El PSOE: operación a vida o muerte

Sánchez ha hecho un uso personalista de los mecanismos de participación y ha neutralizado a los órganos, generando un cesarismo incompatible con el PSOE

Foto: El líder del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)
El líder del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)

“Nada se parece más a una persona que la forma de su muerte”. La frase de García Márquez sirve para comprender el desenlace de la crisis socialista que estamos viendo.

Nada como la desquiciada agonía de Sánchez reflejará más fielmente la forma en que se condujo como Secretario General. Ya no lo es. A partir de ahora es un okupa.

Y es capaz de cualquier cosa. Es pronto para descartar que emule a esos líderes de las sectas que, sabiéndose vencidos, encierra a los suyos y vuela la casa mientras se mira al espejo. Morir matando, aunque la casa esté llena de historia y sea vital para el futuro de nuestro país.

En eso está: dispuesto a llevar al partido hasta la escisión, incapaz de asumir que ya nada de lo que haga lo salvará, pero mostrando sin darse cuenta la raíz del conflicto que él mismo protagoniza.

Sánchez ha desatendido una de las primeras obligaciones que tiene cualquier Secretario General socialista: potenciar el músculo ideológicoSus últimos mensajes y movimientos demuestran que esta desembocadura no tiene su origen en un choque ideológico y que tampoco viene condicionada por la ingobernabilidad del país. Estaría pasando lo mismo aunque PP y Cs hubiesen alcanzado la mayoría en el Parlamento.

Porque todo esto es, sencillamente, la consecuencia natural e inevitable de una gestión ególatra que primero desnaturalizó al PSOE y ahora amenaza su supervivencia.

Sánchez ha sometido a su organización a un ejercicio del poder basado en la coacción y la crueldad. Y ese empleo de la coacción se ha extendido a la instrumentalización de los mecanismos democráticos del partido.

Durante su mandato y su periodo en funciones, ha hecho un uso personalista de los mecanismos de participación y ha neutralizado a los órganos de dirección, generando un cesarismo que es incompatible con la propia naturaleza del PSOE.

Sánchez ha desatendido una de las primeras obligaciones que tiene cualquier Secretario General socialista: potenciar el músculo ideológico. Se le ha visto más en las revistas del corazón que en las páginas de pensamiento. La reflexión se ha apagado bajo su mandato, impidiendo la actualización de un proyecto de largo alcance que pueda conectar con la mayoría.

El daño que ha infringido a la marca PSOE es severo, pero puede llegar a ser irreparableMientras tanto, ha hecho un uso indebido de los recursos de todo el partido. La comunicación, la transmisión del conjunto, ha sido convertida en una campaña continua de promoción personal que ni siquiera encontró respuesta en la sociedad.

Es obvio que ha fracasado como líder social. Así lo reflejaron sus continuas derrotas en todos los espacios de debate público. Ha perdido en todos, desde el Parlamento hasta los debates electorales televisados.

En buena parte de esos debates, Sánchez dejó muestras de una incomprensible cobardía cuando le tocaba defender al partido de las agresiones externas. Su bravuconería hacia dentro nunca se tradujo en coraje para defender a la historia ni a los compañeros atacados por los adversarios políticos. Tampoco encontró nunca el valor necesario para la autocrítica.

Suya es la máxima responsabilidad de los nefastos resultados en las urnas. Se han celebrado municipales, autonómicas y generales. En todos los casos ha retrocedido. Y siempre ha vendido los fracasos como triunfos.

El daño que ha infringido a la marca PSOE es severo, pero puede llegar a ser irreparable. Nunca antes habían caído esas siglas en semejante nivel de desprestigio. Y Sánchez no está en condiciones de restablecer el respeto al Partido Socialista. Esto no puede arreglarlo quien lo está quebrando.

Sánchez es capaz de hablar de bandos, que es algo que nunca hará quien conozca y aprecie mínimamente el alma de ese partidoSobre todo porque la quiebra se lleva a cabo dañando el tejido más sensible que tiene esa organización política: la militancia.

Bajo su mandato, se ha producido una fuga masiva de militantes. Es por algo. Es, entre otras razones, porque viene deteriorándose el compañerismo. Es porque hoy la convivencia, la confianza y el respeto mutuo están amenazados en el PSOE.

Es porque Sánchez es capaz de hablar de bandos, que es algo que nunca hará quien conozca y aprecie mínimamente el alma de ese partido.

El hecho de que se hayan dado ya muestras de comportamiento más propias del hooliganismo que del compañerismo no es inocuo, es el primer peligro que los socialistas deberían atajar rápida, compartida y responsablemente.

En resumen, Sánchez con el conjunto de su gestión ha recortado la esperanza de vida del Partido Socialista. Y con su comportamiento de las últimas horas lo está poniendo más allá del alambre, en estado crítico. La operación es a vida o muerte.

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