Calviño, telonera de Collboni

El candidato del PSC a la alcaldía de Barcelona dobla concejales, pero todavía está detrás de ERC y de Colau en la última encuesta

Foto: El candidato del PSC a la alcaldía de Barcelona, Jaume Collboni (d), junto a la ministra en funciones de Economía y Empresa, Nadia Calviño. (EFE)
El candidato del PSC a la alcaldía de Barcelona, Jaume Collboni (d), junto a la ministra en funciones de Economía y Empresa, Nadia Calviño. (EFE)

Está claro que la concreción de la investidura y de las posibles mayorías de apoyo no avanzará mucho hasta después de las elecciones municipales, autonómicas y europeas. En Cataluña no hay autonómicas —y no las habrá hasta como mínimo la sentencia del juicio del Supremo— y el interés se centra en las europeas y las municipales. En las europeas, la gran incógnita es si, dentro del secesionismo, Junqueras y ERC repetirán la amplia victoria del pasado 28-A contra JxCAT y el puigdemontismo (24,6% y 15 diputados contra 12% y siete). Parecía un hecho claro —y más tras la ruptura del PNV con JxCAT, coalición a la que no consideran heredera de CiU—, pero Puigdemont, candidato al igual que Junqueras, ha tenido mucha propaganda gratuita por el recurso del PP y Cs contra su candidatura, que la Junta Electoral aceptó y que luego la Justicia —aún está pendiente un recurso del PP ante el Constitucional— ha corregido al decidir que Puigdemont y los 'exconsellers' Toni Comín y Clara Ponsatí pueden ser candidatos pese a estar exiliados. El resultado del duelo Junqueras-Puigdemont, o entre ERC y JxCAT, una extraña amalgama de la antigua CDC y el independentismo radical, tendrá relevancia.

Respecto a las municipales, la madre de todas las batallas es la alcaldía de Barcelona, en manos socialistas desde las primeras municipales de 1980 hasta 2011, que CDC con Xavier Trias arrebató entonces a los socialistas, y que en 2015, Ada Colau, encabezando un movimiento de protesta y una coalición electoral que iba desde la antigua ICV a Podemos, logró conquistar, pese a un resultado muy regular (11 concejales sobre 41), gracias a ser la fuerza más votada.

Portada de 'El Periódico' del 7 de mayo.
Portada de 'El Periódico' del 7 de mayo.

Ahora la batalla está muy abierta, pero con dos constataciones. La primera es que ninguna fuerza volverá a conseguir el mínimo de los 15 concejales que tuvieron todos los alcaldes socialistas. La segunda, que la experiencia Colau, gobernando en minoría y sin capacidad de lograr acuerdos o complicidades estables, no se debería repetir porque lastra mucho las posibilidades de Barcelona, muy afectada también por el dominio del independentismo sobre la política catalana.

Pero la encuesta publicada ayer por 'El Periódico de Cataluña' confirma que la mayoría estable no está garantizada. La encuesta sitúa en primer lugar a la lista de ERC, encabezada por Ernest Maragall, hermano de Pasqual, el alcalde olímpico y posterior presidente socialista de la Generalitat, que obtendría 11 concejales, seguido de Barcelona En Comú (Ada Colau) con nueve o 10, el PSC con ocho, Cs con seis, JxCAT con cinco o seis y el PP con cero o dos.

ERC es la lista favorita en la encuesta de 'El Periódico', pero en la ciudad de Barcelona el pasado 28-A solo superó al PSC por 3.000 votos

Hay dos fuerzas que suben con claridad —ERC y el PSC, los ganadores de las generales—, que saltan del 11% al 22,5% y del 9,6% al 16,6% respectivamente, mientras que Cs sube más modestamente (del 11% al 13,1%), pese a que la encabeza como independiente Manuel Valls, antiguo primer ministro de Francia. Y hay otras tres que retroceden con intensidad, Junts per Barcelona (la antigua CDC), que pasa de los 10 concejales conseguidos por Xavier Trias en 2015 a cinco o seis, el PP catalán, que sacaría un máximo de dos concejales, ya que con el 4,6% de la encuesta podría quedarse incluso fuera del ayuntamiento, y la CUP, que cae todavía más y que no obtendría concejales.

