¿Por qué Iglesias trolea al Parlamento?

Tiene primero la actitud de quienes entramos en un centro religioso sin el don de la fe. Y después, demuestra el comportamiento de quien no sabe respetar actitudes distintas de la suya

Foto: El líder de Podemos, Pablo Iglesias, a su llegada al hemiciclo del Congreso de los Diputados. (EFE)
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, a su llegada al hemiciclo del Congreso de los Diputados. (EFE)

“En la jerga de internet, un trol describe a una persona que publica mensajes provocadores, irrelevantes o fuera de tema en una comunidad […] con la principal intención de molestar o provocar una respuesta emocional negativa en los usuarios y lectores, con fines diversos […] o, de otra manera, alterar la conversación normal en un tema de discusión, logrando que los mismos usuarios se enfaden y se enfrenten entre sí”.

Creo que la definición de Wikipedia vale más que el millar de imágenes de Cañamero en camiseta, la bandera tricolor y la impostada sucesión de gestos que vimos en la sesión de apertura de la XII Legislatura.

Vale más que la montaña de fotografías de Bescansa con el bebé o del besito con Domènech de la otra vez, y más que lo que hemos visto en tantas ocasiones ya. La definición vale porque sirve para acercarnos a la mirada de Iglesias hacia el Parlamento.

'Coleta morada' es un no creyente en la democracia parlamentaria. En el Congreso, tiene primero la actitud de quienes entramos en un centro religioso sin el don de la fe. Y después, demuestra el comportamiento de quien no sabe respetar actitudes distintas de la suya, una cuestión de educación. Necesita montar el pollo. Trolear un poco, aunque sea para hacer músculo.

Después de Jesús Gil, Iglesias es el representante político con mayor sentido del espectáculo que ha habido en España. Se deja llevar más por el exceso

Lo hace con una eficacia tremenda, hay que reconocerlo. Provoca como el que más, maneja las emociones negativas como nadie, tiene una capacidad incomparable de alterar la conversación normal…; en todo eso es imbatible. En mi opinión, después de Jesús Gil, Iglesias es el representante político con mayor sentido del espectáculo que ha habido en España. Y no le doy la primera plaza solo porque creo que Pablo falla más al regularse, se deja llevar más por el exceso. No sé, tengo la sensación de que cuando se le pasa por la cabeza algo que le parece divertido o disruptivo, ya no puede frenarlo, ni dejar de repetirlo una vez tras otra. Se le va de las manos.

Lo malo es que, como no cree en el Parlamento, se aburre en el escaño. Llévalo a un plató de televisión, o colócalo delante de 1.000 personas si quieres ver un pez en el agua. Ahora bien, ponle una Proposición No de Ley sobre el cultivo del tabaco en Extremadura si quieres ver cómo se viene abajo. K.O. anímico garantizado.

Después de haber pedido el voto por todo el país y de haber recibido la confianza de cinco millones de personas, después de un resultado sin Gobierno y sin 'sorpasso', el paso de los días no se parece al camino del héroe revolucionario que esperaba. Más de una mañana tiene que sentirse marchitándose allí.

Dialogar, negociar y todos los demás verbos que conjugan la actividad política en una democracia parlamentaria le parecen mucho menos estimulantes que el ejercicio del poder. El problema es que considera que no se puede cambiar la realidad mediante la acción parlamentaria.

Dialogar, negociar y todos los verbos que conjugan la actividad política en una democracia parlamentaria le parecen menos estimulantes que el ejercicio del poder

Íñigo lo lleva mejor, él sí que cree en las posibilidad de avanzar desde las instituciones poco a poco hasta la cima. Pero Pablo… Pablo mira por la ventana de su despacho y piensa que la pintada de mayo del 68 estaba equivocada, debajo del asfalto no está la playa sino el ascensor hacia Moncloa.

De vez en cuando, eso sí, los cámaras van a la Carrera de San Jerónimo y entonces se anima. Cambia porque tiene una visión instrumental del poder legislativo. Se viene arriba no porque el Congreso le parezca útil para mejorar la vida de la gente, sino porque le sirve a él como plató de televisión.

Para esas citas, en Podemos se trabaja más que en los demás grupos parlamentarios. Ellos terminan cuando el discurso está redactado. Iglesias no descansa hasta que el plan para ganar la mayor cantidad de minutos posible en las pequeñas y grandes pantallas ha quedado cerrado, su campo de batalla es ese. Buñuel lo dejó escrito antes que nadie, “nada hay más revolucionario que el escándalo”. Así que, escandalicemos a la mayor cantidad de gente, de público posible. Ese es el rollo.

La táctica es trolear, hacer del troleo un método de propaganda política. La estrategia es mantener la mezcla de provocación y agitación tan arriba como sea posible, porque (según su lógica) si el malestar baja, Podemos se desinfla.

La estrategia es mantener la mezcla de provocación y agitación tan arriba como sea posible, porque (según su lógica) si el malestar baja, Podemos se desinfla

La primera consecuencia vendrá pronto. Por primera vez, y más con Errejón perseguido, habrá en nuestra democracia un partido bastante despreocupado por la política real y demasiado ocupado en funcionar como una agencia de publicidad 2.0, llenando el debate público con 'spam' de imágenes y mensajes en 140 caracteres. En definitiva, una oposición virtual.

La segunda consecuencia podría tardar poco. Ese método, esa táctica y esa estrategia pueden funcionar. Puede empezar a coger vuelo en cuanto se den algunas condiciones necesarias, no son muchas: si la recuperación económica pierde pulso, si los medios alimentan al trol a cambio de mayores audiencias (como hicieron con Trump), si el PP no asume el cambio del paisaje político, o si el PSOE no levanta cabeza.

La actual división de la izquierda tiene que estar resultando dramática para muchas personas. Pero si en el ámbito de influencia social de Podemos termina de implantarse el desprecio a la democracia parlamentaria, la fractura progresista solo podrá ser calificada como trágica porque estará afectando a lo esencial.

Solo puede haber héroes donde hay conflicto, y el Parlamento existe para que los conflictos se resuelvan de forma pacífica

Pablo no puede ser un héroe en el Congreso, claro que no. Nunca podrá serlo si se comporta como un trol. Y nunca podrá serlo en democracia, porque solo puede haber héroes donde hay conflicto y el Parlamento existe para que los conflictos se resuelvan de forma pacífica.

Ningún adolescente pondrá en su pared el póster del diputado que legisle y construya acuerdos contra la pobreza energética, ya lo sé. El rebelde puede parecer menos brillante que el revolucionario y, sin embargo, da más calor.

Por eso creo, humildemente, según llega este invierno, que esa temperatura tendría que importar muchísimo más que todas las tontunas juntas. Y para eso sirve trabajar en el Parlamento, sirve de verdad.

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