El Madrid de Ayuso se parece a Magaluf
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Pablo Pombo

Crónicas desde el frente viral

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El Madrid de Ayuso se parece a Magaluf

Lo que separa a Merkel de Trump o de Bolsonaro, la distancia entre los valores liberales y los iliberales, es lo que acerca a Ayuso y Abascal

placeholder Foto: Turistas en Madrid. (EFE)
Turistas en Madrid. (EFE)

La derecha española es distinta a la europea. Y la derecha madrileña es diferente de las otras dos. Y esa doble distancia se agranda cada vez más. Tiene sentido: Madrid se parece cada vez menos a España.

Aquí, sin justificación alguna, estamos abocados a unas urnas con campaña de casquería garantizada. Fea porque la polarización es grosera por naturaleza. Y triste porque la realidad no permeará un debate público que ya no existe. Vivimos con la vida pública en suspenso, con las preocupaciones desatendidas, las demandas olvidadas y las aspiraciones sepultadas.

El futuro ha desaparecido de los atriles. El pasado se ha convertido en materia de contienda. Y el presente es poco más que una procesión de fingidas polémicas efímeras que no tienen más propósito que la confrontación, ni más utilidad que la de evidenciar la vacuidad en medio de un periodo de máxima dificultad.

Foto: Ayuso e Iglesias en 'La Tuerka' en 2012.

Hay confinamiento en Milán y en Berlín, en Londres y en París. Sin embargo, la conversación madrileña parece girar en torno a las borracheras de los jóvenes extranjeros que aterrizan en Barajas sedientos de una libertad pobremente asociada a la fiesta y al alcohol.

Por un lado, resulta curioso esto de pedir el pasaporte a los vómitos en las esquinas de Malasaña, como si lo trascendente no estuviese donde está: en la relación de las barras de los bares con la expansión del covid. Por el otro, todo esto deja en el aire cierta impresión degradante.

En realidad, nuestra sociedad ya había optado por degradarse antes. En algún punto de esta larga travesía pandémica, creo que con la llegada de la tercera ola, decidimos normalizar la calculadora vírica de la muerte. Nos rendimos. Renunciamos a defender hasta las últimas consecuencias lo que no puede cuantificarse: el valor de la vida humana. Preferimos sacrificar hijos, hermanos y padres a cambio de un simulacro de realidad y de una salvación irreal de la economía.

La camarera que necesita el dinero para sobrevivir no tiene libertad, ella tiene que ir al curro sí o sí. Libertad tiene el cliente

Por este camino, perderemos el bolsillo junto a la salud y Ayuso ganará unas elecciones que en el fondo están planteadas como un plebiscito a su gestión del covid en este territorio manchego de pocos rascacielos, mucho pequeño comercio, mogollón de garitos y una infinidad de falsos autónomos, esto es, de precarios de verdad.

Cualquiera puede entender el estado de necesidad de quien depende de que su trabajo abra mañana para poder llevar comida a casa. Lo que cuesta aceptar es que se manipule la palabra “libertad” para vendernos lo que en la práctica es darwinismo social.

La camarera que necesita el dinero para sobrevivir no tiene libertad, ella tiene que ir al curro sí o sí. Libertad tiene el cliente. Clientes que ya no dejan propina mientras la izquierda se come entera la trampa discursiva con factura electoral. A por uvas. Eso sí, siempre en guardia para fardar de superioridad moral.

placeholder La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

Simultáneamente, en el campo real de lo moral, llama la atención la contradicción de los líderes políticos españoles que se oponen fieramente al aborto o a la eutanasia y abogan frívolamente por no ser tan prudentes como hace falta frente a la enfermedad. Esa paradoja no existe en ningún otro partido conservador europeo. Solo en el PP.

La contundencia, la claridad en el mensaje y la asunción del coste político de Merkel se explican desde el armazón ideológico y hasta espiritual que sostiene a la democracia cristiana de nuestro continente. Su firme creencia en el valor sagrado de la vida humana explica su resistencia a las presiones económicas y marca una diferencia esencial con los partidos populistas con tinte de derechas.

Lo que separa a Merkel de Trump o de Bolsonaro, la distancia entre los valores liberales y los iliberales, es lo que acerca a Ayuso y Abascal. Por eso esta versión madrileña del PP le ha robado a Vox la tostada del 4-M. Eso sí, a cambio de retirar los fundamentos morales del Partido Popular. Cosas que pasan, supongo.

Supongo que habrá presiones económicas en todos los demás países que cuentan menor número de fallecidos y menos daño económico que nosotros. Supongo que habrá restaurantes en Francia, tiendas en Italia y taxis en Inglaterra. Y ya, puestos a dibujar escenarios, me atrevo a pensar que alguna medida habrán tomado para proteger a esa gente del estado de necesidad.

Supongo que los científicos alemanes no se han vuelto locos al afirmar que esta ola que se está levantando puede ser peor que las demás y que debemos hacer todo lo posible para reducir los contactos sociales y evitar una espiral infecciosa.

Y, naturalmente, doy por hecho que Ayuso y Sánchez no se atreverían jamás a convertir algo tan grave como la necesidad de aplicar restricciones en un pulso electoral.

¿Por qué la derecha de esta región es incapaz de ofrecer a los madrileños un modelo económico que no esté basado en la precariedad?

Tal y como está todo, lo mejor que puede pasarnos es lo menos probable. Ojalá se equivoquen los científicos y los gobiernos de nuestros países vecinos. Ojalá no tengamos que atender lo urgente y podamos preguntarnos sobre lo importante…

¿Por qué la derecha de esta región es incapaz de ofrecer a los madrileños un modelo económico que no esté basado en la precariedad?

¿Por qué nuestra región ni siquiera entró en la competición para atraer empresas de la 'city' londinense cuando comenzó el Brexit?

¿Por qué la película de Ayuso convertida en la Juana de Arco de la hostelería tiene la misma música que aquel EuroVegas que quiso colocarnos Esperanza Aguirre de la mano de Sheldon Adelson?

Foto: William Cárdenas, abogado de la diáspora venezolana. (EC)

Puede que el motivo no responda a una razón ideológica. A fin de cuentas, hay partidos de derecha gobernando que están modernizando el tejido productivo y generando modelos productivos de mayor valor añadido.

Es posible que la explicación sea más sencilla. La derecha europea es distinta al PP, el PP nacional no se parece al de Madrid, pero Ayuso –como Esperanza Aguirre- sí que puede tener algo que tenemos los madrileños. Nunca fuimos un motor económico industrial. Apenas hemos tenido burguesía. Este es un poblachón de funcionarios acostumbrado a los pelotazos. Unos van al bolsillo, otros vienen de la barra. Barras como las de Magaluf, barras como las de Ponzano. Hay para todos

La derecha española es distinta a la europea. Y la derecha madrileña es diferente de las otras dos. Y esa doble distancia se agranda cada vez más. Tiene sentido: Madrid se parece cada vez menos a España.

Partido Popular (PP) Bares Malasaña Esperanza Aguirre