Si estos fueran los resultados, lo más probable sería una coalición de ERC y Colau que podría llegar (no es seguro) a los 21 concejales de la mayoría absoluta, o que el alcalde fuera Ernest Maragall como la fuerza más votada. Pero el PSC, animado por el resultado de las legislativas en la ciudad de Barcelona, donde la distancia con ERC fue solo de 3.000 votos, ha decidido poner toda la carne en el asador porque cree que tiene la victoria a su alcance. Porque Ada Colau pierde empuje junto al descenso general de Podemos y JxCAT puede recuperar terreno y frenar algo el ascenso de ERC.

Por eso, en el ciclo de presentación de los candidatos a la alcaldía organizado por Foment, la patronal catalana, Jaume Collboni, el candidato socialista, se hizo ayer presentar por una telonera de lujo, la ministra de Economía y Hacienda, Nadia Calviño, quizás el miembro del Gobierno que, salvo el propio Pedro Sánchez, más podía impactar a los empresarios. Lo cierto es que la expectación era grande y hubo que cambiar la sala a otra de mayores dimensiones que la que Elsa Artadi, la candidata de JxCAT, utilizó el día anterior. Calviño reafirmó que la economía española resistía bien la desaceleración europea —el ritmo de crecimiento del PIB subió del 0,6% al 0,7% entre el último trimestre de 2018 y el primero de 2019, y el empleo sigue aumentando un 3% anual, según la EPA—. Calviño también subrayó la voluntad modernizadora y reformista del Gobierno, destacando que el plan de estabilidad enviado a Bruselas prevé que no haya ya déficit público primario (antes de la carga de intereses) en 2021.

Jaume Collboni se presentó como socialdemócrata, amigo de la economía y preocupado por el descenso de la seguridad

También subrayó que la economía catalana es el 19% del PIB español, por lo que es muy conveniente que se superen los conflictos políticos y no afloje el ritmo de crecimiento. Apuntó también que a Barcelona siempre le ha ido bien cuando han coincidido un alcalde del PSC y un presidente socialista en España. Collboni abundó en esta idea (JJOO del 92) y aseguró que quería ser un alcalde “de todos”, no solo “de unos” y menos aún “contra otros”. En este sentido, insistió en que había que pasar página de las divisiones del 'procés' y acabar con las trincheras. Se mostró muy socialdemócrata —objetivo de pobreza cero para 2030—, pero también pragmático e incluso 'business friendly', por ser consciente de que no se puede repartir riqueza si al mismo tiempo no se ayuda a crearla, y prometió acabar con la tasa municipal que grava las nuevas actividades. Hay que recaudar impuestos “cuando las empresas ya funcionan, pero no entorpecer y poner obstáculos a su creación”.

También destacó la necesidad de incrementar la seguridad pública y el respeto de las normas que —aseguró— se habían degradado bajo el mandato de Colau, en la que dijo no tener ninguna confianza y a la que acusó de haber roto el breve pacto municipal con el PSC para congraciarse con el independentismo. Argumentó que tenía en Albert Batlle —el tercero de su lista— la persona más adecuada para velar por la seguridad pública. Batlle, antiguo concejal socialista, fue luego director general de Seguridad con Artur Mas y Puigdemont, y dimitió cuando creyó —en la última crisis del Gobierno Puigdemont— que se había emprendido la marcha definitiva hacia el choque de trenes. Batlle se ha integrado en la lista de Collboni por el grupo Units per Avançar (Unidos para Avanzar) que preside Ramon Espadaler, antiguo dirigente de los democristianos catalanes.

Un Jaume Collboni notablemente crecido respecto a meses atrás —y hablando con la gravedad del candidato favorito— se definió como representante a la vez de los progresistas y de los moderados y llamó a no desperdiciar el voto en opciones sin posibilidades, definiéndose como la única alternativa posible para evitar un ayuntamiento de coalición de ERC con Colau, o de Colau con ERC.

El PSC no lo tiene fácil. Perdió las legislativas en la ciudad de Barcelona por solo 3.000 votos y ganó en la provincia, pero en la encuesta de 'El Periódico' Collboni está todavía a seis puntos de ERC y a 3,5 de Colau. Collboni cree que puede liquidar este gap en menos de tres semanas con la ayuda del indudable efecto Sánchez. Por eso la presencia ayer en Barcelona de Nadia Calviño, para impactar en el mundo empresarial. Es muy posible que no sea la única ministra (o ministro) que Collboni —que hizo gala tanto de su sensibilidad al mundo económico como de su pasada militancia en UGT— haga aterrizar los próximos días en Barcelona.

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