El bingo de la investidura

Vine con la sensación de que lo malo no es que hayamos escuchado mucho, sino que siempre se dice lo mismo para que nunca pase nada

Foto: Mariano Rajoy, presidente del Gobierno en funciones, durante el último debate de investidura celebrado en el Congreso. (EFE)
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno en funciones, durante el último debate de investidura celebrado en el Congreso. (EFE)

Señora, ¿nota usted fatiga después de tanto votar y que luzca tan poco? ¿Teme usted como un nublado la llegada del cuñado a la cena de Nochebuena, en vísperas de unas terceras elecciones?

No se preocupe, que para eso estamos. No para desatascar los problemas y sí para acompañar su hartazgo, para hacer más llevadero el debate de investidura que ya llega y según parece también será fallido.

Nos tiene a su lado por el precio de una sonrisa, prestos y dispuestos a entregar el último avance en entretenimiento político: el bingo de la investidura mariana.

Un producto pensado para reunir a la familia y a los vecinos. Confeccionado por nuestra legión de politólogos. Suyo es el mérito de haber descubierto un fenómeno único en el mundo y nuestro el de haberlo registrado.

Una patente 100% hispana, para que luego digan que aquí no hay talento: hemos dejado demostrado que, pasada la ventana del tiempo razonable para conformar Gobierno, la retórica parlamentaria entra en bucle, el discurso político se sube en la rueda del hámster y ya no puede bajar, giran las palabras sin parar y siguen girando sin avanzar.

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)

Y eso hay que aprovecharlo. ¿Cómo?, se preguntará usted. Con una miaja de ingenio y siete arrobas de paciencia, decidimos nosotros.

Le sorprenderá a usted saberlo -y le pido que no salga de aquí-, pero tiene mi garantía de que ya están impresas las intervenciones y las réplicas de los protagonistas en el debate de investidura. Deben ir ya por la tercera versión del texto aunque el contenido del acuerdo no está cerrado, ni siquiera asegurado. Por eso llegamos a la conclusión de que había llegado la hora de aportar algo a nuestro país. Y nos pusimos manos a la obra.

Primero pensamos en ofrecer a la democracia un artefacto nuevo. Como no habrá competición de argumentos y sí otra sucesión de monólogos mil veces masticados, instalemos un botoncito en la mesa del Congreso para que los aplausos 'espontáneos' a cada líder salten enlatados como las risas en las teleseries. Todo más y mejor pautado.

Después barajamos la posibilidad de recuperar y actualizar aquella dinámica del parlamentarismo clásico, que los representantes suban al estrado con un solo papel en las manos, sin la oratoria hecha y a ver qué pasa.

Desgraciadamente, tuvimos que desechar la opción por graves carencias de recursos humanos. Y como nos quedamos abatidos, secos tras la estéril lluvia de ideas, optamos por lo más español que puede hacerse, preguntamos al becario.

Discúlpeme por el lenguaje, señora mía, pero créame cuando le digo que su respuesta fue más dura que la que me atrevo a contar ahora… dijo... la gente esta más que harta de estar harta, la generación becaria anda encabronada, la crisis está machacando sus vidas, cuesta confiar en el sistema mientras se apagan los cauces para la indignación; y la factura para la democracia será larga y será dura.

Le pedimos un informe -un Powerpoint, que se lee antes- y nos fuimos a la playa. A la vuelta, una serie de 'bullet points' sobre la previsibilidad de los cuatro discursos próximos.

Pablo Iglesias

  • ¿Empleará la fórmula “los números dan” para referirse a la posibilidad de un Gobierno con PSOE, Unidos Podemos y los nacionalistas?

  • ¿Se referirá al “dictado de las élites”, “las instrucciones de las oligarquías” o el “Ibex 35” para calificar el acuerdo entre Rajoy y Rivera?

Pablo Iglesias, secretario general de Podemos. (Reuters)
Pablo Iglesias, secretario general de Podemos. (Reuters)
  • ¿Incorporará el relato épico y autorreferencial para versar la evolución de Podemos aunque solo sea con el objetivo de enviar un mensaje a las bases en este periodo de lucha interna?

  • ¿Volverá 'Coleta morada' a subirse en el Delorean de “Regreso al futuro”para ajustarle las cuentas a la Transición española?

Albert Rivera

  • ¿Sobredramatizará el hombre bisagra el papel de estadista con expresiones como “prefiero ser parte de la solución a parte del problema”?

  • ¿Citará a Churchill, Kennedy, Suárez o González?

  • ¿Escenificará despecho o sorpresa ante la actitud de Sánchez después de haber incorporado buena parte de sus demandas al acuerdo naranja con el PP?

  • ¿Tratará de mantener el concepto 'regeneración' antes de votar a Rajoy después de todo lo que ha dicho sobre él?

Pedro Sánchez

  • ¿Planteará su intervención en términos de incompatibilidad ideológica y ética con el PP?

  • ¿Citará el SMS de Bárcenas y utilizará la expresión “España merece un Gobierno limpio”?

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)

Mariano Rajoy

  • ¿Recordará que ha ganado dos elecciones en medio año, la segunda con más escaños que la primera?

  • ¿Pondrá en valor su disposición a la negociación frente al incomprensible bloqueo socialista?

  • ¿Señalará la ingobernabilidad del país como una amenaza para la crisis y la creación de empleo?

  • ¿Tardará menos de cinco minutos en emplear cuatro de sus palabras favoritas: 'certidumbre', 'capital', 'disparate' y 'colosal'?

Ampliar la partida es mucho más fácil, cinco minutos sobran para encontrar más expresiones, ideas y giros con altas probabilidades de ser dichas por los protagonistas del debate.

Señora, haga usted misma la prueba, busque otras opciones, elabore su propio cartón binguero para el debate que viene. Invite a los suyos a hacer lo mismo. Esa es la propuesta que me ha traído a su puerta.

Vine con la sensación de que lo malo no es que hayamos escuchado mucho, sino que siempre se dice lo mismo para que nunca pase nada. Y me marcho dejando el deseo de que, a pesar de todo, nadie se desconecte de la democracia. A ver si así, con algo de buen ánimo, se va elevando la exigencia colectiva y la política española vuelve a parecernos poco a poco algo valioso, respetable y constructivo. Mientras tanto, bailemos. Y si no puede ser, cantemos, por lo menos cantemos bingo.

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