Prospectiva covid-19: prepárate para lo inesperado

Lo más sensato es prepararnos. Aplicar el principio de responsabilidad, empezar a equiparnos desde el peor de los escenarios posibles. A partir de esa opción, el resto solo podrán ser ganancias

Foto: Las banderas del Palau de la Generalitat ondean en la posición de media asta en señal de luto por las víctimas del covid-19. (EFE)
Las banderas del Palau de la Generalitat ondean en la posición de media asta en señal de luto por las víctimas del covid-19. (EFE)

Hace una quincena, Anthony Fauci —la primera autoridad científica norteamericana en la lucha contra el covid-19— afirmó: “Es inevitable que el virus vuelva en la próxima temporada, y cuando lo haga, nuestra manera de afrontarlo determinará nuestro destino”.

Hace una semana, Andrea Ammom —la máxima autoridad europea— declaró que “la pregunta no es si el virus volverá sino cuándo lo hará y con cuánta intensidad vendrá. No quiero dibujar una imagen apocalíptica, pero tenemos que ser realistas. Este no es el momento de relajarse del todo”.

Sábado pasado, primer párrafo de la intervención de Sánchez: “Lo más duro ha pasado. Lo más difícil ha quedado atrás. Vemos ya mucho más que la luz al final del túnel: lo que estamos viendo es el final del túnel”.

Prospectiva covid-19: prepárate para lo inesperado

Lo que vimos ayer es que el Gobierno ocultaba tras un recodo del túnel una pila de 12.000 muertos más. Y lo que no puede verse son los motivos que han llevado a Moncloa a decretar súbitamente el final de la pandemia. Hemos pasado de la guerra a la playa sin testar y sin herramientas para trazar el movimiento del virus, pero no sabemos por qué.

Desgraciadamente, nadie juicioso puede garantizar que nos encontremos ante el final de esta crisis de múltiples crisis. Ojalá fuese así, porque hay mucho dolor y mucho cansancio. Pero sucede que los virus tienen la mala costumbre de no leer el Boletín Oficial del Estado.

Lo más prudente es asumir que estamos terminando el primer capítulo de esta historia, aceptar humildemente que no sabemos ni qué ocurrirá en el segundo ni cuántos episodios habrá.

Y lo más sensato es prepararnos. Prepararnos para esperar lo inesperado. Aplicar el principio de responsabilidad, empezar a equiparnos desde el peor de los escenarios posibles. A partir de esa opción, el resto solo podrán ser ganancias.

Con cierta frecuencia, hablo con algunos emprendedores y empresarios. Casi todos contemplan pérdidas de entre el 10 y el 20%. Los más previsores llegan a plantearse la posibilidad de una caída del 30% para este 2020. Suelo recomendar una dosis mayor de pesimismo. Trato de aconsejar la elaboración, como mínimo, de tres planes de contingencia más: uno para el 40, uno para el 50 y otro para el 60% de caída. Siempre está bien tener una primera guía a la que recurrir en situaciones de emergencia. Lo peor que puede ocurrir es no tener que utilizarlos.

Como mínimo, nos encontramos ante tres crisis —sanidad, economía y sociedad—, las tres son concurrentes y tienden a retroalimentarse

Cada uno sabe los números que tiene en su casa y las especificidades propias de su sector. Por eso puede ser útil conectar lo particular a lo general. Interiorizar que, como mínimo, nos encontramos ante tres crisis —sanidad, economía y sociedad—, que las tres son concurrentes, y que tienden a retroalimentarse. Ese es el riesgo que puede aguardarnos tras el verano.

Comencemos por la salud. La esperanza en la vacuna rápida responde a criterios más bursátiles y geopolíticos que científicos. Las razones de seguridad sanitaria y los obstáculos para producir masivamente el medicamento alejan la solución del horizonte inmediato.

Respecto a la evolución vírica, hay infinidad de modelos que tratan de anticipar el comportamiento del covid-19. Pero la posibilidad de disolución repentina está hoy fuera del consenso de los expertos. De cara a la eventual segunda ola de otoño, los tres escenarios básicos dibujan impactos menores, iguales o superiores al que todavía estamos sufriendo.

Supongamos que las previsiones más favorables fuesen las más acertadas. Apartemos la experiencia devastadora que trajo la segunda irrupción de la epidemia de 1918. Las condiciones higiénicas y sanitarias son mejores, estamos más conectados, los gobiernos deberían haber aprendido, tendríamos que estar mejor armados, el virus puede mutar a una versión menos dañina. Quedémonos con un impacto potencial cuatro veces menor al actual. 10.000 muertos en España. Confinamientos parciales. Un impacto psicológico devastador en toda la población.

Sigamos con la economía. Ayer, Christine Lagarde anunció que los indicadores actuales europeos están muy cerca del peor escenario que se había previsto al inicio de la crisis. Nosotros estamos en el furgón de cola.

En España, sufrimos problemas estructurales graves, ninguno es más grave que el desempleo. Hoy, el 40% de nuestra población activa está en situación de paro parcial o total. La Universidad de Chicago calcula que cuatro de cada 10 trabajadores norteamericanos que están en situación de ERTE acabarán en ERE. Quedémonos con esa referencia, aunque nuestro mercado laboral sea más rígido, aunque nuestro país sea más vulnerable: más un millón de parados más en España. Apagón en el motor del consumo interno, campaña de navidades.

En julio, cuando se publiquen la EPA y el PIB, cuando podamos hacer el primer recuento de daños, nos daremos cuenta del efecto devastador que puede tener en España una segunda ola pandémica, por pequeña que sea. Eso aquí. A escala global, SGMC calcula una caída en los mercados de hasta el 25% si el virus vuelve.

Tercera clave, el clima social. Seguramente, las expresiones de malestar de estos días nos parezcan nimias dentro de poco. Una segunda ola cuatro veces menor no generará respuestas cuatro veces inferiores en la calle. El enfado con la clase política se multiplicará. Lo hará porque nuestra sociedad es ya más desigual que antes del covid-19: capas populares todavía más expuestas, clases medias más desprotegidas, retroceso irreversible para las mujeres, nuevo mazazo a los 'millennials'. Añadan recortes a pensionistas y funcionarios —5 y 10%—.

Una segunda ola puede poner en problemas a Torra, que necesita convocar las elecciones en Cataluña antes de ser inhabilitado. Puede exacerbar las tensiones entre Iglesias y Sánchez, aunque el primero puede intentar cargarse de razones antes de salir del Gobierno y —esta vez sí— sentar las condiciones de posibilidad para disputar la hegemonía de la izquierda.

“Lo más duro ha pasado. Lo más difícil ha quedado atrás. Vemos ya mucho más que la luz al final del túnel: lo que estamos viendo es el final del túnel”. Cuidado, porque la ciencia avisa de que detrás de este túnel puede venir otro. Y nadie sabe cómo puede ser, ni cuánto puede durar. ¿Otra imprevisión? ¿Más imprudencia? Cuidado.

Conviene prepararse para lo inesperado. Y después de prepararse, volver a disfrutar de los pequeños placeres que nos trae la vida. Serenidad.

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