torra con la candidata para el Congreso, Laura Borràs, y la candidata para la alcaldía de Barcelona, Elsa Artadi. (EFE)

En Cataluña ya ha empezado una campaña que puede significar un inicio de retorno a la normalidad anterior a la crisis económica. En Comu Podem, la asociación de Podemos con el partido de Ada Colau y con la antigua Iniciativa per Cataluña, que ganó las elecciones del 2015 y el 2016, tiende claramente a la baja como le pasa en el resto de España al partido de Pablo Iglesias. Lo de conquistar el cielo por asalto ha perdido mucho encanto. ¿Por la pelea Iglesias-Errejón y por las múltiples disensiones internas? ¿Por el chalet de Pablo Iglesias e Irene Montero que indica un comportamiento de clase media típica y tópica? ¿Porque, como me dijo un economista ultraliberal, cuando el paro se reduzca a la mitad los asalariados volverán a votar PSOE?

También el independentismo ha perdido algo de encanto, pero sobre todo empuje. ¿Porque la declaración unilateral de independencia se estrelló contra el 155 de Rajoy? ¿Porque Puigdemont y Torra proclaman verbalmente que la República está viva, pero a la hora de la verdad acatan la legalidad y el indómito Torra retira los lazos amarillos de la Generalitat cuando la Junta Electoral Central ordena a los Mossos que lo hagan? ¿Por las continuas disensiones de Puigdemont y los suyos no solo con ERC sino con los moderados del PDeCAT? ¿Porque, cuando según reiteradas promesas Cataluña ya tenía que ser independiente, los dirigentes separatistas que no se han fugado son trasladados cada mañana de la prisión de Soto del Real al Tribunal Supremo? Por todo esto. Y la consecuencia es que el voto independentista va a bajar según casi todas las encuestas —pese a que decían que el juicio del Supremo incendiaría la calle— del 47% de las autonómicas del 2017 al 39%- 40%.

Puede ser que Cataluña esté volviendo en parte a una cierta normalidad que pareció haber sido liquidada por la crisis

Y la pelea por ser el primer partido en Cataluña se va a dirimir entre ERC, que sigue independentista pero tiende a apostar por una estrategia posibilista, y el PSC, que con Miquel Iceta ha sabido resistir una dura etapa y se siente ahora aupado por la presencia de dos ministros catalanes con acusada personalidad (Josep Borrell y Meritxell Batet) y la política de desinflamación de Pedro Sánchez.

Si en vez de ERC ponemos a la CiU de Pujol y Durán Lleida y sustituimos a Meritxell Batet por Narcís Serra, podríamos encontrar un lejano parecido con los viejos tiempos. No es así porque ERC es muy diferente de CiU, pero pese a la marcha del veterano Joan Tarda —un republicano del que hasta José Bono decía que era una buena persona— Gabriel Rufián, el diputado jabalí de la pasada legislatura, está dando muestras de moderación. Una inteligente periodista catalana que le dijo que parecía otro, recibió la siguiente respuesta: "Voy a ser el jefe de un grupo parlamentario importante (el CIS da a ERC hasta 18 diputados) y ya no puedo hacer el friki". Y Oriol Junqueras —me dicen que el líder indiscutible de ERC, al menos mientras esté en la cárcel— acaba de declarar: "No se debería cometer el error de poner líneas rojas (¿al PSOE?) que a la hora de la verdad se convierten en cheques en blanco a un gobierno tripartito de la extrema derecha".

El número dos de ERC al Congreso, Gabriel Rufián. (EFE)
El número dos de ERC al Congreso, Gabriel Rufián. (EFE)

Aunque Junqueras añade que un referéndum de autodeterminación acabará siendo inevitable y ERC agita la idea de dos referéndums —también uno sobre la monarquía, una tácita confesión de que ven lejos la independencia y una forma de tapar la boca a los que les acusan de retractarse— es una actitud muy distinta a la de Puigdemont, Torra y la numero dos de JxCAT por Barcelona, Laura Borràs, que acaba de declararse partidaria de la negociación, pero con dos condiciones irrenunciables: el referéndum y el fin de la represión, seguramente un eufemismo para exigir la liberación de los presos. Y esta posición ha sido reafirmada en un artículo en 'La Vanguardia' del sábado por los cuatro presos (Jordi Sànchez, Jordi Turull, Josep Rull y Joaquim Forn) que encabezan candidaturas de JxCAT. Dicen que quieren negociar la investidura de Sánchez, pero con la condición de, como mínimo, hablar del referéndum.

La purga con desprecio, ordenada por Puigdemont, de los moderados de la antigua CDC ha sido un error mayúsculo

La misma condición que pusieron para aprobar los presupuestos del 2019 y cuya consecuencia fue que Pedro Sánchez convocó las elecciones generales. Con Puigdemont decidiendo desde Waterloo, Torra dando pasos de baile por en medio, los presos abriendo candidaturas y ahora la literaria Laura Borràs sustituyendo al experimentando Campuzano como jefa de la negociación en Madrid, las listas de JxCAT parecen bastante desconectadas tanto de la Cataluña real como de Madrid y del mundo. El miércoles la conferencia presentación de Laura Borràs en Nueva Economía Forum de Barcelona tuvo poco más de media entrada y había un clima de resignado desánimo. Es lógico porque la última encuesta del CIS indica que ERC se dispara de sus nueve diputados actuales a dieciocho (parece exagerado) y reduce los actuales ocho diputados de la antigua CDC a cuatro o cinco de la nueva JxCAT comandada por Puigdemont.

