El color del dinero en las primarias del PSOE

Sin embargo, el reglamento del partido no dice nada de la financiación de los precandidatos, que suelen tirar de ahorros o 'crowfunding'

Foto: Pedro Sánchez. (EFE)
Pedro Sánchez. (EFE)

La campaña de Sánchez podrá gustar más o menos, pero no es barata. Hay dinero. Los actos del sábado en la vanguardista Cúpula del Milenio de Valladolid y del lunes en el emblemático Círculo de Bellas Artes madrileño resultan cualquier cosa menos gratuitos. Son solo un par de eventos hasta el lejano mayo. Vendrán muchos más.

En ese tiempo, su equipo movilizará un volumen de recursos técnicos y humanos comparable al que mueve un grupo musical durante una gira nacional de no menos de 30 conciertos. Y les puedo asegurar desde mi propia experiencia, que para un despliegue de esa escala hace falta el trabajo de muchos profesionales que viven de esto.

Solo el apartado de actos públicos traerá un buen taco de facturas a pagar (alquiler de locales, diseño y ejecución del escenario, iluminación, sonido, infraestructura para prensa, desplazamientos y alojamientos del equipo…).

A todo eso habría que añadir la publicidad en redes que seguramente habrá, así como el probable grupo de especialistas que están en la cocina (estrategia, discurso, datos, 'marketing'…). Puede que esos expertos no estén cobrando ahora, pero esperarán su retorno el día de mañana. Nadie regala nada.

Así que, tirando muy por lo bajo, calculen una cifra final nunca inferior a los 200.000 euros. Apretando todos los cinturones, ese es el gasto mínimo para una campaña como la de Sánchez.

El candidato a la secretaría general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)
El candidato a la secretaría general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)


Hasta el momento, su entorno ha hablado de tres fuentes de ingresos: ahorros del candidato (que son públicos y poco cuantiosos), aportaciones de algunos diputados (no precisadas) y 'crowdfunding' (una operación de financiación colectiva que suele llevarse a cabo a través de la red), desde el que dicen estar recibiendo muchísimos donativos pequeños.

Obama instauró el 'crowdfunding' en su campaña de 2008 y funcionó. Cualquier norteamericano lo tenía fácil: entraba en la web de campaña y realizaba su pequeña aportación con tres clics de ratón. Nueve años más tarde, resulta llamativo que ningún seguidor de Sánchez pueda contribuir económicamente a la causa por mucho que busque en su sitio de internet. El circuito que están siguiendo las donaciones es un misterio.

Supongo que pronto habrá una explicación que desvele el enigma. En cualquier caso, mientras eso se disipa, creo que cabe avanzar dos reflexiones.

Primera. El hecho de que tanto Sánchez como López anunciasen su candidatura en enero, cuatro meses antes de que las primarias se convoquen, tiene varios costes.

Uno para el país, porque la posibilidad de articular consensos en el Parlamento ha quedado suspendida como poco hasta junio.

Otro para el PSOE, porque una vez que las demás formaciones políticas han dejado sus congresos atrás, todo el foco cae sobre los socialistas, rememorando la imagen de tensión interna y división, con el consiguiente daño a la maltrecha marca. Las primarias no se inventaron para hacer campañas de cuatro meses.

El artículo 39 del reglamento del PSOE legisla sobre la campaña de los candidatos, pero no dice nada de los precandidatos

Y un tercer coste para los dos candidatos, embarcados en unas campañas eternas y difíciles de sostener económicamente. Sobre todo cuando, como ocurre con Sánchez, la cosa va de vender en la tele que le quieren mucho. Una estrategia como esa, orientada a reflejar mucha gente en el minuto del informativo, necesita mogollón de combustible.

Segunda reflexión. Ahora que las primarias socialistas corren el riesgo de 'americanizarse' y convertirse en un espectáculo, quizá tenga sentido preguntarse si el espíritu de la competición está siendo respetado o traicionado.

Lo digo porque las reglas del juego en Estados Unidos son muy precisas y porque el reglamento del PSOE no dice nada respecto a la financiación de los precandidatos. En su artículo 39, legisla sobre el último tramo de la carrera, la campaña informativa de los candidatos oficialmente proclamados (los que pasen la prueba de las avales en abril, después de la convocatoria de marzo); pero no contempla nada de lo anterior, nada de lo que ocurre ahora.

Mañana mismo, cualquiera puede anunciar que desea embarcarse hacia la conquista de Ferraz y empezar a gastar billetes sabiendo que sus cuentas no serán controladas por nadie, y que no tendrá motivos legales para sentirse forzado a respetar los principios de austeridad, responsabilidad y transparencia.

Ese vacío legal impide al PSOE garantizar que no existan intereses parciales tratando de interferir en el proceso democrático que elegirá a su líder para los próximos cuatro años.

Está demostrado que los intereses parciales, aquellos que no buscan precisamente el bien común, saben desenvolverse como pez en el agua por los ambientes opacos. Los narcos han tomado la política mexicana. Los grupos de presión y los multimillonarios ultraconservadores se han hecho con el Gobierno norteamericano. En los países de nuestro entorno, hay mucho temor a las posibles injerencias electorales rusas. Nada ni nadie puede llevarnos a pensar que España está a salvo.

Una campaña como la de Sánchez necesitaría un gasto mínimo de unos 200.000 euros

Quizá sería conveniente que los candidatos socialistas tomasen ya mismo la iniciativa de impulsar la máxima transparencia en sus primarias, que cualquiera pudiese saber cuánto gasta cada uno en cada cosa y de dónde viene cada céntimo de euro empleado.

Está bien que en democracia quede cristalinamente claro que una donación económica no tiene contrapartidas políticas. Es importante que se vea y se pueda comprobar que la democracia es impenetrable al color del dinero, sea verde, marrón o negro.

Está bien monitorizar ingresos y gastos, poder identificar quién da dinero a cada candidato, porque en ese mapa es donde está la autonomía política de cada uno.

Pero, en mi opinión personal, todavía estaría mejor que no hubiese financiación para las primarias de nadie, que Ferraz repartiese los mismos recursos a todos y ya está. Austeridad máxima y más política que espectáculo. Competir para convencer con las ideas y la palabra. No para vencer con dinero.

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