Podemos, en combate hacia dentro y hacia fuera

En el interior de la tercera fuerza política del país se está lidiando una ofensiva directa desplegada por Pablo Iglesias contra su número dos, Íñigo Errejón

Foto: Inigo Errejón escucha a Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados. (Reuters)
Inigo Errejón escucha a Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados. (Reuters)

'Coleta morada' va a por su número dos. Y estos días traen la prueba. Iglesias ha desplegado una ofensiva rotunda, probablemente la más medida y la mejor planificada de cuantas ha llevado a cabo.

No es una operación inocua. Lo que está pasando en el interior de la tercera fuerza política del país tendrá consecuencias para España en cualquiera de los escenarios actuales: si hay elecciones, veremos su versión más combativa y frentista en la campaña electoral, y si no las hay veremos a un Podemos poco preocupado por la necesidad de acuerdos y muy ocupado en hacerle la oposición al PSOE, a la oposición.

Tampoco es un movimiento casual. Lo que está ocurriendo en esa casa tiene su causa en la frustración electoral del 26-J. Fue entonces cuando las segundas líneas de Errejón —que había sido el director de campaña— trataron de arrojar dudas sobre el número uno. Y es en este octubre cuando comienza a ejecutarse el contragolpe.

Un contragolpe que Iglesias ha activado en una fecha estratégicamente clave: un consejo ciudadano. La cita perfecta para medir fuerzas antes del proceso de refundación que ese partido emprenderá en unos meses. Allí es donde espera 'el día D'.

Queda camino hasta entonces, claro. Pero hoy puede decirse lo que no podía apuntarse hace apenas unos meses: la posición de Pablo parece internamente más robusta que la de Íñigo.

Hasta el momento, las fuerzas eran comparables. Había que hacer los números en cada territorio y las sumas no terminaban de reflejar desequilibrios hacia uno u otro sitio. Pero parece viable que lo ocurrido esta semana acabe desnivelando el fiel de la balanza hacia los pablistas.

Lo que está ocurriendo en Podemos tiene su causa en la frustración electoral del 26-J, cuando las líneas de Errejón trataron de arrojar dudas sobre el número uno

Si el corrimiento de tierras se confirma, será, en mi opinión, porque la maniobra se ha aplicado metódicamente, combinando el plano discursivo con el plano orgánico.

Vayamos con el discurso. La agenda de Iglesias para esta semana tenía tres actos marcados —presentación de libro, cine Palafox e intervención en el consejo ciudadano—. En las tres citas declinó el mismo texto, palabras muy trabajadas, diseñadas para conectar con un único público —la militancia— y aislar a un único adversario —Errejón—.

A modo de esquema muy básico, cabría decir que el relato desarrollado por Iglesias se ha armado desde tres 'erres': raíces, riesgo y reafirmación.

  • Raíces: somos los hijos del 15-M, nada de disfrazarnos.
  • Riesgo: no debemos convertirnos en un partido controlado por políticos profesionales, tenemos que empoderar a las bases.
  • Reafirmación: no a la búsqueda de consensos y sí a la necesidad de contrastar cavando trincheras en lo social.
Consejo Ciudadano de Podemos. (Dani Gago)
Consejo Ciudadano de Podemos. (Dani Gago)

A primera vista, el empleo de estas categorías no parece muy sofisticado. Y, sin embargo, lo es. Lo es porque, sin mencionarlo, deja retratado a Errejón como alguien que imita a los adversarios, pasa más tiempo en las instituciones que en las calles y es amable con los poderosos cuando esto va de generarles miedo.

Ahí es donde se localiza la primera conquista de Iglesias en la lucha por el poder interno: se ha hecho con el espejo de la militancia, y para hacerlo resultaba inevitable volver a los orígenes, regresar a la impugnación pura del sistema político.

La segunda conquista ha seguido otro recorrido. Para que el consejo ciudadano de este fin de semana pudiese desembocar en un respaldo claro, el desempeño de los 'fontaneros' orgánicos ha sido todavía más importante que el de los poetas del discurso.

Alguien tendría que contarle a Iglesias que Errejón es más peligroso fuera de Podemos que dentro. Que lo difícil es ser valiente en lugar de temerario

También ahí se han concentrado muchas horas de trabajo. En todos los partidos hay un puñado de personas que tienen el mapa de la organización en la cabeza. Son los que saben a quién hay que llamar en cada sitio, los especialistas en forjar lealtades, los que conocen como nadie las reglas del juego.

Ellos han sido los encargados de estrecharle el espacio a Errejón mediante dos líneas de actuación. Por un lado, alterando el equilibrio con la aproximación entre el sector anticapitalista y el comandado por Iglesias. Y por el otro, incorporando por primera vez al consejo ciudadano a los parlamentarios estatales —donde Pablo cuenta con bastantes más seguidores que Iñigo—.

Pablo Iglesias en el Congreso de los diputados. (EFE)
Pablo Iglesias en el Congreso de los diputados. (EFE)

'Coleta morada' ha ganado esta batalla interna porque durante muchos años fue amigo de quien es hoy su adversario interno, le conoce bien. Sabía que se arrugaría y no pelearía ante la inminencia de un choque frontal.

La condición humana siempre acaba siendo determinante en estos procesos. Hace falta mucha madurez para gestionar el efecto rellamada que le genera a cualquiera la audacia, esa invitación que trae la adrenalina a volver a hacer lo mismo pero la próxima vez rizando el rizo.

Bajo esa dinámica tan agresiva, más temprano que tarde, acaba llegando una mañana en la que el adversario despierta sin miedo a la derrota y una tarde en la que prefiere jugarse la vida a sentirse humillado de nuevo. Alguien tendría que contarle a Iglesias que Errejón es más peligroso fuera de Podemos que dentro.

Alguien podría decirle que ser audaz no es demasiado costoso, que lo difícil es ser valiente en lugar de temerario, y que en democracia la valentía consiste en buscar el pacto hasta cuando tienes la victoria en la mano.

'Coleta morada' ha ganado esta batalla interna porque durante muchos años fue amigo de quien es hoy su adversario interno, le conoce bien

Alguien, cualquiera, podría incluso preguntarle, después de haberle visto hablar de la necesidad de “politizar el dolor de la gente”, para qué vale competir por el segundo puesto, a cuántos les cambiará la vida que ese combate tenga el resultado que tenga.

El rencor de Iglesias con el PSOE o con sus propios compañeros de Podemos puede traerle algún placer fugaz durante un tiempo, seguro. Pero no servirá para aliviar el sufrimiento de nadie. Esto va de eso. Va de que los verdaderos líderes piensan y actúan más grande.

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