El otro silencio de Màxim Huerta

¿De verdad pensó Huerta que un fraude a Hacienda con sentencia judicial incorporada no saldría a la luz? ¿Cómo es posible que no advirtiese a Sánchez de algo así?

Foto: El exministro de Cultura Màxim Huerta anuncia su dimisión. (Reuters)
El exministro de Cultura Màxim Huerta anuncia su dimisión. (Reuters)

Es difícil aburrirse en España, reconozcámoslo. En un solo día, prisión para el cuñado del Rey, guerra civil en la Selección nacional y ministro dimitido antes de cumplir una semana en el cargo. Tres historias trenzadas por la irresponsabilidad, la frivolidad y la vanidad, en un país que parece acostumbrado a ver cómo todo acaba siendo rápidamente devorado.

“Vivimos en una sociedad ahogada por el ruido”, dijo Huerta. Y es verdad. Es así desde hace años. Buena parte de la caída de Rajoy tiene que ver con eso, no hay motivo para sorprenderse. Un ruido que puede ser ensordecedor, desagradable, incluso hiriente. Y quizá deseable, a pesar de todo. Puede que la indignación sea mejor que la indiferencia. Después de tantos años tan poco higiénicos, ante nuevos comportamientos poco ejemplares, puede que alzar la voz sea mejor que el silencio.

Es posible que merezca la pena preguntarse por un silencio previo. Huerta debió recibir la oferta para entrar en el Gobierno hace unos días, seguro que pidió algo de margen para valorar un paso así de grande. Es una cuestión de lealtad elemental con uno mismo, con la institución que puede dirigir y, sobre todo, con el presidente. ¿Estoy preparado? ¿Sé lo que quiero? ¿Tengo algún tipo de contraindicación que pueda dañar al Gobierno?

¿De verdad pensó Huerta que un fraude a Hacienda con sentencia judicial incorporada no saldría a la luz? ¿De verdad pensó que era una asunto menor y lejano después de haber visto a Cifuentes robando cremas en un supermercado? ¿Cómo es posible que no advirtiese a Sánchez de algo así?

Por muy inexperto en política que fuese, resulta increíble que no tuviese en cuenta que este Gobierno no se puede permitir ni el más mínimo de los deslices en nada que parezca turbio, que no viese la debilidad del Ejecutivo en el Parlamento, el cuchillo entre los dientes del PP, el látigo en las manos de Iglesias. La sorpresa no está en el ruido desencadenado por la noticia del fraude, el misterio está en el silencio. Huerta ocultó un hecho cierto, dañino e irreparable, y eso es injustificable. El enigma es si solo calló por vanidad.

Resulta increíble que no tuviese en cuenta que este Gobierno no se puede permitir ni el más mínimo de los deslices en nada que parezca turbio

Algo falló en el 'casting', dirán algunos. Es una forma de verlo, pero también hay otras. También cabe cuestionar si precisamente el 'casting' es lo más recomendable para elegir gobernantes, si hay formas más sensatas de elegir a 17 ministros entre 45 millones de españoles, si el empleo de estos métodos trasluce una manera de ejercer el poder no del todo responsable.

El otro silencio de Màxim Huerta

El Consejo de Ministros no es un producto de 'marketing', es la maquinaria más importante que tiene nuestro país, el primer motor de la prosperidad y la convivencia de España, y no la pasarela Cibeles. La primera foto del Gobierno en su conjunto gustó a la opinión pública porque estaba diseñado para eso. Sin embargo, tenía un aire demasiado superficial, un brillo como de laboratorio. A lo mejor el indicio de que la lógica política de aquí está empezando a confundirse con la dinámica del espectáculo, la pista de que estamos más cerca de ser tratados como espectadores pasivos que como sujetos políticos adultos.

Espero equivocarme. Espero que no veamos un Gobierno con graves límites para gobernar pero sin límites éticos para surfear sobre las emociones encadenando tirabuzones y golpes de efecto. Deseo que no tengamos un Ejecutivo imprimiendo más fotografías medidas, que medidas efectivas en el BOE. Lo deseo porque después de estos años de bloqueo y larga espera, puede resultar desesperante ver cómo las instituciones son utilizadas con el único fin de lanzarnos confeti electoral.

Tiempo habrá para debatirlo, de momento, lo que no puede discutirse es que el 'casting' no fue serio, que el nombramiento del ministro fallido parece responder más a una operación de comunicación que a un criterio político o de gestión. La irresponsabilidad de la designación de Huerta queda demostrada por la designación de quien le ha sucedido, Guirao.

No es fácil encontrar dos candidatos más distintos para el mismo puesto. Por un lado, habrá quien se pregunte por qué optó por el primero cuando pudo hacerlo por el segundo. Por el otro, contemplando la enorme distancia que hay entre Huerta y Guirao, se abre el espacio para una duda razonable. ¿Hubo capricho? ¿Dónde está la idea? ¿Cuánto tiempo ha dedicado Sánchez a pensar en lo que tiene que ser un Ministerio de Cultura?

De saque, recuperar la institución es una buena decisión. El PP lo degradó a Secretaría de Estado por una visión torpe y antigua, provinciana, pero también por rencor con el compromiso político que mostraron algunos autores. El Gobierno de Rajoy maltrató y despreció sin piedad a todos los trabajadores del sector, y desaprovechó la oportunidad que la imaginación y la creatividad tienen para generar nuevos empleos, aportar crecimiento económico y abrir nuevas oportunidades. Fue un error imperdonable que tenía que ser reparado.

Ahora bien, el dibujo de la estructura de un Gobierno debe seguir la línea de un proyecto político. Cada pieza tiene que tener una función meditada dentro del conjunto. Incorporar deportes al Ministerio de Cultura es un ejercicio de frivolidad, porque cada competencia requiere un tipo especial de habilidades y conocimientos. Dicho de otro modo: porque quien puede valer para llenar museos, salas de conciertos, teatros, cines, no puede servir también para llenar campos de fútbol.

Es de cajón que el Ministerio de Cultura no puede ser un cajón desastre, pero lo sigue siendo. Puede que algún día llegue un Gobierno a España que vea la cultura como un asunto de Estado, como ocurre desde hace décadas en Francia, sin ir más lejos. Puede que algún día descubramos todo lo que hay de valioso en nuestro patrimonio, nuestras lenguas, nuestras industrias culturales, nuestras posibilidades de crear y competir en la era digital. Puede que veamos todo eso, pero no será bajo este Gobierno. Todo lo que podemos hacer es esperar que Guirao lo haga bien. Y eso no es poco, es mucho. Le deseo la mayor de las suertes, por el bien de todas y de todos.

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