Rebrotes covid: todo va bien, Torra está al mando

Dejar la pandemia en manos de Torra no parece la mejor idea. Tampoco mirar hacia otro lado después de que desobedezca otra orden judicial o modifique una ley nacional

Foto: El presidente de la Generalitat, Quim Torra. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Quim Torra. (EFE)
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Confieso que sigo muy preocupado, ahora más que hace una semana. Sigo el movimiento de los números y me inquieto. Me asombra lo pronto que olvidamos todo: la secuencia de los hechos, las predicciones que eran dominantes y cayeron, las palabras que fueron coreadas y desaparecieron.

Dijeron que el virus tendría carácter estacional, que se apagaría con la llegada del verano, pero tenemos rebrotes en todo el país. Anunciaron la nueva normalidad, pero vivimos en la incertidumbre. Anunciaron la desescalada, pero hay amenaza de escalada. Nos llamaron a consumir por patriotismo, a salvar el verano, pero lo primero que no está a salvo es la salud. Festejaron la derrota de la enfermedad, pero la guerra no ha terminado. A ratos tengo la sensación de que la realidad ha decidido vengarse de las mentiras y las manipulaciones. Una venganza cruel, porque golpea en la estabilidad de todo el público.

Regresan las palabras más temidas: contagios, transmisión comunitaria, capacidad hospitalaria, aislamiento, confinamiento. La diferencia está en que ahora la cifra de fallecidos nos parece más ligera. Distintos umbrales de tolerancia. Tuvimos meses para acostumbrarnos al horror y todavía no hemos tenido tiempo para salir de la pesadilla.

No estamos emocionalmente preparados para afrontar una segunda embestida. Hay trauma social y fatiga general. Eso se nota. La cuestión es si nos encontramos suficientemente armados para el combate material. En esa misión, creo que lo político arroja más dudas que lo sanitario y que lo científico.

Quienes están en los hospitales o en los laboratorios han convertido la experiencia en aprendizaje, aplicarán aciertos y no repetirán errores. Basta con mirar hacia Cataluña para temer que las equivocaciones de marzo puedan volver a darse ahora, esas y otras más.

El coronavirus es mucho más que una enfermedad, es una fuerza disruptiva que desencadena crisis simultáneas, crisis que se retroalimentan. Y no hay en toda España una región más propicia que Cataluña para la disrupción: su territorio linda con Francia, su capital es vital para el turismo y la economía, su sociedad sufre por odio y por división, la política está encanallada desde hace lustros, no hay gobierno desde hace años, y puede haber elecciones dentro de unos meses. El virus busca rendijas por las que propagarse y Cataluña es la apertura más expuesta.

Rebrotes covid: todo va bien, Torra está al mando

Miro los números de Lleida, sigo los de Hospitalet y me preocupo. Me preocupa Barcelona. Me preocupa sobre todo quién está al mando. Quim Torra es el peor individuo en el momento más sensible y en el lugar más delicado.

No es posible encontrar un presidente autonómico más incapaz para afrontar una situación como esta, probablemente, tampoco en toda la historia de Cataluña. No es un gestor. No es un científico. No es un político. Es un dogmático. Es un activista. Es un hombre de paja que instaló Puigdemont en la estación de la Generalitat para que diese salida a un tren que nunca existió.

No es fácil encontrar a un dirigente menos interesado y menos apto para generar lo que más falta hace en este escenario: consensos, cooperación y coordinación. Hablamos de un tipo problemático para el que los demás son “bestias con forma humana”, de alguien que mira a los suyos y ve sospechosos, que mira a los de al lado y odia tan apasionadamente como solo pueden odiarse los de ERC y los de Puigdemont. Por eso está peleado con su propia consejera de Sanidad, no por su nefasta gestión, sino porque lleva puesta la camiseta de otro color. Sobran los dos.

Rebrotes covid: todo va bien, Torra está al mando

No es sencillo encontrar a un político más desautorizado que Torra para pedir a los demás que cumplan las normas. ¿Cuántas veces le hemos visto avalando la desobediencia civil? ¿Cuántas veces le hemos visto despreciando la ley? ¿Por qué debe obedecerse a quien desprecia la ley, a quien ha sido condenado a un año y medio de inhabilitación precisamente por desobediencia?

La amenaza del coronavirus va a durar seguramente más tiempo que la presencia de Torra al frente de la Generalitat. Está de salida. Deseo que las crecientes sensaciones de descontrol e indefensión también se volatilicen pronto.

Espero que no estemos en otro punto de no retorno como el de marzo, cuando el Gobierno fue siempre por detrás de los acontecimientos. Quisiera que las discusiones respecto a las competencias no se estén dando justo cuando se dirime si la situación se controla o se descontrola en Cataluña.

Ojalá no falte liderazgo y no sobre la lentitud. Pero la información es la que es: hay transmisión comunitaria en barrios de l´Hospitalet de Llobregat, el riesgo es que el virus se extienda a los barrios colindantes de Barcelona. Mientras tanto, Colau denuncia que “no se está haciendo el rastreo y seguimiento de contactos como se debería hacer”. OMG. WTF.

Dejar la pandemia en manos de Torra no parece la mejor idea. Tampoco mirar hacia otro lado después de que desobedezca otra orden judicial, modifique una ley nacional desde un Parlamento autonómico y se atribuya competencias que no tiene. Sin embargo, el Gobierno de Sánchez no ha ido al Tribunal Constitucional. No puede hacerlo. No tiene autonomía para hacer lo que debe hacerse donde gobiernan los nacionalistas. Esa es la cuestión de fondo, la maldición irresoluble de la legislatura.

Por eso Moncloa emite que todo va bien mientras Torra está al mando. Por eso y por algo más. Sánchez tomó una decisión contraria al interés general: decidió trasladar la gestión de la crisis sanitaria a las autonomías para evitar su desgaste personal. Si lo hizo desconociendo el riesgo de rebrotes y de segunda ola, malo por imprevisión. Si lo hizo a conciencia, malo por irresponsabilidad.

Cabe, eso es cierto, la posibilidad de que en Moncloa hiciesen un cálculo atropellado pero no caprichoso. Quizá se precipitaron al dar al virus por cautivo y desarmado porque la urgencia económica resulta más que apremiante. España tiene un frente abierto y determinante en Bruselas, mejor dicho, en Estocolmo, Viena, Copenhague y Ámsterdam. Este viernes y este sábado, en el Consejo Europeo, España se juega la próxima década entera. Necesitamos como el comer que aquello salga bien. Suerte.

Crónicas desde el frente viral
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