El acosador perseguido: crisis en la campaña de Trump

Es probable que Trump haya alcanzado el punto de saturación del público. Es lo que suele ocurrir con bastantes personajes nacidos en los platós televisivos

Foto: El candidato republicano a la presidencia de EEUU, Donald Trump. (Reuters)
El candidato republicano a la presidencia de EEUU, Donald Trump. (Reuters)

El terremoto que está sufriendo el Partido Republicano ha alcanzado una intensidad inimaginable hace solo 10 días. ¿Cómo ha llegado esa campaña a una situación tan delicada? Localicemos el epicentro.

Está en la pieza de la convención demócrata que destacamos, en aquellas palabras que dirigió a Trump el padre del soldado Khan -musulmán, estadounidense y fallecido en Irak-.  

El vídeo se viralizó y Trump se equivocó. En lugar de dejarlo pasar, pasó al ataque, dejó caer que la madre estaba callada porque seguramente no tenía permitido hablar.

Aquello permitió que la historia se retroalimentase y quedase incrustada en el primer plano de todos los medios analógicos y digitales. Entre otros motivos, porque ni el padre ni la madre de Khan se escondieron y porque el propio Trump seguía hablando de ello en Twitter. Enzarzado.

De esa forma, una simple historia acabó moviendo las placas tectónicas republicanas. Tanto, que desencadenó dos crisis que todavía parecen lejos de su final.

La primera es una crisis de comunicación. Es probable que Trump haya alcanzado el punto de saturación del público.

Es lo que suele ocurrir con bastantes personajes de la 'reality tv' y con no pocos de los políticos nacidos en los platós televisivos. Al principio hacen gracia, parece que hablan claro porque utilizan un lenguaje agresivo. Pero llega un día en que el mismo tipo que hace un mes te aplaudía desde el sofá cambia de canal si apareces en su pantalla.

Aquí le pasó a Iglesias con la frase de la “cal viva” y allí puede ocurrir algo parecido porque Trump no ha respetado el duelo de unos padres. En los dos casos se ha traspasado la línea roja del tabú social y en ninguna de las dos situaciones hubo una disculpa clara y rápida. Hay cosas que no deben decirse nunca. Pero si son dichas hay que pedir perdón enseguida o asumir un daño en la imagen que será irreparable.

Vean en la siguiente gráfica, el 70% cree que el candidato republicano ha sobrepasado los límites de lo tolerable.

Las réplicas llegaron pronto. La mezcla de pánico e incomprensión por lo ocurrido provocó una espectacular cadena de errores no forzados.

Trump, incapaz de comprender por qué de pronto había perdido la bula, empezó a comportarse como el típico agresor al que le plantan cara. El acosador se descubrió perseguido y cayó en el victimismo y la pérdida de control.

En 100 horas, justificó el acoso laboral, expulsó de un mitin a una madre y a un bebé que lloraba después de decir que adoraba a los niños, emitió mensajes confusos sobre su relación con Putin, aconsejó a los ciudadanos que sacasen el dinero de la bolsa y habló de amaño en las próximas elecciones de su país.

Mientras tanto, el Partido Demócrata decidió aprovechar la ocasión que previamente había sembrado. Estrategia de manual, capítulo 2: utiliza el ejemplo para instalar tu categoría. ¿Cómo?

Es fácil. Coge la falta de empatía que el adversario ha reflejado con los padres del soldado, señala que eso demuestra que no tiene el temperamento necesario para la Casa Blanca y añade su falta de preparación y de conocimiento para la tarea. Categoría: Trump no es apto para ser el presidente de los Estados Unidos.

La segunda crisis desatada en el Partido Republicano es interna y se está dando en tres niveles.

En el equipo de campaña se han producido nuevos despidos, se ha filtrado a los periodistas el estado de desánimo general y son claras las tensiones entre el candidato a presidente y el candidato a vicepresidente.

En los cargos y cuadros intermedios, hay congresistas que ya han expresado que votarán por Clinton, está faltando respaldo territorial hacia el candidato y no faltan críticas de los gobernadores.

Y en las élites, sobre todo desde que Trump ha vuelto a chocar con McCain -candidato en 2008 y claro referente moral- y no ha respaldado la candidatura de Paul Ryan en su estado, siendo el líder con el puesto institucional más alto que ostentan los republicanos.

El nivel de pánico alcanzado en ese partido por la confluencia de estas dos crisis ha disparado las especulaciones. Las más extremas van desde el abandono voluntario de Trump a la necesidad de que el aparato maniobre para descabalgarle. Los más moderados plantean la necesidad urgente de resetear la campaña.

La candidata demócrata Hillary Clinton. (Reuters)
La candidata demócrata Hillary Clinton. (Reuters)

Faltan menos de 100 días para las elecciones. En noviembre puede decidirse la presidencia norteamericana y también la propia supervivencia del Partido Republicano. Pero el nudo del problema está en un hecho objetivo: el candidato ha dejado de necesitar a la organización.

El temor que expresó Bush no parece infundado. Tal y como van las cosas, podría pasar a la historia como el último presidente republicano.

En cualquier caso, en este principio de agosto, parece obvio que se dan las condiciones necesarias para unir al Partido Demócrata, afianzar a la candidata y tensionar a su electorado.

Y no puede descartarse que durante las próximas semanas se cierren las vías republicanas de acceso a otros sectores electorales.

Sin embargo, parece poco probable que las capas sociales más seducidas por Trump vayan a desmovilizarse. No hay un indicador más fiable que el dinero y en julio ha reunido 82 millones en donaciones -su cifra récord-.

No sería sorprendente que las primeras encuestas sólidas -las de mediados de este mes- reflejen una distancia entre Clinton y Trump cercana a los 10 puntos.

Con esos números, algunos de los territorios estratégicamente claves que todavía permanecen en la zona de incertidumbre podrían comenzar a inclinarse hacia el bando demócrata. Florida, Virginia y Ohio, por ejemplo. Esas tres conquistas garantizarían prácticamente la victoria de Hillary.

Todo parece indicar que la hoja de ruta de la campaña de Clinton pasa por ahí, por ganar las elecciones antes de llegar al último tramo de la campaña. Ese es el objetivo, que Trump no llegue electoralmente vivo al otoño porque si llega con opciones podría haber partido.

 

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