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Macarena Olona y la perturbación conservadora
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Pablo Pombo

Crónicas desde el frente viral

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Macarena Olona y la perturbación conservadora

A día de hoy, son solo tres los posibles caminos que permitirían a la derecha alcanzar el Gobierno en las próximas generales. Y ninguno pasa por la fragmentación electoral con la que ella viene jugueteando

Foto: Macarena Olona. (EFE/Jorge Zapata)
Macarena Olona. (EFE/Jorge Zapata)
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Supongo que los votantes conservadores más avispados deben andar fumando en pipa con lo de Olona. No hace falta hacer muchos números para llegar a la conclusión de que sus movimientos están beneficiando al adversario más que perjudicándole.

A día de hoy, son solo tres los posibles caminos que permitirían a la derecha alcanzar el Gobierno en las próximas elecciones generales. Y ninguno pasa por la fragmentación electoral con la que ella viene jugueteando.

El primero podría compararse a la dinámica que terminó generándose en las pasadas elecciones andaluzas: una mayoría absoluta del PP. No parece lo más probable en estos momentos, pero tampoco es imposible del todo. Veamos…

Foto: La exdiputada de Vox, Macarena Olona; y el líder de la formación, Santiago Abascal. (EFE/Álvaro Cabrera)

Muchos factores tendrían que darse simultáneamente para que el Partido Popular volviese a obtener 11 millones de votos como ocurrió en 2011: la situación económica tendría que empeorar más de lo que ya está previsto (fuerte destrucción de empleo y seria subida del malestar social), el desgaste del Gobierno y de su presidente tendría que acentuarse todavía más (masiva inhibición del voto socialista) y la izquierda tendría que presentarse todavía más dividida (con Podemos y Yolanda sin solución de convivencia).

Además de todo lo anterior, Feijóo debería ser percibido durante la campaña electoral como una opción más segura y más deseable que en la actualidad y Vox tendría que llegar a la recta final en la zona de las estimaciones con altas turbulencias, en torno al 10%, donde cada décima perdida es un escaño menos.

Los 176 escaños que dan la mayoría absoluta al PP solo podrían darse en un escenario que hoy nos parece muy muy lejano.

Foto: Pedro Sánchez escucha la intervención de Alberto Núñez Feijóo, durante el pleno del Senado. (EFE/Fernando Alvarado)

El segundo escenario es algo más probable, aunque también distante. Haría falta que se cumpliesen bastantes de los requisitos anteriores, pero exigiendo un listón más bajo en las urnas: tras el recuento, Feijóo tendría que reunir 165/170 diputados y lograr después un par de sumas complejitas (con el PNV y con los diputados de la España Vaciada).

Atención a ese aspecto porque la fragmentación del sistema de partidos puede llevar a que la gobernabilidad de nuestro país pase a ser decidida por una especie de eco cantonalista. Teruel, León, Soria y ya veremos si alguna circunscripción más puede terminar decidiéndolo todo. Ya veremos.

Foto: El líder de Vox, Santiago Abascal. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)

El tercer escenario es el más plausible. Basta con que se reproduzcan en votos los números que vienen dando todas las encuestas desde el verano: una suma de PP y Vox igual o superior a los 176 escaños. Aquí es donde entra en juego la perturbación Olona.

Perturbación en el sentido marítimo que contempla el diccionario de la RAE: "Desviación que se produce en la dirección de la aguja magnética...".

Hasta hace unas semanas, el rumbo de la derecha permanecía fijo con estimaciones que llegaron a dar hasta más de una decena de los diputados necesarios para la mayoría. Sin embargo, aunque nadie contempla todavía que la suma no alcance, sí se ve en las encuestas que está disminuyendo el volumen de los sumandos hasta dejarlos prácticamente raspados en la cifra mágica. Es lo que dan los últimos sondeos.

Y no es porque el Partido Popular esté cayendo significativamente, sino porque hay otros dos factores que están operando. Por un lado, disminuye la distancia entre el PP y el PSOE porque los socialistas están mejorando en un par aproximado de puntos, y esa distancia condiciona la distribución de puestos en el arco parlamentario. Y, por el otro, decrece Vox, un partido de naturaleza euforizante que no puede evitar la impresión de haber caído en la depresión.

Foto: Abascal y Feijóo, en el desfile del 12 de Octubre. (EFE/Rodrigo Jiménez)

Es normal que el abatimiento termine llegando a los nuevos partidos. Sucedió antes con Podemos y pasó también con Ciudadanos. Las siglas repentinas suelen vivir un largo periodo de gracia en el que casi nada desgasta, los errores se perdonan casi siempre y casi nunca se deja de subir y subir. El tirón del efecto novedad es grande.

Tan grande que aproximadamente puede decirse que dura un ciclo electoral completo. Y entonces para. A partir de ahí ya comienzan los problemas, ya empieza a notarse la endeblez de algunos materiales importantes. Ese margen de gracia ya ha quedado atrás para el partido de Abascal: empezó con las urnas andaluzas de 2018 y terminó con las de 2022.

Los resultados electorales decepcionantes son siempre difíciles de digerir en cualquier formación política. La diferencia está en que los partidos clásicos tienen espinazo y los nuevos no, por eso el dictado de los andaluces fue tan grave para los de Abascal desde el día después de las elecciones. La cuestión es que, además, ha devenido en crítico por todos y cada uno de los movimientos llevados a cabo por Olona.

Foto: Santiago Abascal y Macarena Olona, en la noche electoral de las andaluzas. (EFE/Raúl Caro) Opinión

Macarena ha hecho más daño a Vox que Feijóo y desde luego que Sánchez, que no se ha cansado de alimentar a la extrema derecha como en su día hizo Rajoy en con la extrema izquierda.

Hagamos un compendio de lo ocurrido desde mayo. Ella ha tratado de erosionar la imagen de su antiguo líder, ha hecho todo lo posible por desatar una crisis interna que finalmente ha estallado y se ha presentado ante la opinión pública como la única guardiana de las esencias del partido al que antes perteneció. Todo ello con una campaña de comunicación medida al milímetro y disciplinadamente ejecutada. Aquí hay un guion.

Y, donde hay un guion…, siempre termina habiendo una estrategia. Probablemente, no sabremos nunca qué tipo de relación existe entre el interés nacional que Macarena Olona dice defender y Panamá (ni qué interés parcial podría haber por detrás). Pero parece que dentro de unos días sí podremos saber qué tipo de forma toma el proyecto político que ella pondrá en marcha.

Foto: Macarena Olona, en Sevilla, antes de dar una conferencia en el Hotel Alfonso XIII. (EFE/José Manuel Vidal)

Mi tesis es que el mercado electoral está apretado tanto a un lado como al otro y que los votantes de derechas están mayoritariamente escarmentados con la fragmentación política en su espectro. ¿Cuántos no? ¿Cuántos podrían tomar la decisión de voto en términos distintos de los racionales?

No puedo medirlo con precisión, pero estoy convencido de que hay una capa sentimental en la derecha española dispuesta a votar contra los intereses que dice defender, a cambio de conservar una especie de pureza que no logro entender. ¿De cuántas personas estamos hablando? ¿Un 3%? ¿Un 5? ¿Un 8? Suficientes para que Sánchez siga gobernando, eso seguro.

Supongo que los votantes conservadores más avispados deben andar fumando en pipa con lo de Olona. No hace falta hacer muchos números para llegar a la conclusión de que sus movimientos están beneficiando al adversario más que perjudicándole.

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