Ya es otoño para Podemos

Las hojas de la indignación se amontonan en el suelo. La luz de lo épico pierde su brillo. Iglesias lo nota. Hace frío por la mañana, como este miércoles en el Parlamento

Foto: El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, formula una pregunta al presidente del Ejecutivo, Mariano Rajoy. (EFE)
El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, formula una pregunta al presidente del Ejecutivo, Mariano Rajoy. (EFE)

Descubrió que las impresoras imprimen y anunció la buena nueva al Parlamento. Fue el 'meme' de oro durante la sesión de control al Gobierno. En la edad viral, la cosa va de foto y artillería para redes sociales. Menos argumentos y más alpiste digital. Por esa línea puede haber más. Magia para transformar la caja de zapatos en urna o la cortina de ducha en cabina electoral. El éxtasis de Gabriel. Sus grandes aportaciones al progreso de la humanidad. Alabado sea Rufián.

Ya es otoño para Podemos

Fue lo más llamativo de la mañana. Aunque hubo más miga en la disputa que mantuvieron Domènech y la vicepresidenta. Por lo menos para mí, que llevo tiempo pensando que los de Podemos están en fase otoñal y que Cataluña puede acelerar su marchitarse general.

La intervención del diputado catalán iba medida, diseñada al milímetro para mantener una ambigüedad imposible. Interpretar, sobre el terreno del reproche al PP, la equidistancia entre la ley y su violación. Todo para no dañar las expectativas electorales de Colau hacia la Generalitat. Cuestión de fondo.

Por eso Sáenz de Santamaría apuntó precisamente a la indeterminación de su adversario. Por eso preguntó si, visto lo visto en el Parlament, se considera demócrata a tiempo completo o a tiempo parcial. Ubicó el punto de mira justo ahí, porque la indefinición debe estar dañando gravemente a la marca de Podemos.

Históricamente, los votantes de la izquierda española vienen siendo alérgicos al nacionalismo. Federalistas como mucho

El precio de la operación Colau no resulta menor para el conjunto de sus compañeros. Históricamente, los votantes de la izquierda española vienen siendo alérgicos al nacionalismo. Federalistas como mucho. No entienden o no quieren, rechazan en definitiva, el “¡Visca Catalunya lliure i sobirana!” que clamó su líder.

A su vez, es un coste que resulta inevitable para Iglesias. Dentro de la galaxia podemita, la masa electoral y parlamentaria de los comunes catalanes lleva a los demás cuerpos morados a girar a su alrededor. Fuerza de la gravedad política. Sin salida. No tiene autonomía.

Parece por lo tanto probable que decaigan las expectativas del partido de los círculos. Mejor dicho, que se acelere la caída, porque mi impresión es que su otoño viene de antes y de varios sitios.

El primero de los orígenes está en el interior mismo de la organización. Es el más obvio. La comodidad ya no es igual entre todas las partes, normal. Las lunas de miel quedan atrás incluso en los casos de poligamia. También es lógico que el verticalismo leninista no mezcle nada bien con el extendido espíritu asambleario. Lógico y hasta superable. La tensión puede ser vista como parte de un proceso de maduración impuesta a marchas forzadas.

La indignación ya no basta para sostener a Podemos, e Iglesias solo es eficaz indignando

Ahora bien, queda algo latente de Vistalegre II. Queda extendida la sensación de que el planteamiento de Errejón era más acertado. La indignación ya no basta para sostener a Podemos, y Pablo Iglesias solo es eficaz indignando. Su imagen es áspera, conflictiva, demasiado estereotipada como para ser enriquecida con nuevos y positivos atributos. ¿Esperanza? Asignatura pendiente. ¿Capacidad de atraer voto femenino? Son ellas las que más piensan que él no es la solución higiénica para nuestra sociedad.

Segundo foco del declive, la coyuntura. La resaca de la moción de censura no ha terminado para la opinión pública. Ha dejado percepciones duraderas. Seguramente, ya no importe que fue anunciada y ejecutada cuando el calendario socialista marcaba un calendario delicado. Sin embargo, las encuestas dejaron claro que Iglesias no ganó muchos enteros como presidente de un Gobierno deseable.

Bala perdida y tiro en el pie. Porque lo que sí se visibilizó, definitivamente, es el hecho de que cualquier Gobierno alternativo al del PP pasa necesariamente por el PSOE. Al reconocerlo, Iglesias le entregó a Sánchez un buen volumen de liderazgo político. Densidad de presidenciable para su rival en la izquierda (vitaminado tras las primarias). Y, de paso, despedida al sorpaso. Es decir, convertirse en un partido subalterno después de venir gestionando la emoción de la conquista de la hegemonía de la izquierda. Gestionar ese tránsito anímico es un camino plagado de dificultades.

Cualquier Gobierno alternativo al del PP pasa por el PSOE. Al reconocerlo, Pablo Iglesias le entregó a Sánchez un buen volumen de liderazgo político

Por otro lado, la entrada en el Ejecutivo de Castilla-La Mancha supuso también un cambio cualitativo. Podemos, que surgió para derribar a los que gobiernan, comenzó a negociar un Gobierno de un día para otro sin dar motivos ni explicaciones. Ejemplo de cómo el partido de los círculos está perdiendo la vibración antisistema —su razón de ser— mientras va ganando en tripa.

Tercer núcleo del sufrimiento inminente, el grave cambio climático que vive el sistema. Podemos encontrará aire en la corrupción del PP, sobre todo, si esta ocupa el primer plano de la actualidad. Es lo que sucedió en el curso pasado, cuando el relato de la recuperación económica quedó eclipsado. Sin embargo, el escenario se ha transformado.

El 58% de los españoles piensa hoy que la posibilidad de un nuevo atentado terrorista es bastante o muy probable. La sensación de vulnerabilidad y riesgo ha aumentado, y con ella la exigencia de unidad. Podemos sigue fuera del pacto antiyihadista. La imagen de la Corona ha salido fortalecida, no pueden decir lo mismo quienes la atacaron de forma oportunista. Cuesta creer que la valoración del desempeño de Colau haya aumentado.

Podemos no podrá quitarse ya la mancha de haber mirado hacia otro sitio mientras el independentismo pisoteaba la democracia

Y después de aquello, el 'procés'. La ambivalencia imposible que apuntábamos al principio. Tengan el tamaño que tengan las movilizaciones, sea como sea el 1 de octubre, aumente o disminuya a partir del día 2 la exigencia de una solución política, lo cierto es que Podemos no podrá quitarse ya la mancha de haber mirado hacia otro sitio mientras el independentismo pisoteaba la democracia.

Ya es otoño para Podemos, las hojas de la indignación se amontonan en el suelo. La luz de lo épico pierde su brillo. Iglesias lo nota. Hace frío por la mañana, como este miércoles en el Parlamento. Domènech lo sabe. Corre el principio de un viento que llamará al abrigo. Y todavía estamos en el principio.

Crónicas desde el frente viral

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