La encuesta de 'El Periódico de Cataluña' da a ERC y el PSC un 25% de los votos y baja los de En Comu Podem al 13,7% (en el 2016 lograron el 25%) y da a Junts per Catalunya el 8,5%, por debajo del 10% de Cs que no puede transformar su alarmado voto antiindependentista de las autonómicas del 2017 (25%) en un voto para gobernar España. No obstante, lo más alarmante para JxCAT —que revela la desconexión del discurso de Puigdemont con la realidad— son los resultados del macrosondeo del CIS en la provincia de Barcelona. Mientras que ERC y el PSC obtendrían nueve diputados, JxCAT empataría con Vox con tres escaños, eso si por delante del PP que se quedaría con uno.

En JxCAT subrayan que también en las elecciones autonómicas del 2017, las del 155, parecía que ERC partía con mucha ventaja y que al final la lista de Puigdemont ganó a la de Junqueras por 13.000 votos. Es cierto, pero Puigdemont prometió que si ganaba volvería a Cataluña, cosa que no ha hecho porque no quiere hacer compañía a Junqueras en Soto del Real. Además, la purga de los moderados de la antigua CDC —Marta Pascal, Carles Campuzano y Jordi Xuclá en Girona— no ha podido caer nada bien a una masa de electores de la antigua CDC (se habla de hasta 220.000 votos) que se sienten huérfanos y que no saben a quién votar.

JxCAT intenta reaccionar y dice que en su campaña además de los presos tomarán parte activa los tres 'presidents': Carles Puigdemont, Quim Torra y… Artur Mas. Y efectivamente Mas estuvo en el primer acto de campaña lo que no ha dejado de causar cierta sorpresa porque se le suponía —y hay declaraciones suyas que así lo indican— alejado del radicalismo improductivo de Puigdemont y de Torra y más próximo al pragmatismo de Marta Pascal y Campuzano.

Artur Mas quiere volver, no sabe cómo y no quiere cerrarse ninguna puerta. Por eso apoyo a Puigdemont pese a no estar de acuerdo

¿Por qué Artur Mas se une a la campaña de Puigdemont cuando Campuzano y Marta Pascal le acaban de desautorizar expresamente diciendo que Cataluña no se puede dirigir desde Waterloo y que han sido purgados por haber apoyado la moción de censura de Pedro Sánchez?

¿Dónde está Mas? ¿Con Waterloo o con los diputados pragmáticos como Campuzano? Lo más probable es que el expresidente dude. Que tenga más sintonía con los pragmáticos, pero no quiera desmarcarse de quien hoy manda en el conglomerado que ha sucedido a CDC. A Mas se le acaba la inhabilitación en febrero del 2020, parece que quiere volver y no quiere enfrentarse a Puigdemont que ha heredado a su antigua formación y al que puso al frente de la Generalitat. Al expresidente nadie le niega una fuerte personalidad, pero es difícil que tenga la autoridad moral para liderar una alternativa moderada.

Él fue no solo quien hizo presidente a Puigdemont sino también quien transformó a CDC de un pragmático partido nacionalista con algunos sueños soberanistas (estilo PNV) y aliado desde siempre con Durán Lleida, en un partido separatista de inclinación radical (por converso) que quería discutir a ERC el liderazgo del independentismo y quien vendió a Cataluña que la independencia era posible y que bajo su liderazgo sería un parto sin dolor.

Mas no sabe realmente dónde está, pero sí sabe que no quiere cerrarse ninguna puerta para poder volver. Pero su prestigio, que fue alto está hoy bajo mínimos. Y los que creyeron en la independencia como una cosa fácil -porque Madrid era al mismo tiempo perverso-intransigente y un tigre de papel- han comprobado que bastantes años después (cinco como mínimo) Cataluña está más dividida y fraccionada, que el autogobierno no ha subido sino disminuido y que sus gobernantes actuales no son recibidos en ninguna capital europea (salvo Torra en Eslovenia), mientras que Pujol y Maragall eran respetados en Bruselas y ambos fueron presidentes del Comité de Regiones de Europa. Y encima sus colaboradores de hace años (Turull. Rull y Forn) duermen en la cárcel. Del parto sin dolor se ha pasado al valle de lágrimas.

Es difícil que el líder que lanzó y propulsó un proyecto fracasado pueda tener autoridad moral tanto para encabezar una segunda oportunidad (a corto plazo inexistente) como una inteligente revisión. Quizás por eso Artur Mas no quiera revisar nada. Solo intenta no desaparecer. Para volver.

Confidencias Catalanas

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