Las primarias del PP empiezan a ser un desastre

Con el pasar de los días, parece que están dejando de ser una oportunidad y comienzan a revelarse como otro problema más. No funcionan ni hacia dentro, ni hacia fuera

Foto: El presidente del Comité Organizador del XIX Congreso del PP, Luis de Grandes. (EFE)
El presidente del Comité Organizador del XIX Congreso del PP, Luis de Grandes. (EFE)

Sostiene Aznar que el Partido Popular se equivoca al aceptar los términos de los adversarios. Puede que tenga razón. Él se refiere a los marcos del debate público, también al planteamiento de la contienda partidaria, pero su tesis es extensible a la política interna. Basta con observar lo que está pasando.

Las primarias están lejos de ser un capricho. Son un paso delicado, sobre todo, para un partido con una cultura política añeja como la que comparten los populares. El implante puede generar rechazo orgánico si el proceso no cumple las condiciones de esterilización necesarias, o si se actúa de forma imprudente. Parece que las cosas podrían haberse hecho mejor en la calle Génova.

¿Estaba el PP preparado para dar un paso como este? Por lo visto, no del todo. Adoptar este mecanismo de elección de la dirigencia conlleva sustituir la legitimidad de la democracia representativa por la de la democracia directa. Y eso afecta a la naturaleza misma del partido, en este caso, una organización que fundamentalmente es de cuadros.

Uno tiene la sensación de que el partido fundado por Fraga ha optado por las primarias más desde los complejos que por medio de una reflexión profunda y de una planificación sensata. Entre otros motivos, porque el cambio que supone su aprobación es de tanta envergadura que no admite marcha atrás. Debe aplicarse en cualquier escenario, incluso en uno tan arriesgado como el actual. Y para eso hay que prepararse.

Todo debe estar dispuesto para que la organización de la elección funcione como un reloj. Incluso cuando las siglas se ven desalojadas del gobierno inesperadamente y el presidente desaparece generando un vacío de poder sin precedentes. También, cuando el desprestigio social es elevado y el anterior líder ha dejado tan asfixiada a la organización que los tres sucesores con más opciones pertenecen a su círculo íntimo. Da que pensar que el más contestatario de los candidatos sea el antiguo ministro de Exteriores del presidente.

El PP ha optado por las primarias más desde los complejos que por medio de una reflexión profunda y de una planificación sensata

Las primarias pueden convertirse en una herramienta autopunitiva cuando se descuidan los fundamentos de la organización, o cuando se activan sin blindar las garantías democráticas básicas. Pero además pueden ser autodestructivas porque son muy potentes en términos de comunicación. Bien aplicadas tienen todos los ingredientes que buscan los espectadores, emiten algo vivo y genuino, lo que más valora el público. Por eso resultan tan arriesgadas como fascinantes.

Quizá fue la fascinación (acomplejada) lo que llevó a los dirigentes del PP a ver en este método la mejor operación de comunicación posible para coronar a Feijóo. De esa forma, el líder gallego podría llegar al congreso bajo palio. Todo bien sobre el papel, una estupenda simulación.

Sucede, sin embargo , que el protagonista no acudió al rodaje y que todo lo que estamos viendo es improvisado. No hay red, pero sí media docena de candidatos. Por lo tanto, transparencia. Eso está bien: sin estas primarias desconoceríamos el verdadero tamaño del PP.

Tomemos prestada una idea de Saramago. Imaginemos por un momento que se celebran elecciones en España y sale el portavoz del gobierno de turno para decir que ha votado menos del 7% de la población con derecho a voto. ¿Qué tipo de crisis se desencadenaría inmediatamente? Seguramente más grave que constituyente, probablemente existencial.

Las primarias del PP empiezan a ser un desastre

Eso es lo que va a ocurrir dentro de poco en el Partido Popular. No por revuelta de las bases, sino porque ese partido tiene centenares de miles de afiliados fantasma. Muchos de ellos no lo saben a pesar de estar muertos. Son 'Los otros' de la calle Génova, supongo. Personajes para una versión delirante de la película de Amenábar.

En cualquier país sano, multiplicar por ocho la cifra de miembros de un partido provocaría un escándalo de consecuencias inmediatas. En el PP parece no producir mucho sonrojo. Cospedal seguirá en la carrera como si nada. Sin embargo, tiene responsabilidad política por su forma de encarar la corrupción, y tiene responsabilidad orgánica por no haber depurado el censo. Queda por ver cuántas urnas le quedan para pagarlo.

Lo ocurrido es grave. No solo por lo que significa haber mentido a todo el mundo durante años, también porque un censo sucio supone una clara adulteración de las primarias.

Recordemos que el sistema de elección del PP es de doble vuelta, primero votan las bases y después los compromisarios. Y subrayemos que el volumen de compromisarios que tiene cada territorio responde a su número afiliados, en este caso falseado. Hay provincias descaradamente infladas, que enviarán al congreso del partido más representantes de los que deberían.

Por lo tanto, quien reciba el testigo de Rajoy tendrá que soportar irremediablemente el peso de una legitimidad doblemente débil: débil por el número de votos obtenidos, y débil porque la designación de los compromisarios no responde a la realidad del partido.

Subrayemos que el volumen de compromisarios que tiene cada territorio responde a su número afiliados, en este caso falseado

La marca Partido Popular ha conocido tiempos mejores que los actuales. Está por ver el impacto que tendrá la sucesión en términos de imagen sobre el partido y sobre quien lo lidere. Por lo pronto, con el pasar de los días, parece que las primarias del PP están dejando de ser una oportunidad y comienzan a revelarse como otro problema más. No funcionan ni hacia dentro, ni hacia fuera.

Desconozco el grado de interés que están generando en la opinión pública. Pero creo que en estas primarias del PP faltan los atributos necesarios para transmitir ilusión, aire de renovación y posibilidad de auténtico cambio. No hay verdad.

También considero que no reflejan la impresión de confrontación real. Hay tanto miedo al fratricidio que la impostada oferta de unidad entre candidatas está restando credibilidad a la competición. Es tanto el temor, que hasta se ha anulado la posibilidad de un debate. En las primarias del PP está prohibido debatir.

Lo peor que puede hacer una organización política es mentir sobre sí misma. Negar lo que se hizo, como está probado. Venderse como algo distinto a lo que se es, tal y como estamos comprobando. Estas primarias van de eso y pueden acelerar la decadencia. Cuando las mentiras parecen mentiras, no hay manera de frenar el desastre.

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