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La cesta de la compra y Yolanda Díaz: del electoralismo al comunismo cuqui
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Pablo Pombo

Crónicas desde el frente viral

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La cesta de la compra y Yolanda Díaz: del electoralismo al comunismo cuqui

Pocos días han bastado para que la vicepresidenta se sitúe en el primer plano de la atención pública y, encima, para que la primera cadena grande de supermercados mueva ficha

Foto: La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. (EFE/Luis Tejido)
La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. (EFE/Luis Tejido)
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En la primera parte del texto trataré de argumentar por qué Yolanda Díaz ha acertado en términos estrictamente electoralistas. En la segunda abordaré la cuestión en clave sistémica, de país.

Comenzamos por el politiqueo. La candidata de la izquierda de la izquierda ha dado en el clavo. Tiene motivos para estar satisfecha. Este es el primer acierto completo en su estrategia de promoción personal, la primera muestra real de liderazgo social.

Foto: La ministra de Política Territorial y portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez (c); la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz (i), y la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto De

Cualquiera que tenga ojos en la cara podrá ver que le ha robado la cartera a Moncloa. La publicidad estática "El gobierno de la gente" ha quedado prontamente desbordada por una campaña de propaganda bien trabajada que no es fruto de la causalidad.

Yolanda Díaz supo detectar una preocupación bastante extendida en el cuerpo social y desatendida por el resto de actores partidarios. El impacto de la inflación en la nevera, tan presente en la vida de tantos padres, era una ausencia clamorosa en el debate público.

Después del hallazgo, de haber encontrado una causa amplia y de plena actualidad, aplicó el principio de iniciativa con toda la audacia posible. Se saltó a sus compañeros de Podemos, boicoteó a sus colegas en el consejo de ministros e ignoró que el asunto no pertenece a sus competencias. Levantó la bandera sin lealtades ni remilgos.

Supo detectar una preocupación bastante extendida en el cuerpo social y desatendida por el resto de actores partidarios

A continuación, también sin encomendarse a nadie, comenzó a aplicar su agenda y a comunicar. Como consecuencia ha tenido a todo el gobierno girando a su alrededor. Los de Podemos no han podido ocultar su incomodidad. Y los socialistas han ido todo el rato del ronzal, entre el malestar y el enfado, siempre por detrás de los acontecimientos.

Pocos días han bastado para que Yolanda Díaz se sitúe en el primer plano de la atención pública y, encima, para que la primera cadena grande de supermercados mueva ficha. Habrá más, con toda seguridad. Y mañana reunión con distribuidoras. Trabajar con método y calendario sirve para obtener resultados.

La muerte de Isabel II generó un cambio en el ciclo informativo que perjudica a la ministra de trabajo y permite a la competencia partidaria recuperar algo de terreno. En el estado actual de las cosas, topar a Yolanda tendría que ser prioritario en Moncloa.

Foto: Yolanda Díaz. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)

Podrán hacerlo si dejan de comentar la jugada que ella está aplicando y saltan al campo situando a alguien con más peso político al frente de la cuestión. Si no hay contragolpe socialista, la de Sumar empezará a sumar de verdad porque la cesta de la compra es un problema de largo recorrido y alta trascendencia en la vida de los sectores tradicionalmente más propicios para la izquierda.

Los puristas, quienes tienen sentido institucional, argumentarán que el asunto es serio y que las cosas no se hacen como las hace Yolanda. Tienen razón. Pero no motivos para la sorpresa. El desprecio a las reglas del juego político democrático es una constante desde la llegada de Sánchez al poder. Esto es un poco más de deterioro, nada más (y nada menos).

Los creadores de opinión más atentos, dirán que cada día viene diciendo una cosa, que empezó hablando de topar los precios y que ahora se está haciendo fotografías con los grandes empresarios. Nadie podrá decirles que se equivocan. Pero la verdad es ya menos valiosa que el relato. Y aquí lo comunicativamente esencial es que los tertulianos hablen de Yolanda y el público la perciba como abanderada de los carritos del supermercado.

