Reunión de Iglesias y Sánchez: juego de espejos

A veces el destino elige dos perfiles parecidos para una misma competición. Personalidades comparables, que se detestan íntimamente y se ven obligadas a compartir tiempo y espacio

Foto: Los líderes de Podemos, Pablo Iglesias (3i), y del PSOE, Pedro Sánchez (2d), se saludan durante la reunión. (EFE)
Los líderes de Podemos, Pablo Iglesias (3i), y del PSOE, Pedro Sánchez (2d), se saludan durante la reunión. (EFE)

El cuento es conocido. Un escorpión pide ayuda a una rana para cruzar el río. Acepta y comienzan el recorrido. Pero cerca de la orilla pica a su compañera y ambos comienzan a hundirse. Ella dice: “Ahora moriremos los dos”. Él responde: “No tuve elección, es mi naturaleza”.

La diferencia con esta historia podría estar en que ninguno de nuestros protagonistas se ve a sí mismo como rana. Y, por lo que parece, ninguno de los dos ve en el otro un escorpión. La condición humana es lo que tiene.

A veces, el destino elige a dos perfiles parecidos para una misma competición. Personalidades comparables, que se detestan íntimamente y se ven obligadas a compartir tiempo y espacio. Protagonismo. Quizá sea esta una de esas ocasiones.

En la mayoría de los casos, solo acaba quedando uno. Primero hay un episodio de juego de espejos, en el que las dos partes parecen mimetizar movimientos. Y después, cuestión de tiempo. Tiempo hasta que cae el aguijón. Quizá sea este un lance diferente. Motivos no faltan. Da la sensación de que Pablo y Pedro van a necesitarse para cruzar el río.

No es insensato intuir en esta reunión el embrión de una coalición de intereses. No de país, pero sí de intereses partidarios

Iglesias porque parece comenzar a asumir que Errejón tenía razón, que la indignación decae y la supervivencia de Podemos pasa por ofrecer a la sociedad un abanico emocional más amplio y a ser posible alguna razón. Un trazo institucional más amable.

Y Sánchez porque se cerró el camino de la moderación. Ahora todo lo que no sea asociarse a Podemos equivale a la soledad. Y más todavía cuando su errónea salida del Parlamento le condenó a desenvolverse diariamente fuera de foco, en desventaja competitiva frente a su adversario morado. Le falta el escenario central y aquí puede encontrar algo parecido a una puerta.

Por lo tanto, creo que no es insensato intuir en esta reunión el embrión de una coalición de intereses. No de país, pero sí de intereses partidarios.

España vive todavía atravesada por cuatro crisis: económica, social, política y territorial. Vayamos una por una y localicemos los puntos de encuentro potenciales entre PSOE y Podemos.

La probabilidad de entendimiento entre socialistas y podemitas es limitada en el ámbito económico

Los gráficos reflejan que la economía va viento en popa. La calle no lo percibe del todo aún. Pero lo percibirá. Así lo apuntan los indicadores de consumo y de empleo. Es verdad que no volverán los trabajos, ni los salarios, ni las condiciones laborales anteriores a la caída de Lehman Brothers. Pero también es cierto que entrará dinero en más casas que hace unos años. Y la opinión pública lo notará.

La probabilidad de entendimiento entre socialistas y podemitas es limitada en el ámbito económico. Como vimos en las respectivas ruedas de prensa, compartirán medidas vinculadas a relaciones laborales (incrementos salariales, negociación colectiva…). Y no mucho más. Sencillamente, porque ninguna de esas dos formaciones políticas es capaz de ofrecer a España un modelo productivo creíble y alternativo al actual. Esa es una carencia difícil de perdonar por cualquier persona progresista, ya que no responde a la imposibilidad política sino a la pereza intelectual.

Segunda crisis, la social. Aquí es donde la sintonía parece más cercana. De hecho, es en este ámbito donde Margarita Robles fijó ante los periodistas una y otra vez la prioridad, marcando las diferencias. Veremos anuncios de planes de rescate, paquetes sociales (educación, vivienda, pensiones). Y puede hasta que veamos cómo Podemos comienza a arrebatarle al PSOE la bandera de igualdad. Irene Montero puso el acento allí. Su contraparte obvió el tema.

Todo aquello de la regeneración política parece haberse quedado en la denuncia implacable de la corrupción del PP

Tercera crisis, la política, el desprestigio de lo institucional. Ni siquiera hablaron de ello. Tampoco hacía falta. El dibujo está claro: dos líneas convergiendo hacia un mismo punto. Todo aquello de la regeneración política parece haberse quedado en la denuncia implacable de la corrupción del PP.

Es el flanco débil de Rajoy, el punto del colapso. Sánchez e Iglesias lo saben. Saben que por mucha recuperación que venga, la corrupción permanecerá enquistada en el clima social como un problema nacional de primer orden. Y saben que la estigmatización del adversario no debe cesar. Así que, natación sincronizada.

Cuarta crisis, la territorial. Por lo visto en las respectivas ruedas de prensa: posibles simulacros de diálogo entre PSOE y Podemos ante la línea roja del referéndum catalán. Denuncia compartida del inmovilismo marianista y hasta ahí.

Entre otros motivos, porque nadie a día de hoy se atreve a descartar elecciones en Cataluña antes de 2018. Como consecuencia, todo el mundo comienza a dejarse llevar por la musiquita de la campaña electoral. Y cada uno tiene la suya.

Iglesias tiene que haber comprobado en las encuestas que sus votantes del resto de España no entienden y no comparten el apoyo al referéndum. Pero no puede bajarse de esa bici. En esto no tiene autonomía, solo puede ir a rebufo de Colau.

Reunión de Iglesias y Sánchez: juego de espejos

Sánchez le debe a Iceta buena parte de la victoria en las primarias socialistas. De hecho, cabe preguntarse si alguna vez tuvo el PSC más peso en el PSOE del que tiene ahora. La plurinacionalidad y la reforma constitucional conforman la oferta con la que el socialismo catalán busca levantar cabeza. En eso les va la vida.

Finalmente, cuatro conclusiones:

Primera. Tras el primer encuentro entre PSOE y Podemos, parece viable la colaboración de Podemos durante el próximo curso parlamentario.

Segunda. Una colaboración probablemente limitada a las cuestiones sociales y laborales, así como al hostigamiento a Rajoy por la corrupción. Y disenso civilizado respecto a Cataluña, encauzado hacia subcomisión parlamentaria. Vía muerta.

Tercera. Cae enteros la posibilidad de una moción de censura a corto plazo. Buena parte del encuentro de hoy tenía que ver con eso. Desinflar el globo.

Cuarta. No se sorprendan si el asunto agarra vuelo y empezamos a ver a Iglesias como portavoz parlamentario de Sánchez y a Sánchez como complemento institucional de Iglesias. Hasta que el aguijón caiga y se escuche un “no tuve elección, es mi naturaleza”.

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