ERC ha conquistado una posición estratégica

La levadura comenzó a bajar ayer entre las idas y venidas de los diputados y diputadas, papeleta en mano. Poco a poco, empezó a expandirse la sensación de que sería un trámite

Foto: El nuevo presidente del Parlament, Roger Torrent. (EFE)
El nuevo presidente del Parlament, Roger Torrent. (EFE)

No siempre se vuelve a la escena del crimen. Pueden apresarte, puedes huir. A veces es el delito lo que regresa al escenario en forma de temor, de sospecha o incluso de esperanza. Una sombra. Barcelona amaneció ayer bajo la nube del eterno retorno.

La percepción se agudizó poco después, al contraluz de la gran pantalla instalada por la ANC en la calle para seguir la designación de la nueva Mesa del Parlament. Un simulacro de movilización con pocos figurantes, muchos de ellos jubilados, bastantes en sillas de tijera llevadas desde casa. Una dosis de recuerdo parodiado, pero recuerdo. El eco de aquel otoño teñido por la furia y la mentira.

A media mañana, la impresión se acrecentó de nuevo. Esta vez por boca de Ernest Maragall. Discurso de aliento frentista y olor a rencor. Flojo. Flojo, no porque faltasen expresiones duras sino porque sobraba endeblez moral y él lo sabe. Sabe que le faltó valor, que se rajó cuando sus compañeros le pidieron presidir la Mesa para toda la legislatura. Por lo tanto, más respeto y lecciones cero.

La levadura comenzó a bajar entre las idas y venidas de los diputados y diputadas, papeleta en mano. Poco a poco, empezó a expandirse la sensación de que la jornada sería un trámite, una especie de ensayo ante la investidura que está por venir. Fue un espejismo disuelto a cámara lenta.

Ha ocurrido algo determinante. ERC ha sido capaz de conquistar una posición estratégicamente clave. Después de su tercer puesto en las urnas y con la abstención no explicada de Podemos, los de Junqueras han hecho suyo un emplazamiento neurálgico, un punto en el que convergen varias líneas de alta tensión. Entre ellas, la propia viabilidad del 'procés'.

La época en que los dos bloques se subestimaron ha quedado atrás. En caso de nueva escalada, Rajoy ya no puede seguir pensando que los nacionalistas darán un paso atrás. Del mismo modo, los separatistas tampoco pueden pensar que el Estado no va a llegar hasta el final.

Poco a poco, comenzó a expandirse la sensación de que la jornada sería un trámite, una especie de ensayo ante la investidura que está por venir

El realismo sobre el que viene hablando ERC tiene bastante que ver con eso, con haber aprendido que España no se tronchará a base de hechos consumados. Torrent, el cuarto candidato que sepamos para suceder a Forcadell, tiene que ser consciente de que nada de lo sucedido desde septiembre hubiese sido posible si su antecesora hubiese respetado la ley. Si él la incumple, podrá entrar en prisión, impedir que su máximo dirigente salga de la cárcel y abortar el restablecimiento de la normalidad institucional.

La desactivación en tres tiempos del 'procés' (Corona, Justicia y aplicación del artículo 155) rompió la unidad de acción separatista. La jornada de ayer dejó el botón del cortafuegos parlamentario en manos del partido menos interesado en recrudecer el conflicto.

Por eso los más extremistas fueron los primeros en verlo. Los cuperos tardaron cinco minutos en criticar el discurso de Torrent. Atención a ese flanco, porque el candidato a 'president' tendrá que hacer un discurso, y sin la mención explícita a una implementación real de la república esos cuatro votos no pueden darse por seguros.

Pasemos a segunda línea de tensión: la investidura. Como todo está dominado por la lógica judicial, y Torrent está limpio pero puede dejar de estarlo si no anda con tiento, puede merecer la pena tratar de anticipar el significado del apoyo que ERC ha expresado a la candidatura de Puigdemont.

Supongamos (que no es poco) que la Mesa acaba encontrando la manera de activar una investidura por plasma, delegación o mensajes de humo. ¿Alguien duda de que habrá recurso del Gobierno al Constitucional? ¿Qué hace la mesa si el Constitucional paraliza la investidura? Si Torrent permite la votación: más cárcel. Si no la permite, más Bruselas.

Es curioso. Puede que Puigdemont acabe pasando por lo que pasó Artur Mas, cuando la arena del reloj se agotaba y la única manera de evitar otras elecciones pasaba por echarse a un lado. Justicia poética en el último minuto, pensarán algunos.

Si Torrent incumple la ley, podrá entrar en prisión, impedir que su máximo dirigente salga de la cárcel y abortar el restablecimiento de la normalidad

En esa lógica que mantiene a Puigdemont bloqueado, como es natural, los de ERC clamarán al cielo durante los dos próximos meses. Maldecirán al Gobierno, se rasgarán las vestiduras, le pedirán a Rufián que deje de leer a Goethe y salga a verdulear un rato. Harán todo lo posible para que el peso de la traición a la república no caiga sobre sus espaldas.

Teatro. Sobre todo porque la tercera línea de tensión —la hegemonía del nacionalismo— se dirime también en el campo emocional de la traición. Tienen todos tanto miedo a ser vistos como culpables, que están dispuestos a cometer cualquier barrabasada para evitarlo. Sin embargo, en lo sentimental nunca está el todo.

Hubo en el discurso de Torrent un par de acordes que quizás hayan pasado desapercibidos. Hizo mención a su reiterada condición de joven, circunstancial, y expresó su deseo de que al menos sirva para dar respuesta a la necesidad de relevo político que vive Cataluña. No es un mensaje casual. Es obvio que toda una generación de dirigentes separatistas ha quedado devastada.

Está por ver cuál de los dos partidos será más eficaz al dar el relevo en casa. Por lo pronto, con el nombramiento de Torrent, ERC lleva la delantera. Y aunque no conozco las interioridades de esa organización, no parece insensato apuntar la posibilidad de que cuente con más opciones de éxito que sus adversarios. Los convergentes pueden haberse quedado con la cartera llena y la cantera vacía.

Hará falta renovación, la confianza ha quedado tan dañada, tanto, que o cambiamos el reparto o se nos cronifica el conflicto. Habrá tiempo para hablar, claro. Hablar de todo lo que puede hablarse porque dentro de la ley siempre quedan oportunidades para el acuerdo. Lo que no puede negociarse es la acción de la Justicia. En nuestra joven democracia, todo el que le ha echado un pulso al Estado, todo el que ha planteado un chantaje, ha salido trasquilado. Creo que esa historia debe continuar.

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