Quién y cómo sucederá a Pablo Iglesias en Podemos

Creerse Napoleón es de locos, pero estudiarlo, de cuerdos. Iglesias es un político acostumbrado a vivir cada crisis en términos de oportunidad

Foto: El líder de Podemos, Pablo Iglesias. (EFE)
El líder de Podemos, Pablo Iglesias. (EFE)

“¿Debe ser cónsul vitalicio Napoleón Bonaparte? ¿Debe tener la facultad de designar a su sucesor?”. Vemos a nuestro protagonista con la mirada en el vacío, calculando. Se acerca al papel y tacha la segunda pregunta. Todavía es pronto para hablar de ello.

París, 1802. Sus palabras caen como un relámpago en el Senado: “Sea cual sea mi destino, cónsul o ciudadano, no existiré más que para la grandeza y la felicidad de Francia […] que los ciudadanos manifiesten su voluntad con toda franqueza y con absoluta independencia; será obedecida”. Solo cuatro reunieron valor para abstenerse. La consulta al pueblo quedaba convocada.

El trueno llegó meses después. La misma institución se vio obligada a proclamarle primer cónsul vitalicio. Un cambio inmediato en la constitución le facultó para nombrar a su sucesor. Y Napoleón levantó su trono con el señuelo de la soberanía popular. Comenzó su imperio, se convirtió en el dueño del país.

Aquel giro bonapartista sentó precedente histórico, tal y como hemos comprobado durante más de dos siglos en todos los continentes. Abrió camino a la democracia plebiscitaria, a la legitimidad tramposa, al sucedáneo favorito de los dirigentes que no pueden considerarse democráticos pero quieren parecerlo. Una forma de dominación en la que el convocante nunca puede perder una consulta, y debe ser siempre mostrado como el primer servidor del pueblo. Exaltado.

Galapagar, 2018. Creerse Napoleón es de locos, pero estudiarlo, de cuerdos. Iglesias es un político acostumbrado a vivir cada crisis en términos de oportunidad. Además, tiene bastante habilidad táctica —más que estratégica—. No creo que haya perdido la cabeza. Es posible que haya hecho un diagnóstico acertado de lo ocurrido desde que la compra del chalé saltó a la actualidad. No descartemos que haya hecho una buena lectura del clima social. Comencemos por tratar de comprender el porqué de la consulta.

Iglesias es un político acostumbrado a vivir cada crisis en términos de oportunidad. Además, tiene bastante habilidad táctica —más que estratégica—

Puede que haya asumido el daño sobre su imagen pública, la pérdida de la invulnerabilidad. Puede que haya comprendido que, por mucho que lo intente, ya no podrá ser visto como alguien plenamente coherente y honesto, alguien común con algunas cualidades poco cotidianas.

El viejo Pablo Iglesias puede haber muerto para el público, pero el actor suele notar antes que nadie que su personaje ha dejado de latir. En ese caso, la pregunta del entreacto es si tiene sentido político prolongar artificialmente la ilusión, seguir como si no hubiese pasado nada. No demasiado, entre otros motivos, porque el proyecto de Podemos tal y como fue concebido estaba también agotado.

El hecho de que la relación afectiva entre Iglesias y los suyos pueda haber quedado irreversiblemente dañada no es tan trascendente. Esto no es una novela rosa, es una cuestión de poder. La clave está en la legitimidad, está en si la relación de dependencia emocional puede o no puede perdurar. ¿Hay un tránsito emocional posible que permita mantener la dominación del líder sobre sus seguidores?

Creo que sí. La política tampoco es tan distinta de la vida: Podemos puede pasar de un liderazgo construido sobre el cariño y la admiración, a un liderazgo sostenido únicamente sobre el miedo. Están en ello. Los inscritos del partido morado están recorriendo estos días la distancia que existe entre la libertad y la sumisión, entre la democracia y la autocracia, entre la Puerta del Sol y el imperio.

El Iglesias que conocimos ha desaparecido. Y las organizaciones demasiado dependientes, demasiado regidas por el personalismo, sufren mucho en los procesos de sucesión. La desaparición del líder carismático, de quien reunía atributos cercanos a la santidad, al heroísmo, a la ejemplaridad en cualquier caso, plantea un problema de difícil sucesión.

Podemos puede pasar de un liderazgo construido sobre el cariño y la admiración, a un liderazgo sostenido únicamente sobre el miedo

Él es muy consciente de ello, la sensación de vacío de poder que acarrea la simple posibilidad de su final supone una amenaza directa a la supervivencia del conjunto. Por eso juguetea con el vértigo de la salida y se emplea con gravedad teatral en las medidas apariciones de estos días. Aparece como un fantasma que se muestra obediente a quienes quiere someter. Reitera el chantaje y luego lo redobla. Primero ordena voto sí y después prohíbe la abstención. Hasta el fondo, compañeras y compañeros, hasta el fondo.

Pablo ha muerto, ¡viva Pablo! Solo Iglesias puede suceder a Iglesias. Y solo el giro bonapartista puede investirle de una legitimidad distinta dentro de Podemos. Menos cálida que el afecto, tan fría como el miedo, pero igualmente incondicional. Incondicional porque si los inscritos aceptan ahora un chantaje como este, no podrán negarse a nada en el futuro. Le habrán entregado la propiedad de Podemos al haberle reconocido su derecho completo a la impunidad.

Nunca pude imaginar que la compra de un chaletazo pudiese llevar de regalo el título de propiedad de un partido político entero. Sobre lo primero —la casa—, se puede discutir el grado de gravedad ética. Sobre lo segundo —la consulta—, convendría reflexionar porque genera una grave crisis política. Nadie debe olvidar que el chantaje es una práctica totalmente incompatible con la democracia, todos son preocupantes.

Cualquiera puede entender que sean pocas las voces de Podemos que hayan alzado la voz. El pescado está vendido, el resultado del plebiscito solo puede ser favorable a Irene & Iglesias. Además, todos saben que después vendrán las represalias, llegarán antes de que las listas para las municipales y las autonómicas queden cerradas. Ahora bien, comprenderlo no implica necesariamente aceptarlo.

Nadie se ha atrevido, por ejemplo, a preguntar la razón de que no se incluya la opción de voto en blanco en la consulta. ¿Tienen los inscritos de Podemos derecho a demostrar que quieren participar dejando constancia de su desacuerdo con el planteamiento? No. Parece que eso ya está perdido. Lo vemos claro, pero no hay motivo para aprobarlo. No lo encuentro, estemos o no estemos dentro de Podemos.

El pescado está vendido, el resultado del plebiscito solo puede ser favorable a Irene & Iglesias

En mi opinión, cabe preguntarse por el comportamiento que puede tener al frente de nuestro Gobierno quien está extorsionando a su propio partido. Esto es un chantaje hábilmente diseñado para perpetuarse en el poder, después de hacer una operación inmobiliaria difícil de aplaudir.

¿Debe ser cónsul vitalicio Pablo Iglesias? ¿Debe tener la facultad de designar a su sucesor(a)?”. Cuando comienza el imperio, empieza la dinastía.

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