La que se avecina: crisis de gobierno, moción de censura, y debate 'fake' del estado de la nación
  1. España
  2. Crónicas desde el frente viral
Pablo Pombo

Crónicas desde el frente viral

Por

La que se avecina: crisis de gobierno, moción de censura, y debate 'fake' del estado de la nación

Con una mano ofrecerá flores a los nacionalistas y con la otra azuzará la polarización para prenderle fuego al terreno del entendimiento entre las fuerzas centrales del sistema de partidos

placeholder Foto: Pedro Sánchez. (Reuters)
Pedro Sánchez. (Reuters)

Pobres corresponsales extranjeros, no deben entender nada. Esperan un verano que parece empeñado en no llegar. Se estresan ante la intensa agenda política de la semana que viene, mientras los autóctonos seguimos con nuestros quehaceres cada vez más indiferentes hacia la política. Se habla en los mentideros de la posible crisis de gobierno, de la probable moción de censura de Vox; se discute sobre el debate parlamentario del próximo día 30. Todo esto y más puede ocurrir prácticamente ya, se avecina, pero la gente como si nada. Y con razón, ese es el secreto. Aquí siempre pasa mucho y nunca sucede nada.

Nuestro país está instalado en un tiempo de terremotos que siempre acaban como terminan los espejismos, sin dejar ninguna huella de cambio. Tan es así, que hasta resulta más fácil predecir la España de los próximos diez años que la de los próximos diez días. Prueba de que estamos perdiendo el tiempo.

Puede haber crisis de gobierno —y podría ser inminente— porque el gobierno está fundido y el día después de la pandemia asoma en el horizonte, porque la salida de Iglesias ha alterado el equilibrio de poderes en la coalición y Podemos ha hecho su transición en el partido pero no en las instituciones, porque una catarata de crisis sectoriales ha ido apagando a numerosos ministros y la imagen de Sánchez se está deteriorando a ojos vistas. Por todo eso y por más.

La apelación a la tabla rasa, la llamada a una nueva etapa, el cuento de la reinvención

También porque ningún movimiento del gobierno alcanza a salir de la zona de sombra provocada por los indultos, porque la casi unánime sumisión de la dirigencia socialista no es capaz de borrar la mancha que le ha salido en el alma a los votantes de ese partido que no comulgan con el nacionalismo y aprecian la constitución. La cuestión es que si hay crisis, qué más da… Pasará mucho y nada sucederá.

Nada porque el cambio sería un Draghi y no otro miembro del PCE. No un refresco en el reparto. La esencia será igual porque en este gobierno solo cabe un actor respaldado por una mayoría contraria al interés de nuestra democracia. Lo que eligió es lo que no desea perder. Frankenstein. Da igual el precio, no hay más. Todo igual.

Otra vez el mismo juego de manos que ya hemos visto cada vez que Sánchez ha cometido una barbaridad y ve su imagen en peligro. La apelación a la tabla rasa, la llamada a una nueva etapa, el cuento de la reinvención. Pedro deja de ser Pedro y se convierte en Pedro. Hasta ahora le ha funcionado, la diferencia está en que ahora la condena social parece más escrita aunque veremos.

Pasar página. Extirpar los hechos de la inteligencia colectiva en tiempo real. Cambiar la conversación. Sepultar el pago a los separatistas con un torrente de análisis entusiastas vertidos desde los medios de comunicación coaccionados —como todas las empresas— con el dinero de todos. Sánchez es el presidente que más poder mediático ha tenido en la historia de nuestra democracia porque es el que menos escrúpulos está teniendo para emplear el poder como herramienta de intimidación.

Sánchez hablará de futuro mientras los indultos nos acercan más a la casilla de salida del 'procés'. Y hablará también de concordia, claro

Tinta de calamar. Por ahí irá también, seguramente, la cita del 30 en el parlamento. Planteado como un falso debate sobre el estado de la nación que permita a Sánchez juntarlo todo —las vacunas, la ayuda europea, los guiños sociales— para no tratar a fondo ninguno de los problemas del país y ocultar la urgente necesidad de plantear, debatir y acordar reformas.

Sánchez hablará de futuro mientras los indultos nos acercan más a la casilla de salida del 'procés'. Y hablará también de concordia, claro. Con una mano ofrecerá flores a los nacionalistas y con la otra azuzará la polarización para prenderle fuego al terreno del entendimiento entre las fuerzas centrales del sistema de partidos. Buscará pelea con Casado, querrá asociarle a la extrema derecha mientras gobierna con la extrema izquierda, buscará el choque para que todo siga igual.

Piensa que tiene que contragolpear porque sabe que el 4 de mayo inició un ciclo en la opinión pública que debe frenar. Y puede que le salga bien. Primero porque las cosas van cada vez más deprisa y los ciclos son cada vez más cortos. Y segundo porque, para debilitar al PP, Moncloa cuenta con un aliado con fidelidad a prueba de bombas. Vox.

Existen sentimientos de traición, humillación y enfado entre quienes se sienten españoles, algo que es bastante transversal

Desde las elecciones madrileñas, la formación de Abascal está sufriendo el final de algo que experimentan todos los nuevos partidos políticos, el agotamiento del efecto novedad, el apagamiento del halo. Sucede, sin embargo, que hablamos de una opción populista que, como todas, necesita el malestar social para poder respirar. Ahora lo hay.

Existen fuertes sentimientos de traición, humillación y enfado entre quienes se sienten españoles, algo que es bastante transversal. Los indultos de la concordia no han reconducido a los independentistas, pero han reabierto el mercado electoral de la extrema derecha. Por lo tanto, se dan todas las condiciones necesarias para que Vox calque la moción de censura que llevó a cabo el año pasado. Y, como ocurrió la otra vez, el movimiento vuelve a estar bien tirado.

No para que caiga gobierno, sino para estresar las contradicciones internas de Casado que es su competidor real, para que baje unos puntos en las encuestas. Contra Sánchez viven mejor. No para debilitar a Frankenstein, sino para regalarle la capa de pegamento que ofrece la extrema derecha al otro lado del espectro político. Parecerá tras el anuncio que puede pasar mucho, pero, a la larga, nada se alterará.

Es una campaña de comunicación con un resultado enteramente predecible en términos de país

Al fin y al cabo, la posible moción de censura vóxica no está diseñada como un movimiento político capaz de transformar la realidad. Es una campaña de comunicación con un resultado enteramente predecible en términos de país.

Quizá no pase nada y poco importa. La realidad es que el tiempo se nos está disociando a los españoles. El eterno retorno político, improductivo, violento y yermo de un mínimo de altura, se nos separa cada mañana más y más del día a día. Cuando eso ocurre, cuando se nos desacompasan los ritmos de lo común y lo privado, la democracia siempre termina sufriendo. Y eso es algo que sí puede terminar pasándonos.

Censura Pandemia Nacionalismo Partido Popular (PP)