Gran debate en la campaña electoral vasca

Después, justo antes de ponerme a escribir, caí en la cuenta de que las diferencias habían quedado nítidas, pero que también eran claras las posibilidades de alcanzar acuerdos

Foto: Debate electoral. (Efe)
Debate electoral. (Efe)

Imagine que trabaja en el equipo del candidato, que le acompaña al canal de televisión y que le desea suerte en el plató. Imagine la sala para asesores de cada partido: sofá y sillones blancos, televisor y mesa con catering. Imagine que en mitad del encuentro vibra el móvil. Es un WhatsApp, mejor dicho, una pesadilla. Es la fotografía de la ficha más importante. Es el texto del último minuto del jefe en el debate y está circulando en Twitter. Pánico.

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Fue la anécdota del debate de ayer. Hubo una grieta en el bunker electoral del PP. Y nadie pudo solventarlo porque no había previsto ningún descanso. Increíble pero cierto.

Así que Alonso siguió el guión palabra por palabra. Es verdad que sin interpretarlo adecuadamente. ¿El motivo? Poco antes había ocurrido algo. Algo que le dejó removido y preocupado, un choque de alta tensión emocional. Y no tuvo tiempo para recuperarse. Dudaba, se preguntaba si había acertado o se había equivocado.

Y eso que empezó bien. En la primera intervención fue directamente a por Urkullu acusándole de desidia en la gestión económica. Fue un movimiento acertado. El líder del PNV tenía que responder a esa interpelación y al hacerlo sacó a Alonso del rincón en el que podía haber acabado.

A partir de ahí, el candidato popular pudo desenvolverse con bastante soltura en los bloques de economía, bienestar y autogobierno. El plan funcionaba. Los mensajes entraban, no en el público general pero sí en el objetivo. Los resortes del votante del PP iban siendo conveniente acariciados.

Pero llegó el cuarto bloque, el de paz, convivencia y libertad. Y Alonso dijo a la hermana de Zabala que su caso no encajaba en la Ley de protección de víctimas

Pero llegó el cuarto bloque, el de paz, convivencia y libertad. Y Alonso dijo a la hermana de Zabala que su caso no encajaba en la Ley de protección de víctimas. “Entonces Usted no me considera a mí víctima”, intervino Pilar.  “Con arreglo a la ley tal y como está redactada no, del terrorismo, pero Usted es víctima de un exceso, de un abuso, de una actuación por parte de funcionarios del Estado absolutamente execrable y condenable”, respondió Alonso.

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Y estalló un silencio. Seis segundos entre dos personas que se sostienen la mirada, fijamente. Tiempo para revivirlo todo. Euskadi dejó de respirar. Seis segundos eternos, durísimos, un pulso que el candidato del PP no pudo aguantar. Apartó los ojos.

Habrá que ver qué impacto tiene ese instante en la dinámica general de la campaña. Podría tener recorrido.

Seguramente hará olvidar que durante el resto del debate la candidata de Podemos estuvo muy por debajo de todos los demás.

No debería descartarse que esos interminables seis segundos hayan lanzado una conexión emocional en sectores del electorado de Bildu, y que ese vínculo llegue a pesar en la carrera por la segunda plaza del 25S.

Entre otros motivos, porque Miren Larrión no brilló demasiado durante el debate. Habló deprisa, a veces atropelladamente, y casi siempre sin calor. Esa falta de temperatura restó eficacia al discurso, aunque la cuestión de fondo no esté ahí. Está en el pasado. Tres veces preguntó Urkullu a Larrión si podía decir que “matar estuvo mal y que no se puede repetir”. Tres veces sin respuesta. Bildu no ha hecho todavía ese camino y la sociedad vasca avanza. El desfase es demasiado evidente.

Entre otros motivos, porque Miren Larrión no brilló demasiado durante el debate. Habló deprisa, a veces atropelladamente, y casi siempre sin calor

Idoia Mendia pudo salir moderadamente satisfecha del debate. Hizo algo más importante que colocar limpiamente, uno tras otro, los mensajes destinados a su electorado –fundamentalmente mujeres, obreros y mayores-. Sobre todo, no se arrugó. Buscó o aguantó el cuerpo a cuerpo con todos sus rivales sin salir dañada en ninguna ocasión. Esa señal de orgullo no impostado puede ser valiosa en términos electorales. Es exactamente lo que demanda el estado anímico socialista. 

En cualquier caso, más allá de las especulaciones, parece difícil discutir que el principal beneficiado del encuentro ha sido el actual lendakari. Habrá quien señale que no transmite el magnetismo que emitieron otros líderes del PNV. Y tendrá razón. Sin embargo, tengo la sensación de que Urkullu está logrando reflejar algo que demanda la nueva era que vive Euskadi desde el final de ETA. Serenidad.

Desde el primer minuto hasta el último, mantuvo la posición central en el debate, lo hizo mediante una sucesión de delicados equilibrios. Primero, una defensa de su gestión económica en positivo pero sin triunfalismos, reconociendo problemas. 

Imagen del debate. (Efe)
Imagen del debate. (Efe)

Después, en el bloque de bienestar, se apropió de dos frases clásicas de sus adversarios, una de Aznar -“la mejor política social es el empleo”- y otra de Rubalcaba -“avanzar sin dejar a nadie atrás”-. A continuación, ya en el apartado de autogobierno, combinó la defensa de la legalidad con el “principio democrático”. Y no renunció a las señas de identidad del PNV, las actualizó. Cuando Alonso le preguntó si era o no era un nacionalista, respondió: “sí, soy un nacionalista del siglo XXI”.

Eso pasó ya cerca del final. Para entonces, el que no hubiese habido insultos, ni malas artes, ni demasiados golpes de efecto, ya me había dejado con la impresión de que estaba siendo un buen debate. Lo fue porque todos los participantes trataron de ser didácticos y fueron claros. También, porque hubo bastante más espacio para las propuestas que para la crítica.

Después, justo antes de ponerme a escribir, caí en la cuenta de que las diferencias habían quedado nítidas, pero que también eran claras las posibilidades de alcanzar acuerdos, de construir consensos. Era eso, la política era eso. Por esa razón el encuentro fue mejor que bueno, porque la política siempre es mejor que el espectáculo. Esta campaña vasca nos ha dejado un gran debate.

 

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