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Lo mejor para el PSOE es que Sánchez no sea candidato
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Pablo Pombo

Crónicas desde el frente viral

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Lo mejor para el PSOE es que Sánchez no sea candidato

Las circunstancias están llevando al secretario general socialista a ser una garantía de derrota electoral tanto en las generales como en las autonómicas

Foto: Pedro Sánchez. (EFE/Kiko Huesca)
Pedro Sánchez. (EFE/Kiko Huesca)
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Sobre el papel no hay dudas: los designados para la dirección socialista son objetivamente mejores que los cesados. Lo natural sería que su desempeño sirviese para hacer más plausible la remontada del PSOE. Sin embargo, será difícil que esto se produzca. ¿Por qué? Por la propia naturaleza política del sanchismo. Esa palabra tan utilizada y que todavía no ha sido definida en el diccionario de vida pública…

Nadie puede sostener que el sanchismo es una corriente ideológica. Tampoco un proyecto de país, algo comprable a lo que en su día ofrecieron Felipe González —democracia y modernidad— o Zapatero —libertad e igualdad—.

No es una manera de entender la política, ni un estilo, ni siquiera es una cultura de poder. El sanchismo es, sencillamente, una forma de buscar y ejercer el poder que empieza y termina en una sola persona. No hay más.

Lágrimas sobre la leche derramada porque ya es tarde para casi todo

Ese es su significado y, en el comité federal que hoy se celebra, podrá apreciarse todo su sentido. No será otro más, sin mucho debate y sin demasiado interés. Será el menos vivo de cuantos se han celebrado hasta el momento.

Puede que, a lo largo del encuentro, algún representante socialista se entretenga preguntándose lo que podría haber pasado si la rectificación de hoy hubiese ocurrido justo después de las primarias —cuando más falta hacía unir—, en lugar de a estas alturas —cuando el tema va simplemente de sobrevivir—.

Lágrimas sobre la leche derramada porque ya es tarde para casi todo. Las cosas se han hecho tan mal durante tanto tiempo que hasta resulta ingenuo pensar que los problemas están en el mensaje o en el relato, en los portavoces o en el equipo. La adversidad que están sufriendo los socialistas es más seria que todo eso, es una crisis de producto.

Y el producto sanchista no está en las siglas, ni el equipo, ni en la oferta política, porque solo tiene un ingrediente. Es enteramente personal y ahí, exactamente ahí, es donde se ha roto algo tan difícil de reparar como la confianza.

No es el equipo lo que falla, es la ficha central la que está tirando hacia abajo de todo lo demás (marca incluida)

Según el último barómetro del CIS, casi cuatro de cada 10 personas que votaron al PSOE en las últimas generales confían poco o nada en Sánchez.

Según el estudio del CIS posterior al debate sobre el estado de la nación, casi cuatro de cada 10 votantes socialistas piensan que transmitió poca o ninguna confianza de cara al futuro económico del país, poca o ninguna impresión de fortaleza en el Gobierno de España; prácticamente tres de cada 10 consideran que ni siquiera fue realista.

Cuando los números son así de rocosos, ya puedes fichar a los mejores guionistas y a los mejores actores, y ya puedes renovarlo todo todas las semanas añadiendo expertos en efectos artificiales, porque al final te va a dar completamente igual.

No es el equipo lo que falla, es la ficha central la que está tirando hacia abajo de todo lo demás —marca incluida—. Por eso, renovar las piezas secundarias es como cambiar los muebles de sitio mientras la casa arde por los cuatro costados, lo mismo que variar la guarnición cuando la carne huele mal porque está pasada. Una maniobra de para ganar tiempo si usamos las gafas de ver de cerca, una pena para el país si nos ponemos las de lejos.

La situación demanda algo mucho mejor de lo que ha habido hasta el momento

El curso que viene no va a ser más agradable que los últimos, muchas familias españolas van a pasarlo verdaderamente mal. Todo parece indicar que habrá que tomar medidas duras, algunas sin precedentes. Y la propaganda, los anuncios semanales de nuevas y sonoras medidas no van a mitigar el impacto de la realidad.

La situación demanda algo mucho mejor de lo que ha habido hasta el momento. Toca subir de nivel. El secretario general socialista ha logrado importantes victorias —algunas con mucho mérito— y se ha cobrado todo tipo de piezas, sin embargo, no ha prestado todavía su mejor servicio a España.

Lo mejor que puede hacer Sánchez por nuestro país, por el PSOE y por sí mismo es gobernar con autonomía política, proteger a quienes más se esfuerzan y evitar que nuestra sociedad vuelva a salir más golpeada que todas las demás.

Podría haber algo de autoenmienda en esta pequeña reconfiguración del Partido Socialista, una especie de reconocimiento del tiempo perdido.

La verdadera altura política del presidente se demostrará en los próximos pasos

Pero esa posible rectificación quedará en nada si la lógica del enemigo sigue primando sobre la del adversario político. No hace falta mucho talento para dividir a la sociedad entre buenos y malos.

A veces, hasta te daña porque puede surgirte un tipo como Feijóo, más maduro y sobre todo más escurridizo, que no te acepte el duelo a navaja y te deje solo en el 'ring' peleándote con el aire. Eso es exactamente lo que está pasando.

La verdadera altura política del presidente se demostrará en los próximos pasos. Es perentoria una crisis de gobierno en septiembre, una alineación más compacta y más capaz. También más patriótica en la tarea, porque los españoles no podemos permitirnos el lujo de seguir bajo un Ejecutivo partido, descoordinado y empeñado en sabotearse.

Es verdad que Podemos ha crecido en lealtad de voto desde que esgrime una posición más exigente frente al PSOE. Pero no podrán asumir el coste de quebrar un Gobierno que quiera salvar a los españoles de la ruina. Y si, a pesar de todo, persisten, pues habrá que ir hasta el final, porque el país va antes del partido y el partido por delante del candidato. Ir verdaderamente a por todas es ir a por todos los grandes acuerdos posibles. Lo demás será hojarasca.

La imagen que legará a la historia y la herencia que transmitirá al socialismo están latiendo dentro de un dilema

Las circunstancias están llevando al secretario general socialista a ser una garantía de derrota electoral tanto en las generales como en las autonómicas y generales. Pero la partida grande no es electoral.

La imagen que legará a la historia y la herencia que transmitirá al socialismo están latiendo dentro de un dilema. Sánchez, para hacer lo que debe hacer, debería renunciar al sanchismo: desentenderse del poder, hacerse cargo de su responsabilidad política y entregar el relevo partidario antes de la línea de meta. Ahí está la paradoja y, sobre todo, el sendero para el bien de España.

Sobre el papel no hay dudas: los designados para la dirección socialista son objetivamente mejores que los cesados. Lo natural sería que su desempeño sirviese para hacer más plausible la remontada del PSOE. Sin embargo, será difícil que esto se produzca. ¿Por qué? Por la propia naturaleza política del sanchismo. Esa palabra tan utilizada y que todavía no ha sido definida en el diccionario de vida pública…

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