Garzón ya manda más que Errejón
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Pablo Pombo

Crónicas desde el frente viral

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Garzón ya manda más que Errejón

Garzón está cada vez más presente en el escenario morado y hasta puede decirse que los antiguos militantes de las Juventudes Comunistas viven tiempos de ascenso

placeholder Foto:  Los líderes de IU y de Podemos, Alberto Garzón (i) y Pablo Iglesias (c), respectivamente, y el portavoz parlamentario de Podemos, Íñigo Errejón. (EFE)
Los líderes de IU y de Podemos, Alberto Garzón (i) y Pablo Iglesias (c), respectivamente, y el portavoz parlamentario de Podemos, Íñigo Errejón. (EFE)

Se nos va noviembre, dejándonos algunas briznas de sol y a Unidos Podemos definitivamente instalado en el paisaje político español. Ya es más que una coalición electoral. Desde hace semanas, son un partido político inscrito en el Ministerio del Interior por Pablo a espaldas de Íñigo, que 'de facto' tiene a Garzón como número dos, y que además nos ofrece un par de curiosas e insospechadas paradojas.

La primera vino al principio, con la victoria de Trump. Brotó la preocupación, marchitaron las explicaderas y se dispararon las reflexiones sobre el populismo patrio. Hubo, como siempre pasa aquí, torpe oportunismo de partido, lluvia de análisis de servilleta de cafetería para contar que Donald igual a Pablo. A ver si cuela.

Sin embargo, mientras las tertulias giraban en torno a aquello, la dinámica interna morada entraba en zona de turbulencias extremas y Errejón caía en una desgracia que hoy parece irreversible. Es llamativo: nunca como ahora se habló tanto del populismo de Podemos, y nunca como ahora fue Podemos tan poco populista.

Nunca se habló tanto del populismo de Podemos, y nunca como ahora fue Podemos tan poco populista

La segunda paradoja llegó a final de mes, con la muerte de Castro. Parece que la desaparición del último gran icono comunista tiene algo de epílogo tardío, como caída de telón cuando no queda ya nadie en la sala. Algo así.

Sin embargo, Garzón está cada vez más presente en el escenario morado y hasta puede decirse que los antiguos militantes de las Juventudes Comunistas viven tiempos de ascenso. Es sorprendente: nunca como ahora se vio al comunismo tan desfasado, y nunca como ahora ha estado Podemos tan marcado por los comunistas.

¿Qué demonios está pasando? Pasa que meses después de la alianza electoral con Izquierda Unida, está llegando el retroceso para los podemitas (es una cuestión de inercia, parecida a la que siente el brazo después de disparar un arma de fuego). Pasa que los errejonistas acertaron al calibrar que la operación no tendría el impacto en las urnas que se decía. Y pasa que se equivocaron al infravalorar la trayectoria que seguirían los jóvenes 'peceros'.

Los chicos del PCE han ido triturando una amistad de años para arrinconar las posiciones populistas y fijar las tesis propias como hegemónicas en el partido

El entorno de Íñigo tuvo claro que a partir de julio tendrían que extremar la vigilancia, pero cometieron un error estratégico que puede resultarles definitivo. Estimaron que los de Garzón colonizarían la organización poco a poco, pacientemente, como en los viejos tiempos. Y se prepararon para poner vigilantes en todos los pasillos posibles. Era una lectura adecuada en términos teóricos, correcta sobre el papel.

Pero la vida está en otra parte. Lo emocional existe, la trayectoria vital de cada uno también es decisiva en los procesos de toma de decisiones (por eso es tan valiosa la empatía). Pablo viene de las Juventudes Comunistas, cada vez que note un aprieto tirará de aquel manual, como hizo en la batalla interna de Madrid al aliarse con los anticapitalistas frente a Errejón.

El origen de Alberto es el mismo, tienen iguales las culturas políticas. Eso explica que a Garzón y compañía, les bastase con hacer lo que hicieron: entrar en palacio, abrir las puertas del salón de baile de la corte morada y adular al líder. Es una de las historias más viejas del mundo. El resto resulta fácil de imaginar: la forma de juguetear con su vanidad, la manera de decirle que sí a todo y, caída ya la noche, el tono para decirle al oído que Íñigo… que Íñigo… es un peligro porque está lleno de celos.

Veremos si Íñigo es capaz de mantener el pulso, si Pablo es capaz de no dar su brazo a torcer y hay enfrentamiento a campo abierto en lugar de pacto

Así, entre aciertos propios y bastantes errores ajenos no forzados, es como los chicos del PCE han ido triturando una amistad que fue de años con el objetivo de arrinconar las posiciones populistas y fijar las tesis propias como hegemónicas en el ámbito del partido.

Por eso, este otoño nos está dejando la versión más obrerista del partido morado que hemos visto desde que surgió. Y, por eso, durante este mes de noviembre hemos visto languidecer los mensajes amables y pactistas al estilo Errejón. Porque Íñigo es, y siempre ha sido, quien verdaderamente ha abanderado la corriente populista en Podemos. Populismo de izquierdas, cosmopolita, posmoderno y gafapasta, si se quiere, pero populismo.

De aquello que llamábamos 'alma populista' empieza a quedarle a Podemos poco más que un patrón de comunicación política eficaz. Esa capacidad de leer los estados anímicos sociales y transformarlos en categorías discursivas. Mejor dicho, le queda la mitad del método, solo las emociones negativas: la rabia, la indignación, el enfrentamiento…; todo lo que les impide trascender y aspirar a ganar el respaldo de otros sectores liberándose de la losa del 15% en las urnas.

Dentro de pocos meses, esa formación política afrontará algo que bastantes de ellos llaman 'refundació'”. Creo que lo que está por ver es si, a medio plazo, estamos viendo la refundación del Partido Comunista sin saberlo.

La salida de Errejón podría dejar Garzón como única pareja de baile. Primero, como número dos. Y más tarde, con paciencia, como aspirante a número uno

Han pasado varias lunas desde que el caballo de Troya atravesó las murallas moradas, y no pocas semanas desde que empezaron a abrirse una tras otra las compuertas de madera. Veremos si Íñigo es capaz de mantener el pulso, si Pablo es capaz de no dar su brazo a torcer y hay enfrentamiento a campo abierto en lugar de pacto. En ese escenario, la posibilidad de una escisión parece menos incierta.

La salida de Errejón del palacio, por su pie o por cuenta ajena, desencadenaría la purga del 'Podemos populista' y podría dejar a Garzón como única pareja de baile. Primero como número dos. Y más tarde, esta vez sí, con paciencia y sin prisa, como aspirante a número uno. Eso para después de las urnas, si el resultado no satisface. Entonces alguien dirá que Iglesias estuvo bien pero que no es bueno tanto exceso, que hay que ir más a la sustancia obrera. Entonces podría Garzón acariciar la tela del trono.

Los comunistas, ya se sabe. Es lo que tienen: nadie como ellos, ni para recoger una derrota en la sociedad, ni para sembrar una victoria en una lucha interna. Siempre lo mismo, en este noviembre como en todos.

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