Pedro división Sánchez

No hay novedad en que los socialistas tengan adversarios, cualquier organización política los tiene. Lo que es nuevo es que el Partido Socialista esté tan gravemente dividido

Foto: El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez.
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez.

El paisaje de la derecha se ha llenado de falsos nostálgicos de “aquel PSOE de toda la vida”. Son la impostura pura, los del tono más grave y el lenguaje más solemne, los del mantra del “sentido del Estado que siempre tuvieron los socialistas” y que ellos nunca reconocieron; los que no resisten la prueba del espejo del tiempo.

Amplificaron la crispación cuando se rompía España y el terrorismo segaba vidas. Rieron las gracias de Podemos. Vertieron toda la sal posible. Ahora se presentan como los guardianes de las esencias de un partido que siempre han querido machacar. Suyas son las dos nuevas disciplinas olímpicas: meterle presión al PSOE y azuzar la división.

No hay novedad en que los socialistas tengan adversarios, cualquier organización política los tiene. Lo que es nuevo es que el Partido Socialista esté tan gravemente dividido.

Es un hecho que tiene consecuencias inmediatas para el país. Pero también tiene causas y quizá merezca la pena aproximarse a ellas.

Han pasado ya más de dos años desde las primarias socialistas, el lema de Sánchez fue: “El socialismo que une”. Podría ser un buen punto de partida para empezar a levantar las tres capas.

El mensaje socialista se ha conjugado únicamente con la primera persona del singular. Todos los recursos se han concentrado en torno a la promoción de Sánchez

Comencemos por la comunicación. Desde hace dos años, el mensaje socialista se ha conjugado única y exclusivamente con la primera persona del singular. Todos los recursos del partido se han concentrado en torno a la promoción del secretario general. Los segundos y terceros niveles han quedado fuera del tiro de cámara.

Habrá quien quiera poner el acento en lo cutre que ha sido la comunicación, incluida la electoral. En realidad es lo de menos. Lo relevante es que se ha sometido a una Operación Triunfo individual, basta con ver lo ocurrido durante los últimos meses.

Un coma inducido -como el de ahora-, después de haber forzado a todo el mundo a vender una investidura imposible, no parece el mejor camino para unir a los socialistas.

Continuemos por el ejercicio del poder interno. El PSOE necesitaba nuevos métodos de gestión, por eso tenía sentido darle el relevo a la siguiente generación. La modernización era el reto. No triturar el talento y la ilusión. No dejar a los mayores sin que nadie les escuche y a los jóvenes sin que nadie les dé la voz.

Habrá quien quiera restarle valor a las formas. En realidad es lo de más. Las formas dibujan el molde del comportamiento.

Las maneras violentas de la actual dirección -las amenazas, los vetos, los desprecios y las continuas faltas de respeto- perfilan una ambición pobretona, porque todo empieza y acaba con el objetivo de mantener un despacho que no para de menguar.

El PSOE necesitaba nuevos métodos de gestión, tenía sentido dar el relevo a la siguiente generación. La modernización era el reto. No triturar el talento

Cuesta discutir que esa concepción del poder interno está muy lejos del “socialismo que une”. Parece claro que con ese tipo de tirones personalistas, el Partido Socialista solo puede descoserse.

Y mientras la posición política siga fundamentada en una pataleta individual y no en los principios y las ideas compartidas, puede anticiparse que el PSOE seguirá dividiéndose.

Ahí es donde está el tercer velo que tiene que descorrerse, en las ideas. Exactamente en ese espacio es donde se descubre la tranquilidad de la nada, el ojo del huracán.

Las dos últimas campañas electorales han demostrado que el Partido Socialista solo ha podido unirse alrededor de su historia. En todos los mítines ha sonado la banda sonora del pasado y ha faltado la melodía de un futuro en torno al que agruparse.

Felipe González implantó la socialdemocracia. José Luis Rodríguez Zapatero activó una ola de derechos, libertades e igualdad. Rubalcaba impulsó en Granada la inevitable arquitectura para la convivencia territorial en España. Pero este secretario general no tiene legado.

No lo tiene porque sigue sin interiorizar que el liderazgo interno solo se construye desde el liderazgo social, y para eso hacen falta ideas. Por eso Sánchez viene dividiendo al Partido Socialista mientras separa al PSOE de la gente, porque ha posado mucho y ha pensado poco.

Si a lo largo de todo este tiempo hubiese asumido la misión de levantar un proyecto político, hoy las cosas podrían ir de otra manera. Incluso con el mismo resultado electoral, la misma posición ante la investidura del PP sería más comprensible: diferentes modelos de país.

El liderazgo interno se construye desde el liderazgo social, y para eso hacen falta ideas. Sánchez viene dividiendo al PSOE porque posa mucho y piensa poco

Pero no fue así. Así que a Rajoy le ha bastado con tomar el ramillete de aquellas propuestas que pactaron deprisa el PSOE y Ciudadanos para irse despacito hasta el altar.

Han bastado dos años para dejar a todo un secretario general socialista sin nada que comunicar, sin apoyos internos, sin una sola idea que se pueda recordar y con los dos peores resultados electorales de la historia. El mismo Sánchez que llegó hablando de “socialismo que une” ha abierto en el PSOE la mayor fractura que pueden recordar las generaciones vivas.

Y jugar a enterrar las llaves del comité federal en un playa de Mojácar no va a servir para ocultar esa verdad. En democracia, los líderes se distinguen por su capacidad de escuchar primero y convencer después. Disfrutan al debatir y al negociar, saben que hablar nunca sobra, que donde falta el diálogo se daña la unión.

Claro que los falsos nostálgicos de la derecha seguirán preguntando cuándo los socialistas darán el sí al PP, dónde está el sentido de Estado de un partido al que ellos no dejarán de detestar haga lo que haga. Pero es que la cuestión es otra, no la que marcan los adversarios.

Para quienes todavía sientan algo por esas siglas, la pregunta no es si se puede o no se puede cambiar la posición, es si se debe. ¿Qué tiene que hacer el PSOE para volver a ser útil a España? Ese es el tema. Y no solo durante las próximas semanas, sino siempre.

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