Bailar de lejos no es bailar

Resulta valioso y hasta profético el mensaje de fondo que transmite la canción de Sergio Dalma: amigos, hay que arrimarse

Foto: Mariano Rajoy y Pablo Iglesias se saludan en presencia de la diputada de Podemos, Carolina Bescansa. (EFE)
Mariano Rajoy y Pablo Iglesias se saludan en presencia de la diputada de Podemos, Carolina Bescansa. (EFE)

Preferiría no contarles cómo he llegado a la conclusión de que entre los incontables servicios prestados a la sociedad española por nuestro eterno Sergio Dalma brilla una aportación a la estrategia electoral. Me quedo en compartirla con ustedes, que no es poco.

Les pido, eso sí, que aparten por un momento la frase más memorable de esa canción, la irremediable forma de venirse arriba con el mítico “igual que baila el mar con los defines, corazón con corazón, dos bailarines” en el karaoke o en la ducha mientras suena Kiss FM.

Bailar de lejos no es bailar

Vayamos al tema mollar, adonde está la clave que probablemente definirá estos últimos días de campaña. Lograrlo pasa por rescatar la melodía de la memoria, entornar los ojos y repetir juntos: “nuestra balada va a sonar, vamos a probar, probar el arte de volar”. ¿Qué balada?

Desde un principio, esta es una campaña electoral marcada por la polarización, creo que ya nadie lo discute. También es obvio que dos no polarizan si uno no quiere y que aquí quieren los dos. Pero como con la intención no basta, resulta valioso y hasta profético el mensaje de fondo que transmite la canción de Sergio Dalma: amigos, hay que arrimarse. Bueno, pues ya están en ello. Sincronizados.

Cualquiera que haya hecho un viaje de fin de curso, o se haya descubierto a sí mismo en Benidorm a las cinco de la mañana, comprende una de las verdades más profundas que nos guarda la vida: ser diferentes no evita el encuentro, basta con que se den las circunstancias adecuadas. Aquí se han dado.

Por eso les viene bastando con mirarse para entenderse. Los dos hicieron la misma lectura de lo ocurrido en diciembre. Los dos sintieron lo mismo mientras la pareja de guapos bailaba en el centro de la escena, bajaron la vista al suelo, supieron esperar a que llegase el momento y Alberto Garzón se encargó del resto.

Los candidatos en el único debate a cuatro de la campaña del 26-J. (EFE)
Los candidatos en el único debate a cuatro de la campaña del 26-J. (EFE)

Los primeros compases de “Bailar pegados” empezaron en el debate televisado que vimos el otro día. Al inicio estaban los cuatro, al final sólo tres.

La campaña de Sánchez se apagó faltando catorce días para las elecciones. Rivera, que sobrevivió bajo aquellos focos, sabe que puede ser el próximo porque se ha quedado bailando sólo y con un vaso en cada mano.

Durante los próximos días, Iglesias y Rajoy harán todo lo posible por sacar de la pista al PSOE y a Ciudadanos. Los pasos del baile ya se han dado en las redes sociales y, previsiblemente, se repetirán en los discursos y contenidos que se emitan hasta el 26J.

Primero: reducción de la elección que plantean las urnas a un único dilema: “o ellos o nosotros”, sin más opciones.

Segundo: invisibilización de los demás rivales proyectando las emociones negativas -desde el miedo hasta el odio- en un único adversario. Así el PP quita de en medio al PSOE y Podemos se encarga de hacer exactamente lo mismo con Ciudadanos.

Tercero, concentración de las expectativas electorales en las siglas propias, para que cada uno pueda atraer a los votantes dudosos de su espectro político –a todo el mundo le gusta apostar a ganador-, así como para inhibir a los votantes menos leales de Ciudadanos y del PSOE –cuesta más respaldar al perdedor-.

Y cuarto, como escucharemos hasta el cierre de campaña, llamamiento a la movilización para que ningún votante se quede en casa y para que nadie acabe “tirando su voto”.

A ver quién dice ahora que Sergio Dalma no cantó todo esto antes que nadie. “Bailar pegados como el fuego”. No puede haber ninguna duda.

La cuestión está en preguntarse si Sánchez y Rivera pueden frenar está dinámica polarizada que parece haber encontrado un punto de retroalimentación en las últimas encuestas.

No es imposible. El problema es que para hablar de eso tendría que recurrir a Eros Ramazzotti y, compréndanme, no creo que a estas horas estemos en ese momento.

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