Bildu avanza con fuerza hacia la hegemonía en el País Vasco
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Pablo Pombo

Crónicas desde el frente viral

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Bildu avanza con fuerza hacia la hegemonía en el País Vasco

La pregunta ya no está en el qué sino en el cuándo. No está en si habrá alguna vez un lendakari de Bildu, sino en cuánto tiempo

Foto: El secretario general de EH Bildu. (EFE)
El secretario general de EH Bildu. (EFE)
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La pregunta ya no está en el qué sino en el cuándo. No está en si habrá alguna vez un lendakari de Bildu, sino en cuánto falta. La perspectiva histórica, los números y lo que está ocurriendo durante esta legislatura nos llevan a pensar en que podría no quedar mucho. Es probable que lo veamos en esta misma década.

Supongo que los jerarcas del PNV deben estar lamentando, un día sí y otro también, aquel voto suyo en la moción de censura que terminó de aupar a Sánchez. Una abstención les bastaba para seguir exprimiendo a Rajoy, como acababan de hacer dos días antes, cuando sacaron aquellos 5.000 millones en los Presupuestos. Sin embargo, no lo hicieron y el resultado de aquella operación se está revelando catastrófica para sus propios intereses.

Desde luego en Madrid, donde la evolución de los acontecimientos les ha terminado dejando sin autonomía estratégica. Ya no pueden cambiar de coche y complementar al PP porque Vox surgió al calor del rechazo conservador al sanchismo. De cara al futuro, la única opción abierta para los de Urkullu consiste en apoyar al PSOE. Ya no tienen alternativa, se han quedado sin volante y sin marcha atrás.

Foto: El coordinador de EH Bildu, Arnaldo Otegi. (EFE) Opinión

Pero el fiasco para el PNV también se está evidenciando en su propio territorio. Ahora, ya tienen un rival capaz de plantarles cara en su propio terreno. La funcionalidad básica del PNV, su capacidad acreditada de conseguir cosas en Madrid, ha dejado de ser exclusiva. Otegi también puede, ahí le tenéis.

Bildu está mimetizando ante el PNV la misma estrategia que ERC sigue aplicando frente a la vieja Convergencia. Busca liquidar al partido nacionalista tradicional por la vía del hacer y del ser: competir en el campo de la utilidad política y reflejar mayor pureza y contundencia en el campo de la reivindicación identitaria. Así es como se los están comiendo por los pies.

Contado de otro modo, la formación política que surgió para gestionar la herencia de ETA tiene varios adversarios de referencia —el PP, Vox, Madrid…— y sabe comunicar bien. Pero solo contempla un rival real: el PNV. Ese el sorpaso que busca Bildu y está en condiciones objetivas de conseguirlo a medio plazo.

¿Qué motivos nos llevan a apuntar que Bildu está avanzando con fuerza hacia la hegemonía en el País Vasco?

Podrá hacerlo en las próximas elecciones municipales, después de que las urnas de 2019 les dejasen a una distancia de apenas 127 concejales. No es un listón que les resulte inasequible.

Es cierto que los de Bildu terminarán obteniendo menos alcaldes que el PNV porque estos podrán hacer cuentas con más fuerzas políticas. Pero también es verdad que si algo demuestra la historia política española es que las hegemonías se construyen siempre desde los ayuntamientos.

¿Qué motivos nos llevan a apuntar que Bildu está avanzando con fuerza hacia la hegemonía en el País Vasco?

Primero, la historia. Pongámonos las gafas de mirar lejos para apreciar la dimensión completa de la competición en el interior del nacionalismo vasco. Recrudecida. En 2001, Otegui obtuvo bajo el cartel electoral de EH un 10% de votos y 7 escaños en el País Vasco. El año pasado un 27,8 y 21 asientos.

Foto: El presidente del PNV, Andoni Ortuzar. (EFE)

Segundo, la geografía. El PNV y Bildu ya pesan prácticamente lo mismo en Navarra: dos escaños y menos de 10.000 votos de distancia. La diferencia está en que los primeros no se presentan con su propia marca sino dentro de una coalición —Geroa Bai— mientras que los segundos emiten con sus mismas siglas. Y la distinción, en términos de poder, se encuentra en que los de Otegui también están reproduciendo en esa comunidad la misma estrategia que ERC en Madrid. La abstención decisiva que quita y da gobiernos.

Tercero, la sociología. Pongamos las imágenes en movimiento para anticipar lo que viene. En las últimas elecciones autonómicas vascas, Bildu fue la primera fuerza política en todos los tramos de edad menores de 45. La brecha generacional es eso, una bomba de tiempo electoral bajo la sede del PNV.

Y cuarto, la política. La evolución de los acontecimientos recientes refleja que el sanchismo está colaborando con Bildu para que vaya haciendo con el PNV lo que ERC ya tiene bastante hecho con la vieja Convergencia.

En lo formal, esa colaboración se aprecia en la normalización de Bildu como interlocutor que a más de uno puede parecerla pasmosa viniendo de donde venimos. Eso que también puede llamarse blanqueamiento.

Foto: Andoni Ortuzar (i) y Josu Jon Imaz (c). (EFE)

Y en lo material, en lo de fondo, esa cooperación con Bildu viene demostrándose con el abandono de la competición por el relato, la compra constante del lenguaje, y el apagado masivo de la memoria que con tanta claridad puede apreciarse durante estos días.

En menos de una generación, la victoria operativa frente al terrorismo está haciendo cada vez más viable una victoria política de los albaceas de los terroristas.

Más allá de las consideraciones morales, parece claro que esa victoria es una condición de necesidad para que pueda cristalizar aquello que Pablo Iglesias denominó "bloque histórico".

La pregunta ya no está en el qué sino en el cuándo. No está en si veremos un lendakari de Bildu, sino en cuánto falta

El doble cambio en el liderazgo del nacionalismo vasco y catalán garantizaría una mayoría progresista, sostenible durante años, en la que el gobierno del estado siempre depende de Podemos y del nacionalismo de extrema izquierda.

La próxima etapa de esa hoja de ruta contempla que Sánchez conserve una mayoría parlamentaria, eso es obvio. Pero no porque el PSOE crezca, sino porque Podemos aguante tras su proceso de reciclado, y porque el nacionalismo de extrema izquierda siga fortaleciéndose.

La pregunta ya no está en el qué sino en el cuándo. No está en si veremos un Lehendakari de Bildu, sino en cuánto falta. Queda poco. Mientras esto llega, el enigma aguarda en otro sitio. Ya para después. ¿Terminaremos viendo a los socialistas vascos votando a favor de la investidura de un Lehendakari de Bildu? Por el camino en que vamos, parece una cuestión de tiempo. Una década más. A lo mejor termina siendo bueno. Yo tengo mis dudas.

La pregunta ya no está en el qué sino en el cuándo. No está en si habrá alguna vez un lendakari de Bildu, sino en cuánto falta. La perspectiva histórica, los números y lo que está ocurriendo durante esta legislatura nos llevan a pensar en que podría no quedar mucho. Es probable que lo veamos en esta misma década.

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