Sánchez y Ayuso: los motivos de un choque calculado

Mientras todo parece derrumbarse a nuestro alrededor Ayuso y Sánchez lo están fiando todo a la polarización. Están invirtiendo en tensión porque esperan recibir lealtad electoral

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el jefe del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el jefe del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

La impresión de vergüenza nacional está justificada. Hay razones para este enfado general. El descontrol es real. Ahora bien, conviene tener en cuenta que este caos no responde al azar, estaba calculado. Al milímetro desde Moncloa y desde Sol. Lo de hoy ya estaba escrito en dos calendarios. Día D. Sorprenderse por el choque es tan ingenuo como asombrase por la llegada de la segunda ola vírica. Tenía que llegar aunque sea difícil de explicar.

El divorcio entre el enardecimiento de Sánchez y Ayuso con el estado anímico de toda la sociedad parece irracional. Sin embargo, responde a una racionalidad que en el fondo resulta terrible. Por eso tendríamos que formularnos algunas preguntas, porque las razones nos interpelan, nos agarran de la pechera.

A pesar de que requiera algo de esfuerzo, deberíamos ir levantando una tras otra las capas que se esconden tras el choque de hoy, detrás de esta política española tan envenenada. Son cuatro. Comunicación. Psicología. Táctica. Y estrategia.

En la superficie está la comunicación. El mensaje de lo superficial. Alpiste para las tropas mediáticas y digitales de los dos frentes. Interpretación y contraprogramación. Nadie recordará en dos días lo que cualquiera de los dos dijo hoy. Ni falta que hace. Esto sólo va de darle cada día un poco más de hilo a la cometa de un relato que no es cuento sino pesadilla.

¿Dónde está el premio? ¿Dónde está la ganancia estratégica del choque y la polarización en una situación tan urgente?

Una construcción narrativa diseñada para distanciar al ciudadano –mejor dicho, espectador- de la realidad, del campo de lo verdaderamente político -lo posible y lo necesario-. Un nuevo capítulo para golpear el suelo de la patria con el martillo de la división. La instalación de la grieta.

Una mujer pase a su perro este viernes por el centro de la capital. (EFE)
Una mujer pase a su perro este viernes por el centro de la capital. (EFE)

Por debajo de las palabras vacías está lo psicológico, el factor humano. La colisión que estamos sufriendo entre dos perfiles que son confrontativos por naturaleza. Patrones distintos pero igualmente problemáticos. Ayuso, como Sánchez, no concibe el acuerdo como una victoria. Como pasa en gran parte de nuestra generación, ven en la búsqueda del punto medio la expresión de la debilidad y no de la cordura.

En la tercera capa nos encontramos con lo táctico. Sánchez tratando de socializar la culpa desde el verano, desde que precipitó un desconfinamiento que hoy está maltratando la salud y la economía. Sánchez desertando, evadiendo la responsabilidad de quien es presidente del gobierno en un trance espantoso para el país. Sánchez preparando el terreno para no terminar solo en la unidad de políticos quemados por la pandemia.

Y Ayuso trabajando el agravio desde el minuto uno del virus. Ayuso jugueteando desde la misma barbarie que Bolsonaro, lo económico por delante de lo sanitario, este repugnante vaciado de lo que significa cualquier vida humana. Ayuso coqueteando con la torpeza porque el dilema es falso. La economía es comportamiento humano. Y cuando la muerte se extiende, cuando los hospitales se colapsan, el trabajo y las compras sólo pueden detenerse. Ayuso la víctima. Víctima preparando el choque en los tribunales, arrastrando a su partido a dañar al país entero.

Finalmente, la estrategia. El núcleo del caos. Ayuso como Sánchez están actuando contra la necesidad objetiva del país y también contra la demanda social. ¿Por qué? Tiene que haber un motivo muy poderoso para enfrentarse con el estado anímico de la opinión pública, para actuar contra el interés de España, para renunciar al diálogo y a la coordinación que tanta falta hacen para frenar a la enfermedad y para evitar que la economía se detenga.

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¿Dónde está el premio? ¿Dónde está la ganancia estratégica del choque institucional, de la polarización en una situación tan urgente como la actual?

Tiene que haber una razón estratégica. Desde luego, hay muchas horas de trabajo tras este choque coreografiado. Muchas encuestas, muchos datos. Análisis, teorización, estudios comparados, prospectiva. Personas inteligentes en ambos equipos llegando a la misma conclusión. Toc, toc. Hola jefe/jefa, vamos bien, mantén el rumbo y acelera, no hay mejor trayectoria, la colisión te conviene. Sigamos jugando a la carta más alta.

En días tan tristes como el de hoy, uno se pregunta si en el fondo es irrelevante que en los gabinetes haya menos científicos que expertos en redes sociales y personal de comunicación. Si de verdad hemos llegado al punto en el que la búsqueda del interés general ha perdido todo su sentido político. En el fondo, la apuesta de Ayuso y Sánchez es esa.

En días tan tristes como hoy, uno se pregunta si es irrelevante que en los gabinetes haya menos científicos que expertos en redes sociales

Mientras todo parece derrumbarse a nuestro alrededor Ayuso y Sánchez lo están fiando todo a la polarización. Están invirtiendo en tensión porque esperan recibir lealtad electoral. Calculan que podrán cosechar votos en el terreno de una España devastada si inyectan cada día un poco más de odio a los compatriotas que hoy se sienten abandonados, desfondados, asqueados, desorientados o enfadados.

Olvidemos por un momento las cuestiones morales, también la señal de impotencia política que ambos transmiten generando problemas nuevos y agravando las crisis que nos están acosando. Tengamos la humildad y la honestidad intelectual que hace falta para llegar a plantearse la posibilidad de que la apuesta esté bien tirada, por muy siniestra que sea.

Foto: EFE
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Si fuera así, si la gestión y el coraje, si el futuro, si la verdad, si todo lo que hace noble la tarea de hacer política, hubiese desaparecido de lo político; si todo lo anterior hubiese quedado ya fuera de nuestras decisiones de voto y ya sólo respondiésemos a los estímulos de la división y la violencia, Sánchez y Ayuso no serían el problema. El problema estaría dentro del nosotros.

Premiaríamos a quienes peor han gestionado la pandemia, a quienes más nos han dividido cuando más necesidad teníamos de estar unidos. Premio a cambio de un placer tan efímero y pobre como dar rienda suelta a la barbarie interior.

Rabia. Rencor. Inquina. Nuevos ingredientes del derecho al sufragio. Cuando se entra en esa dinámica pasan dos cosas. La primera es que la salida, la vuelta a la sociedad civilizada, se hace mucho más oscura. La segunda es sólo cuestión de tiempo. Siempre hay alguien que dispara mejor y más rápido. Tarde o temprano acaba viniendo alguien más hábil en el manejo de odio. Y cuando llega, ay cuando llega, ese se lo puede llevar todo por delante.

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