¿Es Errejón uno de los nuestros?
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Pablo Pombo

Crónicas desde el frente viral

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¿Es Errejón uno de los nuestros?

Hace menos de un año su entorno fantaseaba con la posibilidad de ganar a Pablo en unas hipotéticas primarias estatales, hoy ha sido incapaz de vencerle en Madrid

Foto: El portavoz de Podemos, Íñigo Errejón. (EFE)
El portavoz de Podemos, Íñigo Errejón. (EFE)

La vida también nos mide en los episodios más dulces. De hecho, un ascenso puede acabar siendo tan traumático y tan devastador como la mayor de las amarguras. La historia de Podemos podría entrar en esa lógica, una historia que vendrá marcada a fuego por el reciente resultado de Madrid y que Martin Scorsese podría llevar al cine mejor que nadie.

El primer tramo en algunas de sus mejores películas funciona como una especie de documental rodado a todo trapo. Plano secuencia: vemos a un puñado de amigos levantando una organización desde la nada, destrozando los mapas previos, instalando un nuevo paradigma.

Vemos lo que ocurrió desde la facultad de Políticas hasta la noche electoral del 20-D, el despegue de un equipo de personas bien coordinadas, complementarias y que además comparten el afecto. Una subida imparable que parece destinada a asaltar los cielos.

Segundo acto. La velocidad narrativa se suspende brevemente, como petrificada en la cima de una montaña rusa. El espectador necesita tomar aire para asimilar que el vértigo de la subida no será inocuo.

Poco a poco se abre el tiempo del exceso y empieza a debilitarse la amistad de los compañeros. Es entonces cuando un pequeño problema –que podría haberse solucionado fácilmente– empieza a convertir el grupo en un auténtico polvorín. Relato en velocidad creciente.

Marzo. El secretario de Organización, Sergio Pascual, mano derecha de Errejón, amanece ajusticiado por Iglesias. La voz en 'off' nos dice que el secretario general sabe que necesita un territorio propio si no quiere tener mañana los pies de barro. Plano corto de Íñigo que se siente traicionado.

Junio, noche electoral. No hay 'sorpasso'. 'Travelling'. Entran en escena los actores secundarios: los de Pablo acusan a Íñigo de haber hecho una mala campaña electoral, los de Errejón acusan a Iglesias de haberse equivocado al pactar con Izquierda Unida.

Foto: El líder de Podemos, Pablo Iglesias, y el portavoz parlamentario, Íñigo Errejón. (EFE)

A partir de entonces, por primera vez, el número dos empieza a discrepar en público del número uno. Donde hubo coordinación se desata el descontrol. Los celos y los miedos mutuos se entremezclan con los planteamientos ideológicos, estratégicos y tácticos; con el discurso, con todo. La banda sonora se hace más oscura, guitarreo eléctrico.

Agosto. Vemos a Íñigo sin vacaciones, planificando la competición por el liderazgo del partido en Madrid. Está armando una candidatura que, sencillamente, será la peor pesadilla a la que nunca podría enfrentarse Pablo: su exnovia Tania y su amigo de toda la vida acaban de aliarse contra él. Brutal.

Septiembre. La reacción de Coleta Morada es sanguínea, necesita reunir fuerzas. Ya contaba con los comunistas pero suma a los trotskistas. Echenique también recibe una llamada. Espinar, que venía de no haberse abierto camino en las filas de Íñigo, se convierte en candidato del pablismo.

Foto: El diputado madrileño y senador, Ramón Espinar, junto al secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique, durante un acto de campaña. (EFE)

Octubre. En el partido que ha revolucionado la comunicación política de nuestro país compiten dos opciones con dos malas campañas electorales. El rencor parece haber enterrado a la frescura. Falta imaginación. La comunicación es molesta e invasiva. Es imposible emocionarse. Pero los aparatos trabajan a máximo rendimiento y en la votación por los documentos que marcarán la estrategia política la candidatura de Rita Maestre arrasa.

Giro feroz en los acontecimientos. Estalla el caso Espinar. Bankia, vivienda, especulación…, algunas de las palabras que más daño pueden hacer a Podemos apuntan entre los ojos al rival interno. Durante las primeras horas parece irreversible la victoria de la candidatura de Errejón. Pero sucede algo que lo cambia todo y que solo puede rodarse con la cámara en el hombro.

El pablismo eleva la escala del conflicto. Asume sin pestañear el coste de dañar la marca morada defendiendo a Espinar y pasa al ataque con una acusación pública y otra difusa: Iglesias dice que el partido está siendo atacado por Prisa y los suyos comienzan a extender en los bares el rumor de que Errejón está detrás de la filtración.

Nada puede cohesionar más a una organización que el ataque de un enemigo. Y nada puede perjudicar más a Íñigo que extender la sospecha de que no es “uno de los nuestros” sino uno de los suyos.

Foto: El parlamentario autonómico de Podemos Ramón Espinar. (EFE)

El resultado se hace público. La victoria es para el bando de Coleta Morada. Scorsese deja en pausa un primer plano de Pablo. Fundido hacia la imagen de Irene Montero.

Nadie ha respaldado a Iglesias como ella. Lo saben los dos y lo ha visto el núcleo duro. A ella no le tembló el pulso. Se ha ganado el derecho a ser protagonista. Lo será en Vistalegre, en el congreso de la refundación y puede que también en el grupo parlamentario.

Fundido hacia Íñigo. La guerra no ha terminado pero el golpe es muy duro, también para los suyos. Hace menos de un año su entorno fantaseaba con la posibilidad de ganar a Pablo en unas hipotéticas primarias estatales, hoy ha sido incapaz de vencerle en Madrid, el único lugar donde le quedaban opciones. Quizá lo más grave no sea eso, lo peor es que ha salido demasiado señalado de la batalla, con el prestigio interno desangrado.

Podemos ya no será lo que pudo haber sido. Aquel grupo ha terminado autodestruyendo la amistad, el secreto de su éxito

El espectador repasa mentalmente el paisaje que deja la batalla y comprueba que el punto de no retorno quedó largamente rebasado. Todos salen dañados, tanto que el futuro solo apunta incertidumbre. Se cierra el segundo acto.

Nadie sabe qué ocurrirá a partir de ahora. Lo único cierto es que Podemos ya no será lo que pudo haber sido. Aquel grupo ha terminado autodestruyendo la amistad, el secreto de su éxito. La vida nos mide en los momentos más dulces. Y cuando todo iba bien, demasiado bien, faltó generosidad y madurez personal. Sobraron las pulsiones de la adolescencia, las sensaciones de invulnerabilidad y omnipotencia.

A pesar de todo, la cuestión de fondo es otra, está en la vida de millones de personas más. Está en una imagen más abierta y todavía más desangelada para quienes se sienten progresistas. ¿Qué clase de maldición cainita sufre la izquierda española que parece condenada a la división y el enfrentamiento sin remedio? ¿Hay remedio?

Íñigo Errejón