Covid-19: el camino de la historia

¡Cuánta falta nos hace la política ahora que se nos acumulan las crisis! ¡Y qué difícil que la política no resulte repulsiva viendo lo que vemos cada día!

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (c), interviene en una sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (c), interviene en una sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados. (EFE)

“No odiéis ni os apartéis de la política, porque sin ella no nos salvaremos. Si la política es el arte de gobernar a un pueblo, hagamos todos política y cuanta más mejor, solo así podremos gobernarnos a nosotros e impedir que nos desgobiernen otros”. Azaña.

¡Cuánta falta nos hace la política ahora que se nos acumulan las crisis, es tanta la fragmentación en el Parlamento y sobra tanto la crispación! ¡Y qué difícil que la política no resulte repulsiva viendo lo que vemos cada día!

“Un escenario de la vanidad y de la nulidad, de la impotencia y la mojiganga; una costra que encubre una llaga”. ¡Qué lástima que esas viejas palabras de don Manuel nos parezcan como escritas ayer! Parecen una crónica de sucesos en este Congreso de los Diputados. Todavía, increíblemente todavía, desgraciadamente todavía, no hay jornada en la que alguna de sus señorías no levante con la punta de la uña sucia la costra de nuestra vieja herida cainita.

“Política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y de botín, sin ninguna idea alta”. Tu padre fue tal cosa, el tuyo tal otra. Aplausos detrás de cada insulto, redoble de agresividad para las réplicas. Dale ahí, fuerte. Sonrisas cómplices en las bancadas, hileras de dientes más afilados que las navajas. Mejor que nuestros hijos no vean esto. Este grosero afán de levantarnos trincheras en el alma individual y colectiva.

Y mejor que los adultos no se dejen arrastrar por algunos relatos de laboratorio. Mejor, porque las ficciones pueden acabar enfrentándonos más violentamente que las ofensas personales. Bolivarianos o golpistas. Narraciones diseñadas para demonizar al adversario y ofrecer en cada bando la posibilidad de refugiarse y la oportunidad de disparar.

Covid-19: el camino de la historia

Construcciones equiparables. Intercambiables. Igual de simples y totalizadoras, de digeribles y de compartibles. Una mitad de chavistas y otra mitad de franquistas. Igual de falsas y de ridículas. Igual de terribles y de eficaces. Desde ambos lados, se acusa a la otra parte de amenazar un orden que ninguno defiende ni quiere mejorar.

Una especie política “insufrible por su inepcia, injusticia, mezquindad o tontería”. Sobre todo por su deshonestidad intelectual. Ninguna montaña de insultos podrá evitar la posible llegada de una segunda ola vírica. Ninguna cortina de humo, ningún muro levantado con ladrillos de escándalos efímeros y fingidos, podrá detener la crisis económica que ya asedia las puertas de muchas familias y de muchos negocios en nuestro país.

Las frases redondas suelen ser más huecas que los números duros. Por eso, con cierta frecuencia, terminan siendo dañinas para quien las pronuncia, especialmente cuando vienen formuladas en forma de compromiso. Es probable que una de ellas acabe trayéndole a Sánchez una factura —igual en volumen, como mínimo, a la losa que ya tiene por la injustificada imprevisión frente a la enfermedad—. Fue él quien dijo, hace apenas unos días: “Al final de esta legislatura estaremos en una posición mejor que antes del impacto de la pandemia”.

Ojalá pase algo que borre esta crisis de pronto —una luz cegadora, un disparo de nieve—. Pero mucho me temo que ese deseo está más fuera que dentro del rango de lo posible. La declaración que hizo Sánchez en su teletienda de hace dos domingos era imprudente e innecesaria incluso con las estimaciones del Gobierno —9,2% de caída en el PIB en 2020—. No han durado mucho. Ayer, la OCDE preveía un derrumbe del 11,1% si no hay segunda ola y de un 14,4% si hay contagios en el último trimestre. Anteayer, el Banco de España apuntaba un desplome del 11,6% en el mejor de los casos y del 15,1% en el peor de los escenarios.

Todavía no hemos visto las peores cifras reales. En julio, veremos la EPA y el PIB semestral. Seguramente entonces, una vez medido el perímetro del impacto inicial, volverán a revisarse las previsiones a la baja. Tendremos algo más despejado el paisaje que queda después de la primera batalla y anticipa la OCDE. España puede terminar 2020 con la economía más dañada de todas las naciones desarrolladas.

De esto no se habla en el Parlamento. Debe ser poco importante, supongo. Interesa más la última décima de la última encuesta para unas elecciones que no se ven. Y divierte más que aquello funcione como una piscina de bolas explosivas y bombas fétidas.

“España es un país, no digo disuelto, pero sí inorgánico, un país sin estructuras de dirección (…) No hay en España los cuadros de mando, la aristocracia mudable, criticable y responsable que una sociedad necesita para existir”.

Tenemos la fortuna, eso sí, de una doble suerte por (re)estrenar: fútbol y terrazas al mismo tiempo. Por fin podremos brindar. Brindar aunque no sepamos cuántos compatriotas han muerto, aunque nuestros médicos y enfermeras hayan sido triturados como carne de cañón, aunque miles y miles de personas mayores fallecieron abandonadas en el páramo de nuestra inmoralidad común.

Brindaremos y le diremos al niño que deje de joder con la pelota, que ya empieza el segundo tiempo… Hay que ver con el confinamiento que nos ha dado… menos mal que teníamos la PlayStation…. Ni te lo imaginas, esto de teletrabajar y tener que ser profesor(a) al tiempo ha sido un infierno… Y ahora dice el Gobierno que hasta septiembre no hay clase… Pues a ver cómo nos organizamos porque ya no aguanto más, y encima hay menos campamentos de verano, y con este panorama en la economía, no sé, no sé… Cariño, me pides otro gin-tonic y una ración de algo, un día es un día.

¿Y el chaval qué? Nuestros hijos no saben que la educación a distancia ha sido un desastre sin paliativos —aquí y en todos sitios—. No son conscientes de todo lo que han perdido, no solo en clave de formación, también de socialización. No saben que en Francia, Alemania, Dinamarca, Portugal, Grecia, Holanda, Austria, Bélgica, Luxemburgo y muchas más naciones, las escuelas están abiertas desde hace semanas. No saben que aquí no tenemos ni plan para el curso que viene. 'Winter is coming', pero no lo saben.

El chaval se sienta en la pelota y fija la mirada en un hormiguero. Imagen viva del pueblo español: “Sentado al borde del camino de la historia, renunciando a su destino”.

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