Foto: La vicepresidenta de Trabajo, Yolanda Díaz, y el ministro de Consumo, Alberto Garzón. (EFE/Rodrigo Jiménez)

Los progresistas, que tanto lamentan los enfrentamientos en el seno de las izquierdas, sostendrán que Díaz se equivoca al comportarse como una bala perdida. Es verdad que las deslealtades no son buenas, que la división siempre desemboca en la desmovilización. También es cierto que la lealtad no ha existido nunca dentro de la coalición. Esta es otra zancadilla entre rojos y morados mientras hay incertidumbre y sufrimiento en la población. Otra más (nada menos).

Los conservadores, que tanto insisten en las improvisaciones y en la falta de rigor y seriedad del gobierno, aprovecharán la ocasión para indicarle a Sánchez que la solvencia de un presidente se compromete cuando desconoce y no controla a su vicepresidenta. Por ahí lo tienen fácil.

Lo difícil es leer el cambio de paradigma propiciado por el sumatorio de crisis que atravesamos. Estamos viviendo un tiempo sin precedentes y lo normal —lo imprescindible— es que el poder político tenga que tomar medidas sin precedentes. Esa y no otra es la cuestión mollar para nuestro país.

Estamos viviendo un tiempo sin precedentes y lo normal es que el poder político tenga que tomar medidas sin precedentes

El estado no puede ser ajeno a lo que está ocurriendo. Los adversarios de la democracia liberal —que son parásitos de la adversidad— saben que tienen ahora la oportunidad de reventar las bases mismas del sistema. Quieren un estado intervencionista que vuele por los aires la seguridad jurídica, esto es, la estabilidad de las reglas económicas y la garantía de que el campo no está inclinado.

La lógica de estos líderes sigue el mismo patrón: instalar un estado incontrolable para que nadie les pueda controlar a ellos. Sin embargo, han mejorado en comunicación. El diablo se viste ahora de Zara, publica mensajes en redes sociales que parecen de autoayuda y empatiza mogollón. Por esa zona se mueve Yolanda, emperatriz del comunismo cuqui que los obreros no entienden, pero tiene miles de corazoncitos en Instagram.

Mientras esto ocurre, los partidos centrales —los partidarios de la democracia liberal— afrontan el racimo de crisis de 2022 sin comprender que las anteojeras ideológicas podrían ser un lastre del pasado. Quizá merezca la pena plantearse si el eje izquierda-derecha es más útil para afrontar el horizonte que la necesidad de acordar cuál debe ser el papel del estado en una situación nunca antes vivida. Marcar, por ejemplo, la diferencia entre "estado activo" y "estado intervencionista".

Foto: Yolanda Díaz y Luis Planas, en el Congreso. (EFE/Mariscal)

Los viejos estereotipos pueden dejarte pronto en mal lugar. El PP critica el tope del gas, pero Von der Leyen lo defiende. El PSOE sostiene que no pueden bajarse los impuestos, pero Scholz los baja. Y así todo.

Y mientras esto pasa, los padres van más al supermercado, pero eligen menos, se compran menos productos frescos y más precocinados. El pescado y la fruta está desapareciendo en la dieta de muchos hogares. Nadie duda de que la alimentación condiciona la salud de cualquier población y determina la vida de los niños. ¿Debe el Estado ser pasivo, ajeno a lo que está pasando? Yo creo que no.

Foto: El ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas. (EFE/Hernández)

Creo que es necesario un "estado activo" y no un "estado intervencionista". Creo que las ayudas directas a los sectores más vulnerables pueden ser eficaces. Y creo que el "estado intervencionista" no daña a las grandes empresas sin devastar antes a los productores pequeños y al pequeño comercio.

Reventar la libertad de mercado puede afectar a la calidad y a la cantidad de comida que viene a la mesa, puede hasta provocar la escasez. Una campaña de marketing político, de promoción personal de una líder sin partido, no debería traernos una factura tan indeseable. Claro que hay que hacer algo, pero así no.

En la primera parte del texto trataré de argumentar por qué Yolanda Díaz ha acertado en términos estrictamente electoralistas. En la segunda abordaré la cuestión en clave sistémica, de país.

Yolanda Díaz
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