¡Atención, posible 'spoiler'! Ojo al miembro del Govern que no entró en la cárcel

Quizá merezca la pena prestar atención a quien ayer entró y salió de la Audiencia Nacional por la misma puerta —aunque pagando fianza—

Foto: El exconsejero de Empresa de la Generalitat de Cataluña Santi Vila. (EFE)
El exconsejero de Empresa de la Generalitat de Cataluña Santi Vila. (EFE)

La penúltima temporada de 'Cataluña en los tiempos del cólera' terminó por todo lo alto. Final con la DUI carbonizada y pirómano a la carrera. Visto lo visto, parece que lo de Puigdemont apunta a 'spin-off' menor. Menor, porque el personaje no da para más.

Lo que importa es que la serie sigue, y que el primer capítulo de la nueva entrega ha irrumpido con un brío que impresiona. Cárcel para Junqueras y siete 'exconsellers', un hito que marcará la evolución de los acontecimientos. Espero que no desencadenen movilizaciones violentas.

Por lo pronto, dará el cambio del nervio central narrativo. El eje de la tensión anterior —independencia sí/no— quedó sin recorrido. Ahora los nacionalistas necesitan reemplazarlo cuanto antes porque vienen las urnas de verdad.

De primeras, parece difícil. Difícil, porque la venta del sueño de la independencia desarrollaba un relato muy potente. Tenía, eso sí, el problema de que era un fraude. Faltaba todo lo necesario para hacerla viable: desde la legitimidad hasta el aliento internacional, pasando por las condiciones económicas (la ruina que anticipó la fuga de empresas) y operativas (ausencia de estructuras propias de Estado). No. No es fácil encontrar un sustituto para ese cuento, pero es posible.

Vamos con el esquema:

1-. Concepto plebiscitario para el 21-D: aceptar o no aceptar la represión de todo el Estado español.

2-. Declinación: el poder judicial hace de los nuestros presos políticos, el poder ejecutivo nos humilla con el 155, el poder legislativo bloquea la posibilidad de negociar el referéndum en el Congreso, y la Corona simboliza el desprecio de España entera al pueblo de Cataluña.

3-. Conclusión: votar no constitucionalista significa rechazar serenamente el dominio de esa fuerza, y revindicar pacíficamente el derecho a vivir en libertad.

La ventaja de esa línea argumental no radica en que sea verdadera sino en la verosimilitud que tiene para su público. Es papilla para el cuerpo nacionalista adoctrinado, sus dos millones de votantes. Da igual que la lógica narrativa no se sostenga sobre los hechos, hace ya mucho tiempo que la política catalana desatiende los números y las ideas. Esto es un combate emocional. Esto va de armar emocionalmente a quienes votaron nacionalista y puedan sentirse engañados, desilusionados o estafados por el 'procés'.

Objetivo estratégico: impedir la desmovilización propia, excitar las pasiones para aguantar como sea la participación de las tropas y llegar al 21-D tan cerca como se pueda de una exigua mayoría. Campaña nacionalpopulista.

La diferencia está en que el nacionalismo ya no es el único movimiento en el escenario. Por primera vez, el constitucionalismo también existe

La diferencia respecto al pasado está en que el nacionalismo ya no es el único movimiento en el escenario. Por primera vez, el constitucionalismo también existe. Las masivas manifestaciones de las últimas semanas no invitan a creer que quienes han salido a la calle, después de tanto callar, no vayan a votar en el día decisivo. Por lo tanto, todo parece indicar que atravesaremos una campaña de altísima polarización entre dos bloques hipermotivados. Una competición dura y a velocidad de vértigo. Cero razones. Todo emoción.

¿Servirá? ¿Habrá grandes movimientos de votos? No lo creo. Cataluña lleva polarizada desde hace mucho. Cuando uno viaja en el coche a 190 por hora, subir a 210 no implica un cambio trascendental para apreciar el paisaje. Las preferencias están bastante fijadas. Lo más probable es que el derroche verbal, de energía y de recursos que está por venir no genere transferencias de voto significativas entre el nacionalismo y el constitucionalismo. Desgraciadamente, Cataluña seguirá perdida en dos mitades equiparables.

La incertidumbre está en la distribución de esas dos mitades en el arco del Parlament. Previsiblemente, el sector no nacionalista comparecerá con tres candidaturas. Sin embargo, el encarcelamiento de Junqueras y compañía podría poner al otro lado en centrifugación. La exigente consigna de “máxima unidad frente a los opresores de Madrid” puede ser difícil de frenar. Quizá Podemos se vea forzado a dejar atrás la equidistancia.

Hasta la mañana de ayer, había un escenario más probable. Soberanismo de izquierdas. Nemotécnicamente puede recordarse como la opción de la triple R: referéndum, república y Roures —el pacto de la famosa cena—. Un Gobierno de ERC con Podemos más respaldo futurible del PSC para gestionar y, llegado el caso, del PDeCAT en lo identitario.

Tras la decisión de la jueza, ha ganado enteros el plan de Artur Mas. La reedición del independentismo a pesar de todo, una segunda parte de Junts pel Sí —que de paso frenaría la debacle de los convergentes—.

Dentro de unos días se despejará esa incógnita. Seguramente, resultará clave, porque el número de candidaturas condicionará el reparto de escaños.

En cualquier caso, quizá merezca la pena prestar atención a quien ayer entró en la Audiencia Nacional y salió en dirección a la cárcel, aunque hoy mismo podrá eludirla pagando fianza. Es posible que los próximos capítulos nos guarden la sorpresa de ver cómo un actor secundario adquiere papel de protagonista. Presten atención a Santi Vila.

No tiene ante sí un camino de rosas, porque la altísima temperatura emocional dificulta la moderación. Pero su entrada en la carrera —por fuera del independentismo— podría generar un 'efecto Macron' a pequeña escala electoral y con grandes repercusiones políticas.

Ojo, porque proviene de la zona templada de un partido históricamente central, llega sin estar quemado, ni ser tachado como cómplice del destrozo. Tiene experiencia, contiene discurso y proyecta cierta imagen de modernidad. Reúne bastantes de los atributos necesarios para lanzar una oferta atractiva y posibilista en un nicho electoral muy determinado: la clase media barcelonesa que siempre votó CiU y siempre se ha considerado mucho más sensata que los demás.

El listón electoral no parece infranqueable para Santi Vila. Duran i Lleida llegó al 2,7% de los votos en las últimas elecciones. Con tres décimas más se pasa el corte de la entrada en el Parlament. Con un 5% podría hasta tener grupo parlamentario. Esa horquilla parece poco espectacular, pero en potencia podría ser determinante. Puede que tanto como lo fue la CUP. Veremos, veremos en pocas fechas si su camino se cierra o se abre.

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