España necesita ya un Plan de Vacunación Nacional

La élite de nuestro país, lo mejor de nuestro sector público y de nuestro sector privado tendrían que estar trabajando a tope ya. Sin parar. Sin regatear nada

Foto: Una sanitaria administra la vacuna de la gripe a una mujer en Galicia. (EFE)
Una sanitaria administra la vacuna de la gripe a una mujer en Galicia. (EFE)

Si hay un país en el que la vacuna puede pasar de ser remedio a convertirse en problema, ese país es España. Tenemos todas las papeletas para hacerlo posible.

Si hay un gobierno que puede arrastrar los pies y llegar tarde y precipitadamente al momento determinante, sin haber hecho los deberes, sin habernos preparado, es el gobierno de España. El mismo que perdió el tiempo durante la primera ola y durante la segunda.

Si hay un conjunto de administraciones capaz de desatender y despreciar el conocimiento y el talento de los profesionales, de los expertos, de los científicos, ese conjunto es el conjunto que conforma la arquitectura administrativa de nuestro país.

El anuncio de la vacuna de Pfizer y BioNTech, la primera de las occidentales que vendrán, sitúa a nuestra nación ante un escenario pandémico distinto y frente a un desafío de enorme envergadura.

Un escenario distinto porque con la vacuna entramos en una etapa que no será la última de esta crisis. Ahora tenemos una razón para la esperanza. Pero quedan muchos meses y serán duros. Estamos, por lo tanto, en el momento de marcar el objetivo: vacunar a tantos españoles como se pueda, en el menor tiempo posible, para proteger la salud y activar cuanto antes la economía.

Y estamos ante un desafío enorme por la escala de una prueba que nos exige superar trabas y problemas de carácter ético, político, comunicativo, tecnológico, logístico y operativo. Hagamos un cálculo rápido. Tendremos 30 millones de dosis gracias a la compra llevada a cabo por la UE. Hacen falta 2 inyecciones por persona. Más de 166.000 vacunados al día si la meta es un trimestre. Unos 83.000 diarios para vacunar a uno de cada tres españoles en el primer semestre de 2021.

A día de hoy, nada hay más urgente para España que la elaboración de un Plan de Vacunación Nacional. La élite de nuestro país, lo mejor de nuestro sector público y de nuestro sector privado tendrían que estar trabajando a tope ya. Sin parar. Sin regatear nada. Como mínimo, con tanta atención al milímetro como el que previsiblemente pondrá Moncloa para guionizar y rodar la llegada de las vacunas al aeropuerto con Sánchez a pie de pista.

No. No va a ser fácil estar a la altura del reto, aunque es posible. Seguro que habrá más fricciones que las que señalaré a continuación, probablemente surja algo más grave. Mi propósito no es recopilarlas todas, sino acumular motivos para que España no pierda ni un minuto más.

En el ámbito de la ética hay una cuestión central, nada menos que decidir el orden en el que nos iremos vacunando todos. Alemania ya ha decidido como lo hará, también el Reino Unido. Supongamos que aquí aplicamos cualquier plantilla foránea. El primer grupo prioritario está claro: los más mayores, quienes tienen una situación sanitaria de mayor riesgo y los servidores públicos estratégicos. Vale, pero…

¿Qué hacemos de cara al segundo grupo, cómo actuamos para ser más eficaces teniendo en cuenta las especificidades de nuestro país y conciliando la ciencia, las matemáticas y la ética?

¿Vacunamos antes a los habitantes de las zonas de mayor densidad, a quienes viven hacinados y son más susceptibles de ser contagiados, o vacunamos a todos los trabajadores expuestos al público para activar la economía en verano y ofrecernos al mundo como un destino turístico seguro? Restauración, hostelería y comercio por ejemplo. No es una decisión inocua, tendrá resultados en términos de enfermedad y muerte. Ese es un debate que en un país maduro no puede hacerse de espaldas a la sociedad.

Sigamos por lo político. ¿Debe ser obligatoria la vacunación? ¿Qué tipo de castigo conllevaría negarse? No todos los españoles se mueren de ganas de inyectarse. Es probable que uno de cada cuatro adultos sea escéptico. ¿Contempla el gobierno la necesidad de alguna campaña de concienciación?

Pasemos a la comunicación. ¿Qué ocurre si la vacuna genera efectos secundarios no detectados hasta el momento? ¿Qué pasa si hay alguna muerte? Hace falta un plan de contingencia para eso. ¿Cómo se comunica la vacunación de los ministros cuándo hay tanto rechazo a la clase política y crece tanto la desconfianza?

Continuemos por la administración porque aquí habrá tomate. El Ministerio de Sanidad es una caja de zapatos vacía, no tiene recursos para liderar algo así. Amenaza de caos. Necesidad de consensos en un clima envenenado por la polarización. Tener 17 estrategias y no una para encarar la segunda ola está equivaliendo a sufrir 17 fracasos. ¿Queremos 17 guerras por las vacunas? ¿Mando único? ¿Quién coordina? ¿Se lo encargamos también a Otegui, ahora que es un tipo estupendo?

¿Qué hacemos con las bases de datos para el seguimiento de una vacunación tan masiva que además requiere dos pinchazos con un intervalo de tres semanas? La información está en manos de las comunidades, las administraciones de nuestro país viven todavía en la era analógica. ¿Cuánto tiempo vamos a perder elaborando un listado nacional? ¿Cómo conectar con los que no tienen acceso a la red ni teléfono móvil? ¿A quién hay que llamar si hay algún problema?

Vamos con lo logístico. Las vacunas tienen que ser conservadas a 75 grados bajo cero. Hacen falta congeladores a mansalva. No solo para el almacenamiento que es lo más fácil, también para el transporte. También para llegar hasta el último pueblo de la España vacía sin violar el principio de igualdad que nos reúne a todos los españoles.

Y además de lo grande, lo que parece pequeño y nos recuerda una mala experiencia: la compra española de material sanitario. Solo para empezar hacen falta 30 millones de jeringuillas como mínimo. ¿Estamos ya en ello o nos van a timar de nuevo en China?

Y vamos culminando con lo operativo. ¿Dónde se van a llevar a cabo las vacunaciones? ¿Son los centros sanitarios el lugar más adecuado? En Inglaterra están estudiando la posibilidad de recurrir a los campos de fútbol y a los grandes edificios públicos. ¿Quién lleva a cabo las inyecciones cuando andamos tan cortos de personal sanitario y los hospitales necesitan hasta el último médico y el último enfermero disponible?

Supongamos que se llega a la conclusión de que movilizar al ejército es lo más sensato. Hay razones para sostenerlo. ¿Con qué ojos vería Urkullu un centro de vacunación del ejército en la plaza de Hernani? ¿Y Rufián en la Diagonal? El riesgo del partidismo existe. No parece disparatado que unos y otros se enzarcen: "Madrid nos roba las vacunas", "Sánchez margina a los madrileños sin vacunas"…

No. No hay tiempo que perder. Y no hay nada más dañino que la política divisiva, confrontativa, que viene marcando la actualidad española desde hace seis años. Este es uno de los problemas, quizá el principal que conlleva tener a Sánchez al frente del gobierno. No es fácil unir a un país cuando tu manera de llegar al poder y de mantenerte empieza y termina en el ejercicio de la división. No es fácil levantar acciones y proyectos de gran calado cuando en realidad uno es tan pequeño que quiere el poder y no quiere la política.

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